Martes, 07 Mayo 2019 00:00

Mauricio Macri descartó un acuerdo con el peronismo y apoyará su campaña en la estabilidad económica y la crisis de Venezuela - Por Román Lejtman

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A menos de cinco meses de la primera vuelta, Macri considera que su adversario electoral es la ex mandataria, que esta semana reaparecerá para la presentación oficial de su libro "Sinceramente", y que Massa vuelve a exhibir su mirada de cortísimo plazo ante una propuesta del Gobierno que lo podía haber reinstalado como único líder del denominado peronismo racional

 

El sábado a la tarde, tras una farragosa conversación telefónica con Sergio Massa, Mauricio Macri asumió que agonizaba su propuesta de acuerdo preelectoral con la oposición peronista. El Jefe de Estado escuchó con contenida irritación las críticas del líder del Frente Renovador y cuando cortó la llamada recordó los conceptos básicos de su estrategia electoral: polarizar con Cristina Kirchner, defender la estabilidad económica y protagonizar las críticas regionales al gobierno populista de Nicolás Maduro en Venezuela.

A menos de cinco meses de la primera vuelta, Macri considera que su adversario electoral es la ex mandataria, que esta semana reaparecerá para la presentación oficial de su libro "Sinceramente", y que Massa vuelve a exhibir su mirada de cortísimo plazo ante una propuesta del Gobierno que lo podía haber reinstalado como único líder del denominado peronismo racional.

Acorde a las últimas encuestas que llegaron a la quinta de Olivos, la sumatoria de la intención de voto de Roberto Lavagna, Juan Manuel Urtubey, Miguel Ángel Pichetto y Massa no supera al porcentaje que detenta Cristina Kirchner y su conglomerado partidario. En esta coyuntura política, el 10 de diciembre pertenece a Macri o a CFK.

Protocolo telefónico

Macri está en modo pragmático. Eso significa que decidió congelar su perspectiva personal de la política y accedió ejecutar los conceptos básicos del fatigado manual apartidario que establece los procedimientos necesarios para obtener la reelección presidencial. En este sentido, el mandatario aceptó congelar precios –los bautizó productos esenciales– y avanzar en un acuerdo político con el peronismo no kirchnerista.

Durante años, el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, insistieron en cerrar un acuerdo con la oposición que se ejecutaría en el Congreso. Sin embargo, esta opción fue sistemáticamente descartada por Macri y por el jefe de Gabinete, Marcos Peña: para ambos, esos pactos afectaban la naturaleza política de Cambiemos y debían ser evitados en toda circunstancia posible.

Pero las encuestas del consultor ecuatoriano Jaime Duran Barba y la preocupación del Fondo Monetario Internacional (FMI) por la inestabilidad de la imagen positiva de Macri y del Riesgo País, exhumaron los planteos de Monzó y Frigerio y transformaron sus ideas en un proyecto de política de Estado.

Macri se convenció a regañadientes y avanzó en un raid que ratificó –otra vez- la lógica de toda campaña electoral: nunca la oposición facilitará las posibilidades del oficialismo, aunque la crisis económica esté a punto de transformarse en una hecatombe social.

Y así ocurrió: Pichetto y Urtubey (que casi están afuera de las PASO) avalaron las propuestas de Macri, mientras que Lavagna y Massa se manifestaron en contra.

El Presidente siempre desconfió de Massa y alentó el crecimiento de Lavagna para provocar cierto caos en Alternativa Federal. Pero ahora sumó al ex ministro de Economía de Néstor Kirchner entre sus adversarios políticos.

Por otro lado, Macri esperaba un desenlace sin acuerdo con la oposición peronista y ahora concentrará sus esfuerzos sobre Cristina Kirchner, que tendrá una semana de fulgurante exposición mediática.

La batalla de mayo

El Gobierno marcó en rojo tres días de mayo, tres momentos clave para el operativo reelección: cuando Cristina Kirchner presente sus relatos en la Feria del Libro, las elecciones a gobernador en Córdoba y el anuncio de la inflación de abril. Se espera que la ex presidenta reúna a una multitud en Palermo, que el peronista Juan Schiaretti derrote sin atenuantes a Cambiemos y que la inflación sea al menos del 3.7 por ciento.

Macri aún no tiene antídoto para esta sucesión de eventos políticos. Había decidido enfrentar la adversidad coyuntural con el anuncio de un eventual acuerdo político con Massa, Lavagna, Pichetto y Urtubey. Pero ese gesto táctico se evaporó en el aire y sólo podrá ofrecer optimismo en las redes sociales y la apertura del primer juicio oral contra Cristina Kirchner por presuntos casos de corrupción pública.

