Lunes, 03 Junio 2019 00:00

La cábala de Macri, colectoras versión Duhalde y un futuro incierto para Massa - Por Ignacio Zuleta

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El presidente viajó a Salta, mientras le piden duplicar la candidatura de Vidal. El líder del FR, en veremos.

 

Macri cabulero antes de las decisiones grandes

Los equipos hacen movimientos precompetitivos. Vienen todos de decisiones de poder, anteriores a las decisiones electorales, para abordar el apretado cronograma que los obliga el 22 de junio a mostrar lo que tienen. Mauricio Macri volvió de un viaje que es cábala para él, a las alturas del campo salteño, a donde vuelve cuando tiene que tomar decisiones.

La política es un oficio de gente fatalista, cree en magias, gurúes y tarotistas, y se ata a fetiches, como la campera roja de José Luis Gioja cuando va a votar, que ha gastado a lo largo de los años, pero es infaltable en cada elección. O la campera de gamuza de Fernando de la Rúa, con la cual solía visitar todas las redacciones de los diarios de Buenos Aires antes de cada elección. Otra cábala implacable.

Esta vez, Macri regresó con algunas percepciones. Una, que Juan Manuel Urtubey rechazó cualquier acercamiento electoral hacia Cambiemos, y que será candidato a presidente en unas PASO de Alternativa Federal, aunque sea en lista única: soy joven, puedo perder, pero quedo en carrera para el futuro. Esta respuesta la dijo después de que Macri le recriminase la acidez de la frase del salteño, de que está lejos de Macri y de Cristina. Admite sí, que en un balotaje sus votantes, como los que puede tener el peronismo federal, van a apoyarlo a Macri. Así como los que puede tener Sergio Massa van a apoyar a Cristina.

Minué entre vice-presidenciables de fantasía

El encuentro con el salteño cierra, por ahora, la leyenda de Urtubey como presunto vice de Macri. Ese mismo día el gobernador parlamentó con Miguel Pichetto por teléfono y se comprometieron a tomar un café este lunes. El rionegrino es otro de los mencionados en las fantasías de campaña como un vice de un Cambiemos ampliado. El martes, a su vez, Pichetto hace una aparición en público junto a otro vice-presidenciable, Ernesto Sanz.

Éste repetirá, con algún nivel de enojo, su negativa a jugar ese rol. "En 2015 hice una elección de vida y no la voy a abandonar", dice y dirá. No es seguro que admita que quien pone su nombre en la perinola de los vices es el propio Macri. Por algo será. Pichetto desarrollará en la mesa que organiza el Colegio de Abogados, junto a Sanz, los argumentos sobre la necesidad de salvar Alternativa Federal, como un seguro de la democracia en la Argentina -argumento que usó en la intervención que tuvo en un coloquio organizado por un banco en Cardales.

Allí compartió tribuna con Jaime Durán Barba, Carlos Melconian y María Eugenia Vidal. Con diplomacia, destila bronca hacia los movimientos de Massa, explica la distancia que toma Juan Schiaretti y el desconcierto, en el peronismo no cristinista, que trajeron las idas y venidas de Roberto Lavagna.

Colectoras en duda al mirarse en el espejo de Duhalde 99

Con ese ánimo, Macri recibió el viernes a asesores en Olivos, algunos de los cuales participaban de la mesa estratégica de otros 4 -Marcos Peña, Rogelio Frigerio, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal- con unos 40 responsables de la campaña por redes sociales.

Cabeceó desde el vano de una puerta al verlos reunidos, pero se interesó en otras reuniones para ahondar en algunas martingalas que lo asedian. Una es la que le propone ahora Massa a Vidal de reponer las colectoras, y hacer la "gran Morales", para llevar dos candidatos a presidente -Mauricio y Sergio-. Se enteró esa tarde Macri que, en 1999, cuando todavía no había entrado a la política, había hecho lo mismo Carlos Ruckauf. Fue colgado de las candidaturas de Eduardo Duhalde y de Domingo Cavallo, y había ganado la gobernación, pese a la derrota duhaldista. ¿Se ve en el papel de Duhalde 99?

Esto le hace dudar de quienes le piden que derogue con el codo el decreto que firmó con las manos, prohibiendo las colectoras. ¿Para salvarla a María Eugenia, a costa de su voto a presidente? Prefiere esperar a que le traigan una oferta mejor. Además, ¿antes había que frenar a Sergio con ese decreto, y ahora piden que le abra las puertas? Además, agrega, ¿para qué tanto bardo si ustedes dicen que vamos a ganar en Provincia, Ciudad y Nación?

