Jueves, 14 Marzo 2019 00:00

El factor Lavagna - Por Carlos Fara

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Más allá del almuerzo con Tinelli, sus propias declaraciones y la intensidad del operativo clamor, lo más importante con el ex ministro de economía está sucediendo en otra parte: la opinión pública.

 

En los últimos 30 días he estado haciendo grupos focales en varios lugares del país y uno de los elementos más notables es el crecimiento de la recepción a la figura de Lavagna. Como diría el refrán popular: cuando el río suena, aguas trae.

Parece extraño, pero entre los primeros, a principios de febrero, y los más recientes hay mucho más conocimiento entre los votantes comunes.

En primer lugar, existe un mayor registro de cara, y bastante identificación respecto al rol central que ocupó en el pasado en la salida de la crisis de 2001 / 2002.

En segundo término, los comentarios variaron del desconocimiento y la indiferencia a la una actitud bastante positiva.

Luego, se empieza a detectar una situación de cierta expectativa que le podría permitir al fundador de la consultora Ecolatina a predisponerse favorablemente a una eventual candidatura.

Por lo positivo se dice de él que parece serio, sensato, responsable, moderado, que sabe de economía.

Por lo negativo afloran las dudas sobre su edad (¿tendrá la energía suficiente para enfrentar “la silla eléctrica” que significa la presidencia en la Argentina?), su habilidad (¿sabrá manejarse en la jungla de la política?), y su hándicap (una cosa es haber sido buen ministro, y otra es ser presidente; popularmente se diría si “le da el piné”).

Quizá como fruto del desconocimiento profundo que aún posee, no surgen alusiones a su pertenencia partidaria / ideológica, ni si representa los intereses de tal o cual sector económico. Un rasgo clásico de la cultura política de los argentinos: a la hora de la crisis, predomina el pragmatismo. O como decía el Deng Xiaoping: “No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato” (ninguna alusión al apelativo popular hacia el presidente). Tampoco nadie hizo referencia a la famosa foto de Pinamar respecto a su look, lo cual también indica el tiempo que se pierde en debatir cuestiones que son absolutamente irrelevantes para la opinión pública.

Alguien podrá preferir los fríos números de una encuesta para evaluar la potencialidad de Lavagna. Sin embargo, cuando se quiere medir la imagen de una persona en profundidad, la metodología cualitativa es sin duda la mejor, ya que permite ver matices, actitudes, gestos, y sobre todo establecer un diálogo sobre la cuestión que lleva a los votantes a reflexionar sobre una determinada cuestión. La pasión cuantitativa por la “carrera de caballos” en una etapa prematura es una mala consejera a la hora de tomar decisiones.

A la hora de los postres, le pedimos a los entrevistados que antes de la levantarse de la mesa voten para presidente de forma secreta, ofreciéndoles una lista de candidatos.

  • Primer punto, el ex ministro se instala en la discusión de 3 (Macri, CFK y él).
  • Segundo, obtiene votos en casi todos los segmentos, con preferencia de los “NoNo” (no me gusta lo que está haciendo Macri, pero no quiero que vuelta Cristina), siendo una opción para los desencantados con el presidente.
  • Tercero, no capta votos K.
  • Cuarto, sigue siendo una opción más para el sector medio, y superior a los 40 años. Con los más jóvenes, los menos informados o los más despolitizados no tienen feeling.

En un escenario de bastante paridad entre Macri y Cristina por el momento, y teniendo en cuenta el estancamiento de otras alternativas, Lavagna aparece hoy como el único factor potencialmente desequilibrante del status quo.

Carlos Fara

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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