Jueves, 14 Marzo 2019 00:00

Freezado el “Plan V”, Vidal se para frente a una elección que asoma complicada - Por Mariano Pérez de Eulate

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En la mesa chica del vidalismo quedó un cierto sabor amargo después de la incursión de Mauricio Macri en La Plata, el lunes a la mañana, y luego en un encuentro nacional del PRO, en los que básicamente buscó dejar en claro que la principal orden que bajará desde ahora a todos los niveles del oficialismo es trabajar para su propia reelección.

 

Por volumen electoral, la provincia de Buenos Aires es la clave central de esa estrategia nacional reeleccionista pero cerca de la gobernadora sienten que a ella le piden muchísimo, acaso algo imposible: remontar la muy mala imagen del gobierno nacional en el Conurbano y convertir esa realidad adversa en votos favorables a Cambiemos.

La irrupción de Macri vino a sepultar -al menos por ahora- el llamado “Plan V”, una teoría que manejaban sectores del oficialismo provincial según la cual Vidal terminaría siendo la candidata presidencial del espacio ante la imposibilidad de Macri de mejorar su imagen e intención de voto en el Conurbano, donde vota algo así como el el 35% del país.

Aquel sabor amargo antes mencionado no sería por la supuesta caída de la tesis de Vidal presidenciable -algo que ella siempre negó- sino porque, se reitera, impera la sensación de que se le pide a la gobernadora una tarea titánica. Intramuros, se asiste al temor de que el oficialismo pierda la Provincia en octubre justamente por el “efecto ancla” que genera, hasta ahora, el Presidente.

Para revertir esto, hay expectativa en el ministerio de Economía bonaerense respecto a que Macri cumpla la promesa de que en este año electoral el gobierno nacional acompañará “cómo nunca antes” a la gestión provincial. Traducido: que enviará las suficientes partidas para compensar la pérdida de fondos que Vidal debió aceptar cuando se resignó a hacerse cargo de los gastos por los subsidios a la energía y al transporte, que antes pagaba la Nación y ahora abona la Provincia.

Fue una parrafada de Macri en la reunión de gabinete ampliado, que la gobernadora anotó en la columna de promesas imprescindibles.

Para ser claros: la sensación que hay en muchos despachos oficiales, y que jamás será admitida en público, es que Vidal sólo podría conseguir la reelección si en la cabeza de su boleta no estuviera Macri. Una ilusión que duró hasta que el propio Presidente la aniquiló cuando mandó a desarmar la estrategia provincial de desdoblar las elecciones nacionales de la bonaerense, que tenía mucho plafón entre los intendentes del oficialismo.

Quienes, por cierto, también están en un aprieto: cuando miden sus propias gestiones obtienen adhesiones más o menos respetables, pero cuando se miden con Macri en la boleta pierden votos locales. Destinado a ellos también fue el pedido que hizo el lunes el Presidente respecto a que todos debían alinearse detrás de la idea madre de la campaña: su reelección.

Un intendente importante de Cambiemos recibió la instrucción de que debe trabajar para que en su distrito el oficialismo obtenga, en sus tres niveles, algo así como el 50% de los votos de octubre. El problema para ese jefe comunal es que en su ciudad, afectada como todas por el tarifazo y el parate económico, Macri no pasa del 25 % de imagen positiva.

Y el otro factor de preocupación para el oficialismo provincial es la eventual candidatura presidencial de Roberto Lavagna. Creen en Cambiemos que será en Buenos Aires donde el ex ministro de Economía tendrá su principal bastión electoral. “Es el recipiente donde van todos los enojados con nosotros”, medita ante este diario un hombre del vidalismo.

En números, y siempre según la lógica PRO ultra reservada, esos enojados podrían llegar a un 10% del electorado que en 2015 supo cosechar Cambiemos. Gente que no votaría a Cristina Kirchner, pero tampoco le daría otra chance a Macri y a Vidal.

Por eso, y en base a la hipótesis de que Lavagna se postule (algo no confirmado aún por él), a los estrategas de Vidal los inquieta el nombre de quien sería el candidato a gobernador del economista. La peor fórmula que imaginan es que Sergio Massa acepte ir contra Vidal. En especial porque ven que el líder del Frente Renovador arranca de una posición muy competitiva por su alto nivel de conocimiento y por los votos que obtuvo en elecciones anteriores.

Pero quienes conocen al de Tigre aseguran que es difícil que Massa acepte ir por la gobernación, porque todo su proyecto político se basa en la pelea por la Presidencia. Y porque cree que, a tres meses del plazo para anotar candidaturas, Lavagna finalmente no será postulante presidencial y que entonces él podrá reclamar una Primaria Abierta en el espacio conocido como Alternativa Federal, para la que se tiene mucha fe. Pero tres meses puede ser mucho tiempo en política. Massa debería advertir, cuenta gente que lo frecuenta, que muchos dirigentes bonaerenses del Frente Renovador parecen abandonar ese redil para mudarse al espacio de masa crítica opositora que en la Provincia viene cayendo seducida por la figura de Lavagna, cuyas acciones parecen ir en ascenso -dentro y fuera del llamado “círculo rojo”- como una alternativa superadora de la grieta que atraviesa a la Argentina desde hace una década.

Mariano Pérez de Eulate
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