Mercado Libre versus Mercado Central

Estas dudas se mitigan cuando sus pollsters le acercan números sobre el fortalecimiento de su chance de ganar, siempre en balotaje. Las mancias cibernéticas que ejercen los campañólogos del oficialismo, le aseguran que su capacidad de leer “la conversación” del público y la eficacia del Gobierno para responder a las demandas, supera las maniobras que hace la oposición, distraída por ahora en lograr la unidad.

El efecto de algunos actos de gobierno, como la inauguración del Paseo del Bajo, levantaron las marcas de prestigio del oficialismo en el tracking de la opinión pública. La oposición, acojonada, admitió: "Estos saben hacer campaña" y se sienten desafiados a traer a más asesores españoles para que los aconsejen. Es una nueva colonización de la madre patria, como si todo fuera por allá un modelo a imitar.

La confrontación de formatos tiene marca registrada en esta elección, que parece encarnarse en una pelea entre Mercado Libre vs. el Mercado Central, la ciber-política vs. los viejos modos, de la pelea callejera y los Batatas de La Matanza. El resultado de la convención de la UCR, además, terminó de asegurar al Partido del Balotaje con un blindaje del liderazgo de Macri.

El resultado en favor de una alianza con Cambiemos fue por más apoyos que en 2015. En aquel momento la moción ganadora la respaldaba el presidente del partido, Ernesto Sanz. Esta vez el jefe formal de la UCR, Alfredo Cornejo, respaldaba la moción que perdió. Esto reforzó más la conducción de Macri.

Maniobras de poder, no de campaña

El gesto del Instituto Patria de correr a Cristina a la segunda línea de la fórmula es una maniobra de poder, no una maniobra electoral. Persigue disciplinar a los propios y pasar revista de adhesiones y lealtades. En sí mismo no puede aportar más votos que los que Cristina tiene como piso firme.

Arriesga a que alguno piense que está débil o temerosa de un resultado, a cambio de blindar la línea de mando. No es nuevo en la política ni en el peronismo. Cristina te dice, hablalo con Alberto, y la consigna doblega a la tropa, que tiene que alinearse ante una segunda línea.

Pero es la prueba de amor por la jefa. Si no lo aceptás a Alberto, es porque no me querés a mí. Es lo que hacía Perón con López Rega o Isabel de intermediarios en la cadena de poder. Y Menem cuando te mandaba a hablar con Adelina o María Julia, o De la Rúa con Antonio, o Alfonsín con Simón Lázara.

También la elección de Axel Kicillof es otra maniobra de poder, no una maniobra electoral, que puede venir después. Con ese nombre contiene todo lo que significa Cristina para el electorado peronista. Pero disciplina, además, a la línea media del partido en la provincia de Duhalde, que mira con silencio cómo el exministro se saltea todas las escalas del cursus honorem, y lo ponen encima, a mandar, como un hombre grande. Al ser un movimiento dirigido a la propia clientela, deja la duda sobre si lo consolidado, que es mucho en un partido cismático por naturaleza (por eso endiosa a la lealtad, que para el peronismo es un recurso escaso, aunque renovable), es piso o techo.

Qué le hace una mancha más al tigre

La realidad imita al arte y el fútbol es un arte. El cuadro que cifra la situación de Sergio Massa, emula al de su equipo de adopción, Tigre –después de ser hincha de San Lorenzo–, que se va a la B prendido con una mano a una copa fugaz.

¿Es concebible que alguien deje de votar a Massa si se fusiona en el cristinismo? ¿O que alguien le sume votos, cuando ya el electorado del jefe renovador se desliza masivamente hacia el Instituto Patria, con él o sin él? Lo mismo del otro lado: ¿hay alguien que vaya a decidir el voto en favor de Macri porque Massa se le acerque, o alguien que deje de votarlo por esa misma razón?

Por eso el discurso rompedor del jueves es también una maniobra de poder, para salvar la ropa en una situación que lo tiene dividido. Odia como nunca a Macri, como dejó en claro en el discurso, porque cree que la calificación de "ventajita" fue el disparador de su caída de prestigio, que lo despojó del encanto de poder que pudo tener en 2013.

