Miércoles, 27 Marzo 2019 00:00

Golpe judicial al corazón de Cristina Kirchner - Por Eduardo van der Kooy

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La inquietud principal de la ex presidenta es ahora su hija Florencia, cuya vuelta al país apura la Justicia. Ella no tiene fueros.

 

La batalla judicial está comenzando a condicionar severamente el plan electoral de Cristina Fernández. Pareciera no tratarse de una novedad en una dirigente que acumula diez procesamientos y cinco pedidos de prisión preventiva por causas de corrupción en ejercicio del poder. Pero existen detalles que van adquiriendo otra dimensión. Que encajonan a la familia Kirchner y echan sombras sobre la candidatura de la ex presidenta. La inquietud principal se llama ahora Florencia, la hija menor, circunstancialmente en La Habana a raíz de una enfermedad que la habría sorprendido durante el segundo viaje a Cuba en pocos meses.

Florencia está implicada en dos causas del grupo familiar. Como presunta integrante de una asociación ilícita. Se trata de Los Sauces y Hotesur. Ambas con un denominador común: las sospechas por lavado de dinero con las coimas pagadas por los empresarios K Lázaro Báez y Cristóbal López. En el caso de Los Sauces, el Tribunal Oral Federal 5, que debe llevar adelante el juicio, desestimó este martes el pedido de la hija de Cristina, a través del abogado defensor Carlos Beraldi, de permanecer otros 45 días en la isla caribeña para el tratamiento que requeriría su trastorno.

Los jueces Adriana Palliotti (que se excusó de integrar el Tribunal que el 21 de mayo debe comenzar con el juicio público a Cristina por el desvío de fondos públicos en beneficio de Báez) y Daniel Obligado decidieron conceder a Florencia una extensión de sólo 15 días. También exigió conocer el domicilio donde reside la joven cineasta en La Habana. Amén de un nuevo certificado médico “que detalle pormenorizadamente el diagnóstico” sobre su enfermedad. En el plazo de una semana. El núcleo del problema sería un linfedema, acumulación de líquido en las piernas que provoca dolores. Un malestar que sería estimulado también por cuestiones psicológicas.

El análisis del TOF5 antes de adoptar aquella decisión recorrió dos planos. El científico y el político. Cuatro médicos especialistas analizaron el informe técnico que remitieron los facultativos cubanos. A todos ellos le quedaron infinidad de incertidumbres. Un abuso de tecnicismo en el parte que no ayudaría a aclarar la gravedad del problema ni su tratamiento aconsejado. Los jueces también solicitaron que Florencia se presente ante ese Tribunal 48 horas después que regrese al país, de acuerdo con los nuevos límites establecidos.

El TOF5 también habría realizado algunos pedidos puntuales de aclaración a través del embajador argentino en La Habana. Las respuestas diplomáticas no se habrían apartado nada de lo explicado por los médicos cubanos. El funcionario es allá un viejo militante K (Javier Figueroa) designado allí por Cristina antes de abandonar el país. El macrismo lo ratificó en su cargo. Descuidos.

El contexto tampoco fue pasado por alto. Entre varias cosas, el video con la palabra de la ex presidenta que responsabilizó a la presunta persecución judicial por los males de la salud de su hija. Tampoco su visita a La Habana, donde además de ocuparse de Florencia contó con tiempo suficiente para actividades políticas. Pudo haberlas realizado quizá con discreción. Primero se vio con el secretario del Partido Comunista, Raúl Castro (hermano y heredero de Fidel). Después con el presidente Miguel Díaz Canel. Ambos encuentros fueron difundidos por la prensa oficial cubana.

Los interrogantes, con ese panorama a la vista, surgirían con naturalidad. ¿Persigue Cristina una protección política para Florencia? ¿Intenta instalar el caso en una escena mucho más amplia que la doméstica? ¿Cumplirá la cineasta con las nuevas normas que impuso el TOF5? Habrá que aguardar pronto algún otro gesto defensivo de Beraldi. Cuba parece un lugar propicio para resistir mientras se desarrolla la batalla judicial.

