Jueves, 28 Marzo 2019 00:00

La inestabilidad del dólar va de la mano con la incertidumbre política - Por Mariano Spezzapria

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El senador de la Nación comentó, con modos algo pomposos: “Hay dos cosas que me juré no hacer jamás en la vida. La primera es comprar dólares; la segunda es tener otro pasaporte además del argentino”. Pero la declaración de principios se desdibujó pocos segundos después, cuando el legislador –miembro del interbloque de Cambiemos- ingresó desde su teléfono celular al portal del diario El Cronista para chequear “una tablita de cotizaciones que siempre publican”, según explicó.

 

La anécdota refleja el clima de desconcierto que se extiende entre la dirigencia –en especial la oficialista- frente a las subas récord del dólar, que ayer rozó los 45 pesos. Y cuyas oscilaciones tienen en vilo a buena parte de la sociedad. La pregunta que se generaliza frente a este cuadro complejo podría sintetizarse así: ¿Está realmente el Gobierno en control de la situación? Cuando saca la vista del celular, el senador reflexiona: “Creo que Macri necesita unas semanas de paz”.

Al Presidente –estimó este legislador en la antesala del informe del jefe de Gabinete en el Senado- se lo nota agobiado, ya no sólo por el peso de tener que gobernar un país peculiar como la Argentina, ni tampoco por la inminencia de la campaña electoral, sino específicamente porque la economía no le da dos días consecutivos de respiro. “Somos conscientes del impacto de la crisis”, afirmó, con una dosis de realismo, minutos más tarde Marcos Peña en el recinto de la Cámara alta.

Pero lo cierto es que la exposición del funcionario a quien se considera como la mano derecha de Macri, su alter ego en la Casa Rosada, no alcanzó para disipar las dudas de los propios. De hecho, antes de su discurso público había estado reunido con los miembros del bloque oficialista, ante quienes reconoció que “la inestabilidad financiera va a continuar”, pero agregó en tono preelectoral: “Es tan alto el rechazo de la sociedad a Cristina, que nos va a garantizar el triunfo”.

Justamente la conjunción de ambas variables, la economía en crisis y la política sin garantías de continuidad para Cambiemos, provoca que una sensación que Peña definió ante los senadores –también frente a los opositores- como un incremento del “riesgo del país”, entendido como las prevenciones que despierta la Argentina ante el mundo por haber tenido ocho defaults a lo largo de la historia, una recesión cada tres años y enormes problemas por su déficit fiscal crónico.

Pero hay otros motivos que acentúan la sensación de que al Gobierno no atraviesa por un buen momento. Los constantes fallos de la Corte Suprema de Justicia en contra de los intereses fiscales del Tesoro –el más reciente de ellos, el que exceptúa de pagar Ganancias a las jubilaciones más altas- y las disputas internas en el tribunal, que recortan el poder de Carlos Rosenkrantz, tampoco contribuyen a fortalecer la imagen de la gestión gubernamental ni la del presidente Macri.

A esto debe agregarse otro elemento preocupante: la salida a la superficie del submundo del espionaje, lo que expresa algún grado de descomposición porque se traspasan barreras que, en momentos de mayor fortaleza del poder, se hacen infranqueables. El litigio abierto entre el fiscal Carlos Stornelli y el juez Alejo Ramos Padilla –con el falso abogado Marcelo D´Alessio en medio- muestra los hilos que conectan al Poder Judicial y a la política con los servicios de inteligencia.

Ese submundo es tan turbio que puede generar desconfianzas incluso entre miembros de una misma fuerza política. En la Gobernación no se esmeraron en ocultar el enojo que provocó a María Eugenia Vidal la constatación de que espiaron su vida privada. La propia mandataria le planteó su indignación al presidente Macri, con el alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta como testigo. La inteligencia depende del Poder Ejecutivo, más allá de que D´Alessio no es reconocido por la AFI.

En medio de estos desencuentros, resurgieron trascendidos de desdoblamiento electoral en la Provincia, una posibilidad que ya fue rechazada en Cambiemos. Y que en la Casa Rosada no quieren escuchar ni a modo de versión. En la mesa chica del Gobierno siguen apostando todas las fichas a enfrentar a Cristina en las próximas elecciones, pese a que esa receta ya comprobada está llamada a alterar los nervios políticos y económicos de un país en estado de vulnerabilidad.

Mariano Spezzapria
Twitter: @mspezzapria

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