También por la cercanía que tiene con el Gobierno, a través de los lazos que mantiene con Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, a quienes querría ayudar por razones generacionales y porque no lo desafían hoy a una competencia desigual, como la que libra con Mauricio.

La fuga hacia la nada

Esa fuga verso il nulla (hacia la nada, diría Giovanni Sartori, autor del fino ensayo "La carrera hacia la nada, La corsa verso il nulla") no tiene un formato claro, y en la noche del jueves dejó sorprendidos a los amigos de Sergio, dentro y fuera de su espacio. Lo tironean, claro, fuerzas de la naturaleza.

Una es Graciela Camaño, que lo conmovió en el discurso de Parque Norte, que pareció más un abrazo de oso que una declaración de amor. "Creo en Sergio, creo en él desde el momento que a los 17 años un mocosito se me plantó en la agrupación y me dijo que él iba a ser presidente", le dijo, y Sergio lagrimeó, como en aquella cena en la que se derramó en llanto para pedirle a Felipe Solá que no se fuera a la Capital de candidato, ya nadie se acuerda de quién.

Camaño, de quien Massa es un sueño que tiene vida mientras ella no despierte, no imagina a Sergio en el Instituto Patria, cartoneando las sobras después de que se cerraron las fórmulas nacionales y de la Provincia sin él. ¿Acaso en una lista de diputados junto a Felipe Solá (que puede renunciar a la que ganó con él, para revalidarse como cristinista, como lo hizo cuando fue candidato de la lista de Francisco de Narváez), o de Máximo Kirchner o Wado de Pedro, o Julio de Vido, cuyos mandatos terminan este año, y tienen títulos para renovar la banca?

Difícil, aunque la promesa fuera darle varias bancas a su sector, y asegurarle como premio la presidencia, que dejará su amigo Monzó. Demasiada imaginación, ¿no?

Acaso la unidad del peronismo lo aleje del poder

El discurso de Camaño en Parque Norte puede leerse como una despedida a Massa. Lo ve cerca del cristinismo y siguiendo la fantasía de que un arreglo de cúpula puede retener la fuga de sus votantes hacia esa vereda. Tampoco cree que la suma de todos los peronistas sea la fórmula para ganarle a Cambiemos, una fuerza que tiene dos activos.

Uno, que el público moderado no lo percibe como corrupto, algo que ensucia las banderas del cristinismo, fuera una realidad o un espejismo: es así. El otro activo es que el Gobierno es la única fuerza en condiciones de ponerle alguna moneda al público, de aquí a las elecciones, en los distritos más grandes.

Esta elección, en la percepción de muchos, se produce en medio de una crisis, y eso siempre favorece las chances de los oficialismos. En tiempo de tribulación el público parece adherirse a los oficialismos y teme arriesgarse en el apoyo a propuestas de cambios profundos, como los que puede ofrecer hoy la oposición.

El mismo fenómeno explica el 54% de los votos de 2011 para la reelección de Cristina. Era en medio de una crisis, además mundial, y también ganaron todos los oficialismos en el país.

Camaño pide tiempo para alguna negociación con Roberto Lavagna. Cree que la mesa federal con el exministro es un ticket competitivo, y la condición es que hagan las paces. Massa se siente víctima de Lavagna, a quien fue a buscar hace años, lo tuvo cerca en tres elecciones y aportó espesura a su formación. Cuando empezó a volar solo, con la ayuda de Pichetto, las relaciones se enfriaron.

Lavagna pidió, encima, que lo hicieran candidato sin ir a internas, y se disparó solo. Este fin de semana hizo reuniones con socialistas, radicales y peronistas sueltos, para mantener su candidatura. Es el hombre del peronismo no cristinista al que menos afectó el massazo, porque le despeja el terreno libre para otro intento de convertirse en candidato a presidente del tercer sector.

Le falta un candidato a gobernador en Buenos Aires. No como a Massa, a quien ya le cantaron truco al ponerle a Kicillof en la candidatura a la gobernación y se le licua el proyecto. No por incapacidades propias, sino porque no es su momento, como fue 2013. Le falta quizá la paciencia para esperar, como esperó en Tigre hasta que desapareciese Ricardo Ubieto, el intendente de Tigre que murió en 2006 y le dejó libre el distrito, en el cual radicó su vida. Hoy la preocupación es conservar Tigre. Como en política no se desaprende, tiene edad y experiencia para su segunda oportunidad sobre la tierra.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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