Miércoles, 17 Abril 2019 00:00

Macri, entre el calvario de la inflación y las promesas de reactivación - Por Joaquín Morales Solá

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La inflación es el tormento más persistente de la gestión de Mauricio Macri. El fenómeno que le ahuyenta a la sociedad, a los inversionistas y a sus propios aliados. Un fenómeno que también pone en duda la eficacia de su propio equipo económico.

 

La verdadera bomba de tiempo que le dejó Cristina Kirchner y que el macrismo administró con más optimismo que realismo.

La economía vive uno de esos momentos raros en los que muchos precios aumentan porque sí, a pesar de que los vendedores saben que no venderán nada. Parece haber desaparecido, al mismo tiempo, una noción de los precios relativos. Un mismo producto puede costar un 15 o un 20 por ciento menos o más en centros similares de ventas. Esas sorpresas inflacionarias (que nadie imaginó, mucho menos los funcionarios económicos), sumadas a los coletazos finales de la recesión, explican encuestas malísimas para el Gobierno, que podrían llegar a los despachos oficiales en los próximos días.

El problema ya no es la inflación de marzo (un demoledor 4,7 por ciento), sino la de abril, que también se anuncia muy alta. En abril habrá aumentos de combustibles, gas y transporte, los últimos tal vez de este año. Pero aun así condicionarán la inflación de todo el mes. El dilema fundamental del Presidente sigue siendo el mismo: o hace lo que tiene que hacer o se dedica a ganar las elecciones. Las dos cosas podrían ser incompatibles en un escenario social en el que Macri perdió gran parte de la clase media y la clase media baja. Son los sectores sociales que carecen de subsidios, que están asfixiados por la carga impositiva y que tienen ingresos fijos o que, en el caso de los que trabajan por cuenta propia, perdieron una parte importante de sus ingresos. Una medición económica señala que en el último mes se registró la caída más grande en los últimos doce años de ventas de electrodomésticos y vestimenta. Si bien la recesión toco fondo en diciembre pasado, según la opinión casi unánime de los economistas serios, los indicadores de la reactivación parecen los de un enfermo en terapia intensiva. Mejora, pero su estado sigue siendo reservado y grave.

Los anuncios que hará hoy el Presidente podrían mejorar la situación de los precios en los próximos meses, pero tienen un problema sin solución: Macri no cree en esa clase de medidas. Es una concesión a sus aliados radicales y de la Coalición Cívica y a la desesperación de su principal asesor electoral, Jaime Durán Barba. Obviamente, los anuncios fueron negociados con el Fondo Monetario Internacional. Es imposible suponer que se tomarán decisiones económicas, en el actual estado de la economía argentina, sin consultar antes con las autoridades del Fondo. Es probable, entonces, que el Fondo haya deslizado cierta autorización a un acuerdo sobre precios, aunque es una solución de la que descree. Como Macri.

Varios economistas aseguran que el suplicio de la inflación concluirá en junio, pero la suba de precios no caerá a cero. Bajará a índices mensuales del 2 por ciento o a un poco por debajo del 2, pero no mucho más. Es posible, según esos economistas, que también a partir de junio se comience a notar una reactivación más sostenida de la economía. Orlando Ferreres modificó a la suba sus pronósticos de crecimiento económico para el último trimestre del año (justo el de las dos elecciones cruciales, primera vuelta y ballottage). Según Ferreres, en ese trimestre el país crecerá un 6 por ciento (venía anunciando un 4 por ciento) comparado con el mismo trimestre de 2018. En el último trimestre del año pasado, la caída del PBI fue del 6 por ciento. "El crecimiento real será entonces del 12 por ciento", asegura Ferreres. Los pronósticos económicos de Ferreres se vienen cumpliendo, pero habrá factores políticos que podrían afectar a la economía.

