Viernes, 03 Mayo 2019 00:00

La política del acuerdo renace - Por Ricardo Kirschbaum

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El texto de los 10 puntos circula. Roberto Lavagna aún no ha opinado y se cree que Cristina Kirchner lo ignorará.

 

Nadie se disputa la paternidad, pero lo más probable es que el padre de la criatura haya sido la acuciante realidad que estimula el trabajo de parto. Un borrador con un acuerdo de 10 puntos comenzó a circular entre dirigentes políticos de la oposición, que habrían acercado la idea a la Casa Rosada, y al oficialismo. Es una iniciativa aún en gestación que representaría un acuerdo más allá de las elecciones.

Este decálogo reconocería como autores a Miguel Pichetto, Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey, quienes discutieron la iniciativa con Rogelio Frigerio, ministro del Interior de Macri.

Se trata de un compromiso y de un mensaje de continuidad para los que temen un brusco cambio de las reglas de juego, si las elecciones las pierde Cambiemos.

El Gobierno, según se sabe, ve con buenos ojos esta iniciativa. Y ese acuerdo con el borrador de coincidencias llega a las principales espadas: Macri, Peña, Vidal y Rodríguez Larreta. Monzó y los radicales, que fatigaron sin éxito esos objetivos cuando todavía Cambiemos tenía aire, se sienten algo reivindicados.

Quizá la teoría del acuerdo amplio -no de este acuerdo, entiéndase bien- como herramienta básica de la política haya formado parte de la conversación que mantuvo Macri con Felipe González, ex presidente de España.

El macrismo necesitó tambalearse peligrosamente en el borde del abismo para comprenderlo. Aun así, todavía hay dudas, pero la realidad puede más que esos recelos.

Una lectura del borrador lleva a una conclusión básica: el mensaje a los mercados es que los esfuerzos para estabilizar la economía y lograr -y mantener- el equilibrio fiscal se mantendrán. Que se respetarán los contratos, se discutirá una “legislación laboral moderna”, eufemismo de una reforma laboral, que se garantizarán estadísticas profesionales y transparentes y que se intentará que las provincias estén a salvo de que el Gobierno nacional “ejerza una discrecionalidad destinada al disciplinamiento político”, en un mensaje claro a los gobernadores para que arrimen calor a este proto-pacto.

El décimo punto es el más directo y rotundo mensaje a los mercados: “Cumplimiento de las obligaciones con nuestros acreedores”. En otras palabras, cualquiera de los firmantes posibles se compromete a no defaultear.

Pichetto dijo en EE.UU. que la palabra “default” habría que erradicarla, tras haber tomado la temperatura de los bancos y fondos de inversión por la incertidumbre electoral.

Massa está convencido de que el camino es lograr acuerdos que garanticen estabilidad y que debe ser Macri el que convoque a la oposición, incluyendo a Cristina.

Aún falta: se desconoce qué hará Roberto Lavagna, con quien Pichetto se comprometió a hablar. Y los gobernadores, varios en plena campaña electoral como Schiaretti, una figura que ha crecido entre sus pares.

Los promotores creen que Cristina no firmará ningún compromiso. Y menos con el oficialismo, a cuyo jefe lo hizo responsable de todas las calamidades del país y las propias.

Si entregarle los atributos a Macri era una rendición para Cristina, firmar un acuerdo sería ayudar al personaje que más detesta. En su libro se sorprende con la palabra “tricota” -popular en una época para referirse al pulóver- que usó Macri en un diálogo con ella. El la habría aprendido en el Cardenal Newman. Deduce así que era un término aristocrático (?) para referirse a un simple suéter.


Ricardo Kirschbaum

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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