Aunque en Casa Rosada se explica que el fracaso del acuerdo de los 10 puntos de consensos no agravará los niveles del riesgo país, en secreto el Gobierno se prepara para una semana compleja en los mercados financieros. Y esa preparación encierra una lógica implacable: si el acuerdo se proponía para exhibir cierta estabilidad gubernamental, ahora que encalló es posible que los mercados hagan su faena ante la ausencia de profundidad institucional entre la Casa Rosada y la oposición peronista.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, serán los protagonistas de la "Batalla de Mayo". Tienen la orden presidencial de contener el dólar, estabilizar el riesgo país y contener los índices de inflación. Si ellos fracasan, Macri cae en las encuestas. Y si eso pasa, la ex mandataria tendrá el golpe político que sueña cuando termine la votación en las PASO de agosto.

Al margen de la capacidad política y financiera que puedan desplegar Dujovne y Sandleris, el Gobierno cuenta con el apoyo de los países más poderosos del orden global: Estados Unidos, China, la Unión Europea y Japón. Sería un error poner en esta lista a Rusia, pese a las inversiones millonarias que está proponiendo en Vaca Muerta, porque Vladimir Putin sostiene a Nicolás Maduro y su régimen populista en crisis final. Y Cristina está a su lado.

En este escenario geopolítico y financiero podría ocurrir una pulseada inédita en un país emergente: Macri cuestionado por los mercados ante el fracaso del acuerdo político, frente al apoyo explícito de las economías mundiales más fuertes en la actualidad.

Maduro resiste

Macri fue el primer líder regional que exigió la transición democrática en Venezuela. En los últimos meses se sumaron Iván Duque (Colombia), Jair Bolsonaro (Brasil) y Sebastián Piñera (Chile), pero el presidente argentino lideró los embates aún antes que llegará Donald Trump a la Casa Blanca. Para Macri se trata de una política de Estado, que se transformará en un argumento electoral para agitar el programa internacional que empujará Cristina Kirchner si triunfa en los comicios presidenciales.

Con todo, Macri está acechado por una decisión geopolítica que excede su poder doméstico: la eventual invasión americana para derrocar a Maduro e iniciar la transición democrática que apoyan sesenta países alrededor del planeta. La resistencia de Maduro es directamente proporcional a los planes que en tiempo real se están diseñando en el Pentágono y el Ala Oeste de la Casa Blanca.

Ya no se trata de un ejercicio intelectual en una mesa de arena: Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela, declaró hace unas horas que no descarta una vía militar extranjera para concluir el régimen populista de Maduro. Macri está en contra de la hipótesis militar, junto a Bolsonaro y Piñera, y sólo apoyará propuestas avaladas por el Grupo Lima y basadas en el ejercicio de la diplomacia moderna.

Hasta el momento, Macri tenía una dialéctica sencilla respecto a Venezuela y Cristina Kirchner. Hugo Chávez y Maduro fueron socios políticos de la ex mandataria y si ella es presidente a fines de 2019, la Argentina y la región se subirán a un escenario fatigado por la niebla y la tragedia. Así, CFK será el escudo de Maduro, y Rusia, Irán y Cuba acompañaran al nuevo modelo argentino de populismo.

Con esta explicación, Macri ratificó su compromiso con Guaidó y desnudó la perspectiva geopolítica del kirchnerismo. Pero Trump puede hundir este ajetreado discurso presidencial si finalmente opta por ordenar un avance de sus marines rumbo a Caracas y, en paralelo, solicitar y/o exigir el apoyo de sus aliados regionales. Casa Rosada sabe que Trump fue clave para lograr los 57.000 millones de dólares que concedió el FMI a la Argentina, una deuda política formidable.

Entonces, si Macri ya tiene inconvenientes en los mercados pese al apoyo de la Casa Blanca, su situación electoral podría complicarse ante las eventuales exigencias del presidente de Estados Unidos.

También hay que contabilizar la opinión institucional del radicalismo: se trata de un partido centenario que rechaza las intervenciones militares, una posibilidad que se considera en DC y que ya no descarta Guaidó en sus declaraciones periodísticas. Cambiemos puede crujir en plena campaña, una alternativa que nadie descarta desde la semana pasada, cuando Guaidó no pudo sumar apoyó militar propio y vencer a Maduro en el Palacio de

Miraflores.

Se escucha ruido de tambores en Venezuela, otra encrucijada para Macri y su sueño de derrotar a Cristina Kirchner, que prepara su lanzamiento presidencial con su relato en la Feria del Libro y con los costos de un plan de ajuste que aún no dio resultados como argumento.

Por unos días continuará el debate sobre un eventual acuerdo político que, en realidad, ya naufragó por los cuestionamientos públicos y reservados de Cristina, Massa, Lavagna y el propio radicalismo. Pasada la finta coyuntural, todo volverá a su actual lógica perpetua: Macri vs CFK. Y el resto pujando por un lugar en el escenario electoral que, por ahora, solo tiene lugar para dos.

Román Lejtman

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