Una candidata invisible

Lo primero que debe consignarse sobre esos factores políticos es que resulta sorprendente que gran parte de la dirigencia política y económica sostenga, con los datos de las encuestas de hoy, que Cristina Kirchner está en condiciones de ganar las elecciones presidenciales. No ha dicho todavía si será candidata, aunque todos suponen que será. Ella tampoco dio a conocer su programa de gobierno, en caso de acceder al poder, ni adelantó quiénes serán las personas que integrarían su gabinete. No dijo nada. No habla, como hace siempre en tiempos previos a sus decisiones electorales. Es una no candidata, invisible y muda. Pero ella crece en las encuestas (o mantiene su tercio) y Macri baja. Es bronca social. Una foto de la sociedad tal como está hoy. Nada indica, y hay experiencias en el mundo que así lo demuestran, que la foto de hoy termine siendo la película que veremos en octubre y noviembre.

Existe, en cambio, el riesgo político y económico de las primarias obligatorias de agosto. Según los datos con que se cuenta hoy, tanto Macri como Cristina irán a esas elecciones sin competidores Solo ellos en sus respectivos espacios. Votar por ellos será un acto de fe o de solidaridad personal. Hasta ahora, Cristina tiene seguidores dispuestos a hacer esas cosas. Los seguidores de Macri son más austeros en sus efusiones. Entonces, ¿qué sucedería con la economía si Cristina le ganara a Macri por unos pocos puntos en las primarias de agosto, que pueden no anticipar nada con respecto a octubre y, mucho menos, con el eventual ballottage de noviembre? ¿Qué sería del dólar y de la remarcación de precios? ¿Qué información servirá para aclararles a los brokers de Wall Street que todavía faltará la mejor parte de las elecciones? Lo que podría ser útil para consolidar en octubre el voto a Macri, si se uniera en torno a él todo el antikirchnerismo, para la economía tendrá un efecto muy malo. El Gobierno deberá hacer un gran esfuerzo comunicacional para inducir el voto de sus simpatizantes en agosto. Si a Macri se le desordenara la economía entre agosto y octubre, todos los pronósticos podrían cambiar.

Macri debe lidiar, además, con poderes fácticos que tienen un pie en él y otro pie en el peronismo, incluida Cristina. Los empresarios parecen ver un espectáculo ajeno. Tal vez los haya molestado la causa de los cuadernos, que involucró a una parte importante de la crema y nata de los hombres de negocios. El Presidente se declaró prescindente en esa cuestión. ¿Podía hacer otra cosa? No. Quizás otros empresarios, y no solo los chicos y medianos, miran con desconfianza la política aperturista del Presidente en materia económica. Se formaron en una economía cerrada, protegida, y le temen a la competencia con el mundo. Es incoherente imaginar una Argentina como potencia exportadora, según la propuesta de Macri, y, al mismo tiempo, mantener cerrada la economía. El mundo no es ingenuo. Compra y vende.

El único estímulo que le queda a Macri es que es él quien controla el Estado. Todos los oficialismos ganaron hasta ahora en las elecciones provinciales. Incluso en Santa Fe, las últimas encuestas dan primero al exgobernador socialista Antonio Bonfatti por encima del peronista Omar Perotti. Es probable que Perotti haya cometido el error político de conformar una alianza con el cristinista Agustín Rossi en una provincia muy antikirchnerista. Pero no deben subestimarse la excelente estructura del gobernante socialismo santafesino ni el prestigio de Bonfatti.

Las elecciones provinciales y las nacionales son y serán austeras. Los empresarios decidieron ayudar poco y nada a los candidatos después de que debieron arrepentirse ante un juez por haberlo hecho antes. Se arrepintieron también de cosas peores. En ese contexto, Macri contará con recursos de los que carecerán sus competidores. Siempre, claro está, que la inflación haya dejado de ser un sufrimiento social y un sobresalto constante de la política.

Joaquín Morales Solá  
Ilustración: Alfredo Sabat

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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