Domingo, 12 Mayo 2019 00:00

Temen intromisión rusa en las elecciones - Por Ignacio Zuleta

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Una novela. La advertencia sobre algún tipo de intervención en las elecciones gana cuerpo por las frecuentes visitas de Cristina Kirchner a Cuba. Los pasos de uno de los filósofos de cabecera de Putin a la Argentina

 

Funcionarios del gobierno de los Estados Unidos le advirtieron a la Argentina de la posibilidad de que haya alguna intervención “rusa” en las elecciones locales. En los diálogos que mantuvieron en Washington en los últimos días, el intercambio de información incluyó no sólo la necesidad de que Washington blinde de alguna manera el plan con el FMI para mantener en línea el programa económico.

También repasaron la situación interna, que incluyó el aviso de que es esperable que el proceso electoral argentino sufra alguna agresión externa cibernética como la que afectó la elección de Donald Trump.

Según las investigaciones abiertas en aquel país, pudo existir una injerencia de Rusia para deteriorar la candidatura de Hillary Clinton, con alguna forma de consentimiento de los asesores de campaña de Trump. Esa intervención pudo incluir el uso de noticias falsas viralizadas en el electorado de los Estados Unidos a través de las redes sociales.

El gobierno de Trump y el de Vladimir Putin han negado esa intervención, pero la pesquisa aún no se ha cerrado. Esta advertencia parece obvia, porque la intervención en el electorado con información falsa o distorsiones es un fenómeno mundial al que nadie le ha puesto freno. Tampoco existe un diagnóstico claro de cómo son esas acciones y cuál el remedio. Sí se conocen las consecuencias, como la autocrítica de Facebook, o la disolución de la empresa Cambridge Analytics, señalada como intermediaria de esas patrañas, no sólo en Estados Unidos sino en Gran Bretaña en oportunidad del referéndum por el Brexit.

Macri vs. Cristina; Washington vs. La Habana

La advertencia gana morbo por estas costas, por la presencia frecuente de Cristina de Kirchner en ese portaaviones ruso en el Caribe que es Cuba. Los viajes de la expresidenta han coincidido con algunos de Nicolás Maduro a la isla, y esas anécdotas - hasta ahora - alimentan los demonios conspirativos. Cristina tiene un oído fino para las tramas del espionaje, como lo mostró cuando dedicó una entrevista en abril de 2015 a atender las historias del defector Edward Snowden, asilado en Rusia.

Este personaje reveló una trama de escuchas de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos sobre presidentes de la región, entre ellos Cristina y Dilma Rousseff. Que el peronismo del Instituto Patria se haya acreditado como defensor del régimen de Maduro, hace que la historia conspirativa se escriba ella solita. Mauricio Macri se abraza a Washington, y Cristina opera desde La Habana. Parece una novela de Graham Greene.

El filósofo de Putin en las Pampas argentinas

Se alimenta además de ingredientes tropicales, como la gira que viene de hacer por la Argentina uno de los filósofos no reconocidos de Putin, Aleksander Dugin, autor de libros en los que expone con una virulencia parecida a la del Instituto Patria la doctrina anti global. No llega a hacer un panegírico de Trump como hace Cristina en sus apariciones librescas, que adelantó hace rato Guillermo Moreno.

“Trump hace lo que nosotros hacíamos”, viene a ser el lema. Dugin ha desarrollado la llamada “Cuarta Teoría” en libros y conferencias. Sostiene que hay que volver a la tradición, dejando atrás el liberalismo, el comunismo y el nacionalismo. La cuarta opción que propone es un rechazo frontal del mundo moderno y una vuelta a los valores de la tradición medieval, algo que lo emparenta con Steve Bannon, gerente del emprendimiento de armar una fuerza de derecha antisistema.

Esa fuerza tiene expresión en España a través de Vox, y en Italia en el gobierno de Conte y Salvini. Dugin estuvo en Buenos Aires traído por el sindicalista Julio Piumato, para participar de seminarios de celebración de los 70 años del Congreso de Filosofía de Mendoza. Allí Perón leyó en 1949, el discurso que después se conoció como “La comunidad organizada”, cuya autoría demandan desde el cura Hernán Benítez (confesor de Eva Perón) al filósofo Carlos Astrada. Dugin ha definido así al general: «Perón es genial. Es el profeta ontológico”.

Nadie imaginó tanto. No hacía falta. Dugin se dio tiempo también para entrevistarse con el presidente de Conferencia Episcopal, el obispo Oscar Ojea, el hombre de Francisco de más alto cargo en la Argentina. El Papa es un abanderado del pensamiento antiliberal y anti global. El credo de Dugin reza: “Estoy seguro de que el Apocalipsis está cerca, y considero el liberalismo y la globalización como signos claros de la aproximación del Anticristo y el Fin de los Tiempos”.