Florencia, a diferencia de su madre y de su hermano, el diputado Máximo Kirchner, permanece a la intemperie ante el avance de la Justicia. En Los Sauces y Hotesur, al igual que su familia, está procesada y embargada. Frente al eventual dictado de una prisión preventiva no tendría salvación. Cristina y Máximo, en cambio, poseen el pertrecho de sus fueros parlamentarios.

Dicho beneficio -y la flojera judicial- le permitieron a la ex presidenta gozar de privilegios sorprendentes. Sólo debió notificar su viaje a La Habana. No posee ninguna otra exigencia (permiso para salir del país) pese a que es la dirigente política nacional sobre quien pesa la mayor cantidad de acusaciones por corrupción.

La enfermedad de Florencia y los vaivenes que habrá que aguardar en este episodio se inscribirían en la estrategia defensiva general. En esta instancia, en medio de la campaña electoral y definición de candidaturas y alianzas, apuntaría sólo a ganar tiempo. Cualquier retraso aliviaría a su hija y a ella misma. Le preocupa muchísimo a Cristina afrontar un juicio oral y público en un tramo crucial del proselitismo. Rodeada, con seguridad, de figuras que se han ganado con creces la condena social. Que además detesta. Báez y Julio De Vido, por caso. Ambos encarcelados ahora.

Al margen de Florencia, la otra cuestión que desvela a la ex mandataria se vincula con el escándalo de los cuadernos de las coimas. Allí se puede advertir también una maniobra dilatoria. Difícilmente pueda aspirar a otra cosa (que la investigación sea declarada nula) salvo que el ecosistema político-judicial mute radicalmente con las elecciones de octubre. Así y todo, estaría por verse. El debilitamiento objetivo de uno de los fiscales de la causa, Carlos Stornelli, producto también de sus errores, podría verse compensado por las declaraciones de un testigo fundamental al que Bonadio exprimió conocimiento: Víctor Manzanares, el contador histórico de la familia Kirchner. Convertido en arrepentido.

Stornelli no se presentó a declarar este martes, por cuarta vez, ante el juez de Dolores Alejo Ramos Padilla. Este lo responsabiliza de pertenecer a un sistema de espionaje fogoneado por el falso abogado Marcelo D'Alessio. Asegura que obtuvo de ese submundo de topos información que utilizó en la causa de los cuadernos de las coimas. El comportamiento de Ramos Padilla también está contaminado por la grieta política. Mauricio Macri tuvo la pésima idea de solicitar su enjuiciamiento al Consejo de la Magistratura. El kirchnerismo salió a defenderlo en masa: hasta con una nutrida marcha, la semana pasada, frente a los Tribunales.

La acusación contra Stornelli tiene otros condimentos. Como querellantes en su contra aparecen Ricardo Echegaray, el ex titular de la AFIP K, y Roberto Baratta, mano derecha de De Vido, también preso. Ramos Padilla podría declarar en rebeldía a Stornelli. Comprometería seriamente al fiscal en la causa de los cuadernos que comparte con Carlos Rívolo.

El juez de Dolores demuestra astucia para sortear obstáculos. Hace más de un mes el abogado defensor del fiscal, Roberto Ribas, planteó su incompetencia para entender en el caso. La moción fue respaldada por el fiscal de aquella ciudad, Juan Pablo Curi. Pero Ramos Padilla nunca se ocupó de responder la objeción. De hacerlo, con seguridad en forma negativa, llegaría la apelación. Intervendría entonces la Cámara Federal de Mar del Plata para dilucidar el conflicto. Un riesgo que, al parecer, el magistrado no desea correr. Para que el expediente no escape de sus manos y recale en Comodoro Py.


Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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