Martes, 21 Mayo 2019 00:00

El primer sincericidio de Alberto Fernández - Por Fernando Laborda

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Si con la coronación de Alberto Fernández como su candidato presidencial Cristina Kirchner pretendió brindar una muestra de moderación para seducir a un electorado de centro, la primera sorpresa provino de las primeras declaraciones públicas de su exjefe de Gabinete, que de moderadas no tuvieron nada.

 

En una suerte de sincericidio, Fernández dijo que, en caso de ganar las elecciones, tendrá que "revisar muchas sentencias que se han dictado en los últimos años". Un día antes, en los alrededores de su casa en Puerto Madero, pocas horas después de difundirse el video de la expresidenta que lo consagró en la fórmula, el flamante candidato del kirchnerismo expresó que "Cristina es una víctima del sistema judicial".

Una semana antes, había embestido contra varios jueces y camaristas federales que intervienen en causas judiciales que involucran tanto a la expresidenta como a Cristóbal López, a quien Fernández asesoró oportunamente, y puntualizó que esos magistrados "van a tener que explicar las barrabasadas que escribieron para cumplir con el poder de turno". Una posición que, en distintos sectores, incluida la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional, se consideró como una amenaza al Poder Judicial.

Con esos anuncios, Fernández no hizo más que poner el foco en la cuestión institucional y en las causas judiciales que acosan a Cristina Kirchner. Esto es, en aquellos temas sobre los cuales al gobierno de Mauricio Macri le gustaría que la sociedad hablara todo el tiempo. Alimentó así la hipótesis de quienes, como el radical Mario Negri, advirtieron que la decisión de la líder de Unidad Ciudadana de ungirlo como postulante presidencial podría encubrir la intención de que sea él quien, llegado al poder, le otorgue un indulto, ya que ella no podría indultarse a sí misma.

Curiosamente, el propio Fernández fue un duro crítico de la relación entre el poder político y la Justicia durante la gestión de Cristina Kirchner. Allá por abril de 2013, no tuvo pruritos en afirmar que la entonces jefa del Estado buscaba "subordinar la Justicia al poder político". Hoy, sus contundentes declaraciones contra los magistrados que tienen la tarea de investigarla parecerían una prueba de amor, tendiente a poner de manifiesto la lealtad a la jefa por parte de quien durante mucho tiempo y hasta hace poco solo le mostró rebeldía.

El kirchnerismo tratará de mostrar aquellos cuestionamientos de Fernández a la exmandataria como una muestra de amplitud, que le permite cobijar en su seno a dirigentes que han disentido fuertemente con ella. Es un llamado a otras "ovejas descarriadas", entre las que se encontraría el propio Sergio Massa, a volver al redil.

Si algo llamó la atención fue que el anuncio de Cristina sobre la fórmula presidencial haya sido hecho a más de un mes de la fecha de cierre de la presentación de candidaturas, cuando casi todos imaginaban que sembraría el misterio hasta pocas horas antes del 22 de junio. Resultó extraño que la confirmación del novedoso binomio Fernández-Fernández de Kirchner no haya sido precedido por algún trascendido que, a modo de globo de ensayo, pudiera haberse sometido a una compulsa en la opinión pública y en los sectores que toman decisiones.

Es cierto que la decisión pudo haber sido adelantada para ganarle de mano al peronismo no kirchnerista y seducir a gobernadores provinciales que mostraban indefinición, además de opacar los movimientos del gobernador cordobés y virtual líder de Alternativa Federal, Juan Schiaretti.

Pero también el momento elegido para generar la que hasta ahora es la noticia política del año sirvió para restarle impacto, al menos durante todo el fin de semana, al primer juicio oral y público que se inicia hoy contra la expresidenta. Que Fernández metiera el dedo en la llaga de las cuestiones judiciales que preocupan a Cristina no fue el mejor comienzo para seducir a un electorado independiente que será clave para definir los comicios.

No fue la mejor carta de presentación para un dirigente que no se ha caracterizado por su carisma ni por un poder territorial propio, especialmente para un elevado porcentaje de ciudadanos apolíticos que ni siquiera lo tenía presente. Más bien, pareció un paso en falso.

Fernando Laborda

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