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Domingo, 24 Marzo 2019 00:00

Vidal sufre con Macri - Por Eduardo van der Kooy

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Según los últimos datos, la gobernadora bonaerense necesitará un fuerte corte de boleta para lograr la reelección.

 

Se observa desde hace algunas semanas –cuando inauguró en el Congreso el período ordinario de sesiones- a un Mauricio Macri distinto. Mucho más en la cáscara que en el contenido. Ha desempolvado un estilo enérgico, con pinceladas intensas de furia. Emulando, tal vez, el pretendido perfil de un caudillo y no el de un dirigente lineal y moderado que siempre supo ser. Ni en sus ocho años como jefe de la Ciudad ni en los tres primeros de su presidencia filtró alguna vez la mutación de este tiempo.

Existen interrogantes neurales en torno a aquel cambio. ¿Obedece a una nueva estrategia para afrontar un año electoral inundado de adversidades? ¿Pretende irrumpir como un conductor implacable para dar garantías frente a las dudas de sus seguidores? ¿O reacciona, como lo está haciendo, producto de la desesperación que le estarían generando las señales de la realidad?

No puede haber una respuesta tajante. Aunque resulta posible combinar ciertas evidencias. Macri sigue sin exhibir ningún repunte en las encuestas. Al contrario, continúa goteando algún punto que, por su volumen, podría computarse dentro del margen de error que posee cualquier estudio de opinión pública. No habría respondido a una casualidad que el Presidente haya mostrado aquella máscara en plenarios que mantuvo con los gabinetes de María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. Son los bastiones de Cambiemos que también sufren más de la cuenta, a esta altura, por la ausencia de un repunte de Macri. En ese sufrimiento podrían computarse otro par de motivos. La persistencia de Cristina Fernández, un arma de doble filo. La irrupción en la escena de Roberto Lavagna que insinúa darle forma al espacio que el peronismo pretende edificar para ofrecerle a la Argentina alguna salida de la grieta.

El mayor problema radica en Buenos Aires. Con el triunfo de Vidal en ese distrito Macri dispuso en el 2015 del trampolín hacia la Casa Rosada. Dicho trampolín ahora no se visualiza. Las últimas mediciones oficiales señalan que Cristina le arrancaría al Presidente a siete meses de octubre entre 11 y 12 puntos de ventaja. La gobernadora estaría obligada a descontar esa ventaja para conservar el territorio principal. Una tarea, a simple vista homérica. Exigiría un corte de boletas que carece de antecedentes en Buenos Aires. Los milagros son difíciles de repetir. Vidal recortó siete puntos en 2015 debido a tres factores: la frescura de su personalidad; la novedad que en el plano nacional representaba Cambiemos; la presencia de Aníbal Fernández que Cristina plantó como adversario. Ninguno de esos factores pervive ahora, aunque la gobernadora continúa siendo la dirigente con mejor ponderación social del país.

En Buenos Aires, el oficialismo está alarmado por algunas constataciones. La Primera Sección electoral ha sido siempre la fortaleza de Cambiemos. Allí mantiene hoy supremacía sólo en Vicente López (intendente Jorge Macri) y San Isidro (intendente el radical Gustavo Posse). En el global, Cristina le sacaría 11 puntos de ventaja a Macri. Desolación para Vidal. La fotografía de la Tercera Sección (La Matanza) no puede sorprender. Allí la ex presidenta duplica los valores del Presidente. En el resto de la provincia Macri acumula una ventaja de tres puntos sobre Cristina. El balance arroja por ahora una derrota.

Pese a la adversidad la gobernadora conserva margen para dar la pelea. Porque se constata, a priori, una firme voluntad del electorado para practicar el corte de boleta. Tratar de conservarla como gobernadora. Al margen del destino que suponga la disputa presidencial. Vidal hace un recorrido vertical en la pirámide electoral. Retiene la totalidad de votos propios, barre con los independientes y, como sucedió en el 2015, se nutre también de adherentes a Sergio Massa. Incorporaría una novedad, según la última medición: también mordería en el espacio hipotético que lidera Lavagna. Se ignora quién puede ser su representante en Buenos Aires. El laboratorio indica, según aquella muestra, que casi uno de cada diez ciudadanos debería recurrir al corte de boleta para que Vidal consiga la reelección.

El trabajo toma como contendiente a Axel Kicillof. Es el predilecto de Cristina y el dirigente K que mejor mide. Incluso, que varios intendentes que poseen aspiraciones. Cambiemos continúa trabajando con un esquema único: que la ex presidenta será candidata. Parece una costumbre en la coalición oficialista, espoleada desde la Casa Rosada, abordar siempre cualquier desafío sin barajar más de una variante.

