Domingo, 14 Abril 2019 00:00

El secreto es el refugio de los débiles - Por Ignacio Zuleta

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En voz baja. El presidente Mauricio Macri está preparando el anuncio de unas 20 medidas contra la inflación. Los radicales Jesús Rodríguez, porteño, y Lisandro Nieri, mendocino, estuvieron trabajando en el paquete.

 

El secreto es el refugio de los débiles. Eso sume en el sigilo los movimientos del oficialismo y de la oposición. Mauricio Macri prepara el escenario para anuncios que confía le cambiarán el destino. Los peronistas federales lacran el debate ácido entre Roberto Lavagna y Sergio Massa, que estalló en una parrilla de Palermo y que puede dinamitar el intento de los gobernadores de interceptar la fuerza del cristinismo como contrincante principal de Cambiemos. La debilidad de este club de minorías que es la política criolla agrega otros factores de riesgo.

El presidente debió enfrentar tres intentos de renuncia del virtual ministro de Trabajo en diez días. Sabe que el conflicto con el planeta sindical estuvo en los enredos que llevaron al cataclismo de gobiernos anteriores. También que lo último que necesita en estas horas es una crisis de Gabinete. Macri se hizo en la administración, como un gobernante que no hace cambios de nombres con facilidad. Su aprendizaje, después de doce años de prosperidad — jefe de Gobierno de la CABA, presidente —, le impone ahora la tarea de gobernar en una crisis de prestigio y de liquidez que son como la risa y llanto, los dos materiales que forman su canto (y el de todo político). Los desaires de esa corporación atacan esos dos frentes.

El desaire de los jefes sindicales que conversaron con Dante Sica antes del envío del proyecto de blanqueo al Senado esmerila la relación. Dejaron pagando al Gobierno, y su valedor en el peronismo que es Miguel Pichetto. Dicen ahora que es inviable un debate sobre esa reforma en medio de una campaña electoral. También se declaran insatisfechos por el decreto de suelta de fondos para las obras sociales, que en su mirada es apenas el comienzo de un largo trámite, que le va a servir al Gobierno para regular, en su beneficio, la relación hasta las elecciones. Se cobran los muchachos el mandoble que fue la salida de Jorge Triaca, que Macri precipitó para castigarlos con la partida de un ministro amigo. Dolorosa decisión, porque Triaca era uno de los cerebros del mejor Macri, el que gobernó hasta 2017. Otro episodio en ese duro aprendizaje que termina recién cuando te has ido.

Último intento de paz sindical, a las apuradas y con más sigilo

También en secreto, Sica intentó en la mañana del jueves hacer las paces con una visita a la sede de UPCN, antes de una aparición pública de todos en el acto de la OIT en la Usina del Arte, que podía terminar en una trifulca. Los anfitriones —Héctor Daer, Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez, Armando Cavalieri — se quejaron de que les quieren cambiar la ley de contrato de trabajo, dinamitando el sistema de multas a empresas que negrean empleo. Pero los enoja más que trapicheasen con los senadores, cambiando la integración de la comisión de Trabajo para tener quórum y mostrarle al FMI un acuerdo político en el Senado que reforzase la debilidad del oficialismo en ese terreno.

Los gremialistas esperan un segundo round el martes en el Senado, pero quieren ver antes la letra chica de un proyecto sobre cuya suerte nadie da mucho. Tampoco le van a regalar nada al Gobierno en las horas previas a los anuncios de campaña del miércoles. Y menos una señal política que acerque oxígeno.

Un dilema clásico: la gobernabilidad conspira con la gestión, y viceversa

El clima de la campaña impone los intereses de la gobernabilidad por sobre la gestión. El servidor público cobra su sueldo por gestionar, pero con la condición previa de tener asegurada su gobernabilidad, presente y futura. La pelea por la gobernabilidad enloquece a los protagonistas que avanzan en la medida en que el paso del tiempo hasta las elecciones debilita los ánimos y baja las defensas.

Los jefes son presa fácil de los gurúes y encantadores de serpientes que capturan su confianza y les venden fantasías con un corto plazo de vencimiento. Las recetas que entran y salen del área presidencial, por ejemplo, duran menos de 24 horas hasta que el vértice las descarta para poner en su lugar nuevas recomendaciones. El debate clásico del momento es si la salvación del Gobierno —es decir, la reelección de Mauricio Macri— depende de un marketing eficiente, o si esa espuma que es el proselitismo de ocasión, que se agota en la táctica, se desvanece ante la fuerza de una estrategia firme.

