Domingo, 09 Junio 2019 00:00

Si hay acuerdos electorales, serán sin colectoras – Por Ignacio Zuleta

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Mientras desde el Gobierno festejan los resultados de las encuestas que les dan bien, desde la oposición juguetean con la paciencia general a pocos días del plazo para cerrar las alianzas.

 

Pasados de humo, los actores suben al escenario en pocas horas más. Emplearon todos los recursos escénicos para disfrazar tácticas ante el público general, los círculos de todos colores - primero, el Rojo -, y frente a los adversarios. Pero terminan intoxicados hasta ellos mismos. O al menos lo simulan, cuando personeros de altura insoportable del Gobierno dicen no saber si habrá colectoras o no, a la vez que la cúpula convalida la posibilidad de los planes B, V, Y, M, tantos que agotan el alfabeto. También entre brumas, la oposición juguetea con la paciencia general, ordenando nombres - Lavagna, Massa - como si cada cual controlase bolsones de voto, como fuerzas bisagra del peronismo, para ir a una elección competitiva. Estos movimientos entre humaredas propias y ajenas esconden otras realidades que conviene retener.

Una, que el minué de las colectoras es una vaina sin acero. Si dependía de un nuevo decreto de Mauricio Macri, anulando la prohibición que dictó hace un par de meses, parece ya tarde. A 48 horas del cierre de alianzas, si apareciese entre los humos, como aquel killer de acero que perseguía a Terminator II, sería inválido. A esta altura sería irrecurrible, cuando se agoten los plazos legales para apelar ante la Justicia, entre este lunes y el miércoles. Esta dificultad la alimentan también los tribunales. La prohibición de las colectoras por decreto no ha avanzado en la Justicia, y si llegase a los tribunales de alzada - dígase la Cámara Nacional Electoral – están dispuestos a frenar cualquier trámite. Hubo ya un alegato de oreja por ese lado, y la respuesta fue fulminante: 1) un decreto no puede modificar el Código Electoral, sólo lo puede hacer el Congreso; 2) la Justicia no avalará modificaciones del reglamento electoral cuando el cronograma está ya disparado. Si tocan algo, sería – aunque tampoco hay plazos – para reponer la prohibición de las colectoras, que se votó en la última versión del Código Electoral, promovida por el peronismo entonces, y defendida hasta ahora al no apelarse el decreto de Macri.

Altos punteros: si nos quieren apoyar, que junten votos para el ballotage

Es oportuno leer las expresiones del vértice - Marcos Peña, Federico Salvai - sobre las colectoras, desde el ángulo de un gobierno que se dice convencido de que va a ganar las elecciones y que festeja, colgado del alambrado, cada encuesta que sale. En particular las que ponen la mirada sobre las expectativas del público. A las que se conocieron en la última semana de la Universidad de San Andrés y Opinaia, se sumó la de Synopsis (que adelantó el jueves este diario). La muestra afirma que el 59,2 % de los consultados cree que la situación económica del país será igual o mejor dentro de un año. Cuando les preguntan por la situación económica personal, el porcentaje llega al 58,6%. Peña desliza en público lo mismo que dice Salvai en privado: si algún candidato o partido quiere adherir a algunos de nuestros buenos candidatos, dígase María Eugenia Vidal, bienvenidos. Pero colectoras no hay. Se lo habían pedido Juan Schiaretti y Juan Urtubey a Macri cuando conocieron el decreto derogándolas: tenemos candidatos nacionales a presidente y legisladores nacionales, pero nos falta gente en las provincias. Dennos el derecho de colgada. La derogación había sido contra Massa, para frenar su migración al cristinismo. Todo quedó en papel mojado porque amenaza con irse igual. Se espesa el humo, y Salvai manda a decir: si hubiera negociación con alguien deberían haberlo llamado a él, y nadie me llamó. Además, le pone color cuando insiste en que es muy difícil que alguien llame si María Eugenia está en Colombia hasta mañana. Traducción: si alguien quiere colgarse de las faldas de María Eugenia, que apoye en donde hay que apoyar, por encima de las formalidades, es decir sin compromiso de colectoras. En Buenos Aires equivale a pedir que junten votos para la gobernadora, para que gane su elección el 27 de octubre. También que ayuden a Mauricio en la primera vuelta y, lo más importante, que acerquen leña para el ballotage. O sea, pongan votos, no compromisos de colectoras que nadie puede controlar. Sobre eso sí se negocia, y tupido, por debajo de Marcos y de Fede. Si avanza después de esta semana algún acuerdo, será mezclando nombres en listas comunes. Como ocurrió en 2013 cuando se hizo el enjuague para poner nombres de Macri en las listas de Massa.

