Miércoles, 17 Abril 2019 00:00

Mauricio Macri y su dramática carrera contra reloj - Por Eduardo van der Kooy

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Vidal arregló el conflicto docente. Rodríguez Larreta abrió Corrientes peatonal. Pero la inflación lo opaca todo.

 

"Abril, quizás, esté perdido. Si en mayo no empieza a verificarse una baja a la inflación estaremos fritos”. El comentario lo deslizó con pesadumbre uno de los pocos ministros con densidad en el gobierno de Mauricio Macri. Sucedió a poco de blanquearse el 4,7% en el alza de precios que el Indec comunicó sobre marzo. Acumula 11,8% en lo que va del año. Un 54,7% en los últimos doce meses. La mala novedad era esperada. Pero de todas formas impactó con profundidad.

Aquel cálculo, bien estrecho, demuestra el margen político que se le continúa consumiendo a Cambiemos. El índice de mayo recién se conocerá en junio. El 22 de ese mes cerrarán las listas de los precandidatos para las PASO de agosto. El Presidente, con viento a favor, dispondrá de dos meses y pico para intentar revertir las expectativas sociales que están en un tobogán desde hace un año. Cuando los movimientos de los mercados obligaron a enterrar el gradualismo.

Si todo funcionara según aquellas conjeturas, Macri tendría otro par de meses hasta la votación de octubre. Y treinta días adicionales si se termina ubicando en la grilla para el balotaje de noviembre. Ese recorrido sólo debería estar regado por noticias económicas que estimulen la esperanza popular. Un milagro para la precarísima realidad de la Argentina. De la cual depende la reelección presidencial.

Amenazado por ese panorama, el Gobierno parece haber entrado en un tiempo de urgencias e improvisaciones. Algo se nota: el relato hace agua por los cuatro costados. El Presidente resultó previsor y ordenó el programa. Se anticipó a la pésima noticia del pico inflacionario. Pero sostuvo que era necesario llegar a esa cima para iniciar su verdadera reversión. Algo difícil de entender en la teoría económica. También desde el sentido común de la política. El Gobierno ha perdido el norte en la práctica y el discurso público sobre la inflación.

Macri dejó para este miércoles, en vísperas del inicio de Semana Santa, el anuncio de las nuevas medidas que apuntan a detener la inflación y reanimar un consumo deprimido. Sería una nueva línea de lanzamiento para su gobierno que engarzaría con el progreso de la campaña electoral. Por esa razón, no importaría la mixtura de medidas que parecieran a contramano del ideario presidencial. No tanto la ampliación de los artículos de precios cuidados. Mayor sorpresa causó en su elenco el énfasis que colocó para que las grandes cadenas de supermercados –fijadoras de los precios- resulten fiscalizadas desde ahora con rigor. Aunque sin la pistola sobre la mesa, como alguna vez hizo el ex secretario de Comercio, Guillermo Moreno, ante un grupo de empresarios.

A la par de aquellas baterías de medidas heterodoxas, que imponen las circunstancias, el Presidente logró otro objetivo. Fue después del paso por Washington de Nicolás Dujovne, el ministro de Hacienda, y Guido Sandleris, titular del Banco Central. En el medio estuvo el diálogo con Christine Lagarde, la jefa del Fondo Monetario Internacional (FMI). Finalmente, el Banco Central dispuso un congelamiento hasta fin de año de la banda cambiaria. Un aporte de Lagarde a la campaña de Cambiemos. Que buena parte del staff burocrático del organismo financiero no termina de compartir. El techo estará en $ 51,45 y el piso en $ 39,75.

El Gobierno supone que ese mecanismo permitirá dos cosas. Una mayor estabilidad de la moneda estadounidense. Por ende, un golpe menor sobre los precios. Además, la posibilidad de reducir la tasa de interés que ayude a salir de la asfixia productiva en la que por la recesión cayeron todos los sectores. A partir de esa estación Cambiemos confía en poder recuperarse.

Tantos manotazos, algunos desesperados, desatan una inevitable tensión política en la coalición oficial. María Eugenia Vidal hace esfuerzos encomiables para insuflarle aire a la perforada imagen de Macri en Buenos Aires. Pero las coordenadas políticas muchas veces no logran convergencia. La gobernadora anunció este martes el acuerdo con los docentes bonaerenses. Un pleito que arrancó en 2016 casi sin interrupciones. Acuerdo por inflación cada tres meses, recomposición del 15,6% para el 2018 sobre el salario básico. También el pago de los días de huelga que sean recuperados. Roberto Baradel, líder de Suteba, verdadero alfil K, casi se quedó sin resquicio para plantear diferencias en el año electoral, en el cual la prioridad consiste en derrotar a Vidal en octubre. Halló un hueco en la interpretación sobre los días de huelga. Para el dirigente sindical, deberían ser recuperados los contenidos escolares, pero no las jornadas.

La resolución del conflicto era una necesidad para Vidal. Tantos años de fricción resultaron desgastantes para la gobernadora. Incluso en la percepción pública bonaerense. La mujer intenta elevar más su buena imagen para compensar la caída de Macri. Pero no habría buena noticia que valga cuando el alza de precios corroe los bolsillos.

Vidal tuvo participación intensa en el paquete de medidas que comunicará Macri. La emergencia hizo también que el Presidente demandara de nuevo los consejos de Horacio Rodríguez Larreta. El jefe porteño tampoco tiene fortuna. Gestiona un montón de obras, algunas de envergadura, en la Ciudad. Realizó una megafiesta el fin de semana para exhibir la nueva cara peatonal de la avenida Corrientes. Inflación mata cualquier fiesta. Además, el alcalde perdería cierta perspectiva. Hizo instalar contenedores de basura automatizados. Sólo se abren con una tarjeta magnética. Una inclusión valiosa pero armónica, quizás, en capitales como Londres o Berna. El kirchnerista Juan Grabois habló con su concordia habitual: calificó de “imbécil” la iniciativa. Los movimientos sociales ya promueven un boicot.

Los otros convidados de última hora a la mesa de las urgencias presidenciales han sido los socios radicales. Están los gobernadores Alfredo Cornejo, de Mendoza, y Gerardo Morales, de Jujuy. Pero desde hace tres semanas, por lo menos, el ex senador Ernesto Sanz vuela desde San Rafael, cierra su buffet de abogado, e ingresa en Olivos y en la Casa Rosada. La idea central no consiste en debatir ahora compañías posibles en la fórmula reeleccionista. Predomina el criterio de hacerle comprender a Macri que Cambiemos debe funcionar definitivamente como una sociedad de gestión.

Pese a la circulación de rumores intensos, no hay posibilidades de que la convención radical no ratifique su respaldo a Macri. Los disidentes existen y se sabe hacia dónde emigraron. Pero hubo una decisión del ingeniero que ayudaría a Cornejo, el titular del partido. Solicitó a Omar de Marchi que resigne su postulación por el PRO en Mendoza para no comprometer la victoria del pupilo del actual gobernador. El forcejeo no concluyó.

Los macristas, en medio de la tormenta, siempre se hacen lugar para alguna mirada que compense el pesimismo presente. Señalan la experiencia en San Juan donde el peronista Sergio Uñac obtuvo una victoria abultadísima. Pero Cambiemos juntó el 32% de los votos. Reparan en lo sucedido el último fin de semana en Entre Ríos. El peronista Gustavo Bordet, que como Uñac unificó todas las líneas peronistas incluso a los K, se impuso con el 58% por más de una veintena de puntos de diferencia. Cambiemos cosechó casi el 34%. En medio de la crisis, esos porotos se cotizan como nunca.

Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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