Viernes, 15 Marzo 2019 00:00

Informe y acto político guionado - Por Ricardo Kirschbaum

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En esencia, el juez Ramos Padilla repitió en la comisión de Libertad de Prensa lo que Cristina había dicho en el Senado.

 

La causa que tramita el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, tiene un acusado evidente, el abogado trucho Marcelo D’Alessio y por elevación a Carlos Stornelli, uno de los fiscales de la causa de los cuadernos, y por más elevación aún entorpecer esa causa a la que Cristina Kirchner pretende mitigar llamándola la causa de las fotocopias.

El trámite que el juez dio a la denuncia por extorsión contra D’Alesio es sugestivo. Antes de que tomara estado público, medio país ya estaba enterado. El juez amplió en los hechos la investigación de la denuncia de extorsión a una investigación de espionaje y quiso ventilar en la Comisión de Inteligencia contenidos del expediente en pleno proceso.

Como no pudo hacerlo ahí, lo hizo en la Comisión de Libertad de Prensa, que preside el ahora diputado K Leopoldo Moreau. En su momento, el ex dirigente radical justificó la agresión de la que fue objeto el periodista de TN Julio Bazán en diciembre pasado. Dijo que no fue víctima de los que lo agredieron, “sino del grupo en el que trabaja”, que es Clarín.

En esa comisión el juez no habló de libertad de expresión, sino de inteligencia, y el kirchnerismo aprovechó para atacar al fiscal y ahora a Elisa Carrió, porque D’Alessio envió un audio, supuestamente a una de las diputadas de su bancada.

El juez puso su celular ante el micrófono y pasó la conversación, inaugurando un nuevo estilo de investigación judicial de “una red de espionaje político judicial de magnitudes”. Quiso sugerir que tiene más para mostrar, pero en realidad repitió lo que Cristina Kirchner dijo días antes en el Senado: “Estamos ante un sistema muy perverso, de extrema gravedad constitucional e institucional”.

Como el juez habló en Libertad de Expresión y D’Alessio era fuente de varios periodistas, le bajó el tono al intento de incriminación, no sólo del periodista de Clarín Daniel Santoro, sino de otros varios colegas por el hecho de haber conversado con el acusado. Dijo: “Muchos periodistas pueden haber sido afectados en su buena fe y podían no tener conocimiento” y ser “víctimas de la organización”.

También dijo: “El caso que puede involucrar a un fiscal, no a uno solo, sino a varios, a un periodista, a un juez, es ínfimo” porque las andanzas de D’Alessio pueden perjudicar las relaciones con varios países. El párrafo parece periodístico. Advertido de que es juez, también dijo: “Quiero decirles que nunca creí que un fiscal de la Nación pudiera estar pidiendo dinero a quien decía públicamente que era agente de la DEA”.

Ramos Padilla no necesitó cambiar de Comisión para informar sobre la red de espionaje que anticipa ya tener probada. Fue Moreau el que le facilitó, de tal modo que el diputado Rossi pudiera completar la escenografía política. “Están usando los servicios de una organización paraestatal de inteligencia”, dijo, acusando a Carrió y a la diputada Olivetto, en una sesión que parecía totalmente guionada.

Lo cierto es que la causa de los cuadernos, o la de las fotocopias como dice Cristina, es ya en realidad la causa de los arrepentidos, cuyas declaraciones están en manos de Bonadio y no presagian más que nuevas complicaciones a la ex presidenta, que luego de declararse perseguida, viajó a Cuba, donde está su hija Florencia, con problemas de salud, también por perseguida.

Lo dijo en un video muy bien editado antes de embarcar, en la que se mostró muy preocupada por la salud de Florencia, y se sintió impelida a compartir esa inquietud urbi et orbi.

Ricardo Kirschbaum

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