El casting para un partido mundial de las derechas

Quienes siguen de cerca estos movimientos entienden que Dugin está comprometido en la tarea de hacer un casting de dirigentes de derecha en todo el mundo, que alimente la fabricación de esa nueva fuerza, como lo hace Bannon en Italia, en donde ha instalado sus cuarteles. Por encima de los espejismos de la amistad y la alianza táctica con Trump, Macri no le sirve a un proyecto como éste, porque se ha alzado como un abanderado de la globalización, mientras que Dugin lo entiende como un invento satánico de la modernidad. En esto se alinea detrás del tradicionalismo gnóstico de René Guénon y Julius Évola, en quienes también abreva Bannon.

Para la diplomacia argentina Dugin no es un personaje importante en el entorno de Putin, aunque éste defiende su doctrina de que el orden está por encima de la libertad. Cuando se los interroga en Buenos Aires sobre esta trama, los expertos ponen el acento en las relaciones de Putin con la Iglesia ortodoxa, y la relación del papa Francisco con Kirill, Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, con quien se abrazó en Cuba. También sobre los intereses heridos de Rusia en la Argentina al asumir Macri. El gobierno de Putin se retiró del financiamiento de la represa de Chihuidos, y quedó fuera de un proyecto nuclear que se llevan los chinos. Mantienen algún equilibrio, porque la Argentina no habla de Crimea, objeto de disputa entre Rusia y Ucrania. Abrir la boca nos perjudicaría en Malvinas, por eso mejor ni hablar, festejan las dos partes.

Los federales quieren que Schiaretti festeje solo

A medida que la campaña toma vuelo, los protagonistas hacen su trabajo lo mejor que pueden. Usan herramientas clásicas, como intentar que el público no mire tanto sus debilidades, tanto como oficialismo u oposición, sino distraerlo con los productos de campaña. El gobierno apura con el llamado a una concertación en torno a un puñado de iniciativas, con las cuales nadie puede estar en desacuerdo. Pero usa ese pliego para hacer recuento de aliados y enemigos. El peronismo del Instituto Patria lleva la campaña a la crítica literaria, y pone el foco en las capacidades, o no, de Cristina como autora de un libro que no escribió.

Esto alcanza para ocultar lo más importante, que ocurrirá hoy en Córdoba con la elección a gobernador. Allí la novedad será lo que diga Juan Schiaretti, si logra, como esperan todos, su reelección como gobernador: la quinta de su espacio desde el retorno de la democracia. Sus aliados en el espacio federal, Roberto Lavagna y Miguel Pichetto, no tenían previsto hasta anoche viajar a acompañarlo al “Gringo”. “Es su fiesta”, dice el rionegrino, que recorrió junto a los Lavagna (Roberto y Marco) las instalaciones del Invap en Bariloche. Ese viaje era más amplio; incluía el yacimiento de Vaca Muerta, pero Macri había estado el lunes, y lo suspendieron por consejo del sindicalista Guillermo Pereyra. El motivo objetivo fue la desgraciada muerte de dos operarios petroleros, que empañaba cualquier actividad proselitista de ese día. En las charlas de ese viaje convinieron estar al margen de la foto de hoy en Córdoba.

El acuerdo tácito Macri-Schiaretti

También importa la reacción del oficialismo nacional, que arriesga en las urnas el gobierno de la segunda ciudad más importante de la Argentina después de la CABA. Alguien deberá explicar por qué Cambiemos no tuvo una estrategia para conservarla, y el comando nacional se desentendió de lo que terminó en una disputa entre el saliente alcalde Ramón Mestre y Mario Negri.

En el análisis de esa trama, hay que incluir el convencimiento de siempre de la mesa chica de Cambiemos que Córdoba se perdía, y que lo más oportuno era estar lejos de ese resultado. Cambiemos es una alianza que sólo se justifica si ganan; no está hecha para perder, y eso explica muchas turbulencias internas, y con los aliados.

El propósito puede ser no empañar el acuerdo objetivo entre Macri y Schiaretti, para repartirse porciones del electorado que comparten en esa provincia. El gobierno nacional se comprometió a retirar a los funcionarios del gabinete de la campaña cordobesa. Schiaretti había aportado lo más importante para Macri: que mantuviera separadas las fechas de las elecciones a gobernador y la presidencial. Si las hubiera unificado, como se le permitía al cordobés una ley que hizo sancionar este año, la guerra hubiera sido total. Macri y Schiaretti privilegiaron su interés por encima de toda otra consideración. De todos modos, todas las miradas están hoy puesta en Córdoba, que aporta la elección provincial más importante del año. El peronismo federal espera que Schiaretti haga una señal (otra) de pertenencia a esa mesa, aunque también debe algún brindis al Instituto Patria, que lo ayudó desbaratando una candidatura cristinista que le hubiera restado apoyos.


Ignacio Zuleta

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