Por ahora dominan en el ánimo del presidente las recetas proselitistas, los anuncios de medidas que le acercan para dar vuelta en favor del oficialismo las posibilidades de triunfo. ¿Sirven de algo cuando faltan poco más de dos meses y medio para anotar a los candidatos de las PASO del 11 de agosto?

¿Un desafío grande para un espacio tan chico?

Bajo los techos dorados reina la duda. Visitantes frecuentes del presidente, como Martín Lousteau, entienden que la mejora del perfil no vendrá de recetas sobre la economía sino de la política. La especulación es solvente: ¿le va a creer el público al Gobierno que podrá cumplir el paquete de medidas que anunciará Macri el miércoles, cuando prometió antes tantas cosas que el Gobierno no pudo cumplir? La eficacia de este rumbo no depende de la solidez de esas medidas, sino del momento cuando se emprenden, tan cerca de las elecciones, que contaminan de proselitismo cualquier gesto.

Más todavía: ¿está convencido Macri de emprender acciones que no le gustan y que debilitan la firmeza con la cual sostiene la necesidad de cumplir con las metas de esa panacea, que es la regla fiscal del déficit cero? Macri está en modo peña, no Marcos, sino en el sentido de tertulia. Realista y preguntón, hizo coincidir a Lousteau con el presidente de YPF Miguel Gutiérrez. Tolera en esas rondas de café con interminables visitantes como Mario Quintana, que le digan “No podés ser Bolsonaro” o “Es la política, tontuelo”.

Esa reivindicación de una estrategia política, previa a cualquier decisión económica, acerca a un Lousteau con el sector acuerdista de la línea Monzó-Frigerio-Massot, que sostiene que hay que ampliar el arco de Cambiemos ahora y pactar con sectores amigos de la oposición decisiones que hará falta tomar — en el caso de reelegir— después del 10 de diciembre. Para emprender las reformas que pueden salvar un segundo mandato de Macri, hay que formar mayoría ahora y no después de las elecciones. Algo así como que el desafío es demasiado grande para un espacio tan chico. Lousteau no suele hablar de esto en público, pero sí lo hace Massot.

El jefe del bloque del Pro en Diputados cerró la sesión del jueves con un discurso extravagante de defensa de la necesidad de superar la situación de minoría del Gobierno ampliando el corralito del oficialismo. Lo escuchaba Marcos Peña, detractor del ala acuerdista, que había ido a la sesión del jueves a dar el informe de rutina ante la cámara. “Las mayorías que no nos dan las urnas las debemos tejer entre nosotros. Lo que no nos brindan las urnas nos lo debe dar la política”, dijo en un cierre del debate, que se pareció bastante a una interpelación al Ejecutivo por parte de una de sus espadas legislativas. Novedoso esto de que el oficialismo interpele al oficialismo.

La obsesión por el secretismo y la sorpresa

Cuando al político se le mueve el piso, suele creer que tiene que explotar el secreto y la sorpresa, que es lo que impone el clima en la Casa Rosada, a la que entran y salen con cara de póker amigos de todos los rangos. Desde el vértice se estableció un circuito simplificado: las relaciones con los socios de Cambiemos se concentran en la mesa de los gobernadores —los cinco, sumados Larreta y Vidal—.

Para escuchar a los radicales se establece un filtro que es la intermediación de hombres de confianza como Ernesto Sanz, Jesús Rodríguez o Enrique Nosiglia, que trafican con Peña propuestas e iniciativas para mejorar la tendencia a la endogamia de los macristas de paladar negro. Rodríguez, además, es la instancia de revisión de las propuestas de los gobernadores de su partido. Comparte ese rol con el ministro de gobierno de Mendoza, el economista Lisandro Nieri.

La reunión del jueves de Peña con los cinco mandatarios del oficialismo fue precedida de otra de funcionarios de las segundas líneas del ANSeS, AFIP y algunos ministerios, en la que Nieri presentó su batería de propuestas. El secretismo del Gobierno oculta los detalles de ese encuentro previo, donde se decidieron la veintena de medidas que anunciará Macri el miércoles. La consigna es mantener el secreto para que funcione el efecto sorpresa en el público ese día. Los anuncios vendrán en degradé: el lunes será el anuncio de inflación, que será malo; el martes habrá una rueda de prensa en la que Nicolás Dujovne expondrá detalles del grado de cumplimiento del programa con el FMI.

Ignacio Zuleta

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