Vidal está molesta por el brete en que se encuentra. Como Rodríguez Larreta en la Ciudad. Pero son incapaces de hacerlo público por la consideración que tienen hacia Macri. Por idéntica razón, en especial la gobernadora, se sumieron en la estrategia de la unificación electoral. Pero los cabildeos no concluyen. Un ministro de Buenos Aires, con este paisaje a la vista, se animó a arriesgar: “Aún se puede esperar un poco. Si nada mejora el desdoblamiento en la provincia sería posible”. En su momento se adujo que hacerlo podía ser interpretado como signo de debilidad. Hacerlo en el último minuto acentuaría esa impresión.

Tampoco se comprende del todo el derrotero de Macri y de su equipo. Nicolás Dujovne, el ministro de Hacienda, anunció la salida de la recesión y el comienzo de la creación de empleo. La misma semana que el INDEC divulgó los índices crecientes de desempleo. Dos puntos en 2018 (de 7,2% a 9,1%) y otra pizca en el último trimestre. Con una caída del 2,5% del PBI. La realidad en Buenos Aires le concede la razón al Indec. El Presidente acusó de facilistas a aquellos que proponen salir de la crisis con crecimiento. Nadie deja la impresión de tener otros matices, al margen del disgusto.

Menos sencillo resulta entender el empeño de Macri y de Marcos Peña, el jefe de Gabinete, por criticar a Lavagna y colocarlo casi como centro de gravedad en el teatro electoral. La posibilidad de Alternativa Federal, que fogonea el peronismo no K, se afinca sobre todo en el territorio de los desencantados que provienen del macrismo y no de Cristina. A aquella tercera opción, por otro lado, le resta mucho aún para madurar.

Lavagna, según un trabajo de la consultora ARESCO, ha crecido cinco puntos entre febrero y marzo. Está claramente por encima de Massa, Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto. El ex ministro de Economía permanece convencido de que su postulación debería nacer por consenso. Sin el trajinar que representa una interna. Supuso que Juan Schiaretti iba a ser, en ese sentido, contemplativo. Pero el gobernador de Córdoba se aferró a la necesidad de una competición. Es lo que reclaman, en general, los mandatarios del PJ.

El dilema es, en verdad, el líder del Frente Renovador. Quiere dar batalla. Es objetivamente el único que estaría en condiciones de comprometer a Lavagna. Porque posee un módico armado nacional, con base en Buenos Aires, capaz de influir en las PASO. Esa moneda tiene otra cara: Massa no mejora en ninguna de las mediciones. Tiende a decaer. Su tenacidad podría hacer peligrar el encomio del ex ministro de Economía con la presente aventura.

El pejotismo no desea que eso suceda: “Sergio debe entender el beneficio para el conjunto”, explicó un gobernador prominente. ¿Qué significaría? Que debiera dejar pasar el 2019 y pensar en el 2023. Le sobra juventud. Su aporte tendría que consistir en el respaldo a Lavagna, cuyo hipotético período no podría extenderse más de cuatro años. Massa recibe presiones y emisarios. La ambición de la tercera vía posee otras ramificaciones. Al espacio fue convocado también Martín Lousteau. El ex embajador en Washington que planteó la posibilidad de un desafío a Macri en las PASO. El también ex ministro de Economía tuvo ya un encuentro cumbre. Su destino sería disputarle la Ciudad a Rodríguez Larreta amparado en la candidatura presidencial de Lavagna.

La presunta consolidación de Alternativa Federal también representa un incordio para Cristina. La ex presidenta sigue siendo la candidata más importante del denominado progresismo. Pero su tercio consolidado de ninguna manera le alcanzaría para ganar. Una derrota no sería tan letal para su futuro político como para porvenir personal: acumula diez procesamientos y cinco pedidos de prisión preventiva por causas de corrupción.

El plan de la ex presidenta, antes de la decisión de su candidatura, contempla dos pasos clave. Lograr la nueva postergación del juicio oral y público de mayo (que debió comenzar en enero) por la derivación de fondos públicos para beneficiar a Lázaro Báez con la obra pública. Tiene la colaboración ¿involuntaria? de sectores de la Justicia. El primer aplazamiento ocurrió por el fallecimiento del juez Jorge Tassara, del Tribunal Oral Federal 2. Debió sortearse su reemplazante. Pero la jueza Adriana Palliotti declinó la designación. Adujo “exceso de trabajo”. El asunto está en veremos.

El otro objetivo apunta a tumbar la causa de los “cuadernos de las coimas” que sustancia Claudio Bonadio. El fiscal Carlos Stornelli está en la picota por imprudencias propias y la funcionalidad del juez de Dolores, Alejo Ramos Padilla, que lo responsabiliza de formar parte de un sistema de espionaje. Lo citó tres veces a declarar. Aquella causa no caerá por ese motivo. Aunque muchas de las revelaciones de ese mundo cloacal, con el falso abogado Marcelo D’Alessio como estrella, acarrearán impensadas consecuencias en la política.

El kirchnerismo de nuevo quedará embretado. Pero el macrismo y otros socios de Cambiemos, quizás, también deban poner sus barbas en remojo.

Eduardo van der Kooy

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