La batalla de Córdoba: Cristina recluta 10.000 fiscales en territorio hostil

Los esfuerzos para juntar y contar votos son más importantes que merodear sobre la conducta de los candidatos - qué hace o no hace Sergio Massa, cuán enfermo está, o no, Alberto Fernández-. Lo ilustra el trajín que ocupa al Instituto Patria las 24 horas: encontrar los fiscales que van a vigilar para la lista del cristinismo los comicios en donde el PJ local no está en la alianza del llamado Frente Patriótico F&F: Córdoba y Salta. En esos distritos los gobernadores Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey controlan la marca local del PJ - Carlos Caserio lo hace para Schiaretti y el propio Urtubey lo preside en Salta - y han dado señales de que no le controlarán las urnas al Instituto Patria. Donde eso duele más es en Córdoba, adonde los fernandistas están obligados a armar un batallón de fiscales. Necesitan 10.000 en Córdoba, clave en cualquier elección, porque es la segunda en cantidad de votos en el país. En Salta la necesidad es menor, pero también hay que buscar fiscales. Para este sector el armado cordobés es decisivo, porque desde el PJ nacional tienen que desandar años de desinteligencias. En 2015 la tarea la hizo Carlos Zannini, un cordobés que copó la plaza, pero se ganó el rechazo del peronismo local.

En esa provincia Macri sacó la diferencia más grande para ganar en el ballotage del 22 de noviembre, 71% a 28% de Scioli. La explicación estándar dice que el electorado de la provincia es compartido por el peronismo cordobesista y el macrismo -dos expresiones de una centroderecha moderada- y que eso convirtió a la provincia en la capital nacional del antikirchnerismo. Una leyenda urbana, que repiten en el Instituto Patria, agrega una razón canalla a ese urnazo macrista: el peronismo provincial no controló el voto, y eso marcó diferencias mayores en el conteo a cargo de una junta electoral que controló Schiaretti a través de su mujer, la doble diputada -nacional y ahora electa como provincial- Alejandra Vigo. Para más mortificación, este año Cristina mandó a bajar la lista del candidato Pablo Carro que se referenciaba en el “Patria” - como llaman al Instituto los baquianos - en la elección a gobernador. Cristina le dio esa mano a Schiaretti, que podía perder entre 8 y 10 puntos por esa candidatura alternativa, pero desmovilizó más a los cristinistas de Córdoba, a quienes ahora convocan desde Buenos Aires para ponerlos de fiscales.

Pichetto y Urtubey, distinguidos por Olivos

Es una tarea difícil, porque el “Gringo” ya ganó, y es quien ahora mejor puede pagar -políticamente hablando- en la provincia. Sigue de vacaciones por el sur de Italia, pero mantiene a Juan Carlos Massei, su ministro de gobierno, en la Alternativa Federal. Se sienta junto a Urtubey y Miguel Pichetto en la mesa política que avanza en la presentación de alianzas del miércoles. Hasta ahora hay lista única, la de Urtubey. Pichetto dijo en el Rotary Club que lo apoyará, pero aclaró que no quiso decir que será el vice. Urtubey y Pichetto tienen cercanía con el Gobierno, porque han leído clarito el mensaje de Olivos para cerrar apoyos para un ballotage, en donde se concentrarán las fuerzas del anticristinismo.

De eso sobran signos, como el proyecto del rionegrino de creación de un Consejo Económico y Social, del cual habló a solas hace dos semanas con Macri. O la cena a solas con Juan Manuel en un hotel de Salta, durante la visita de la semana anterior de Mauricio a esa provincia. Tan importante fue, que obligó a Macri a quedarse a dormir allí, contrariando sus hábitos –siempre quiere volver en el día-. O la distinción que le hizo Macri el jueves a Pichetto en el almuerzo a Jair Bolsonaro: se levantó para buscarlo en su mesa y lo presentó al brasileño como el jefe de la oposición en el Senado. Polvo de estrellas, cantaría Hoagy Carmichael, autor de esa bellísima balada con letra un tal Mitchell Parish. Esta alianza viene descascarada por la migración de Lavagna y Massa, pero ya tienen los papeles en orden con cuatro partidos (Democracia Cristiana, Libres del Sur, Partido Federal, Partido Renovador Federal) y un grupo de apoderados: representa a Pichetto al legendario exjuez y exministro Alberto Piotti; Rodolfo Urtubey, el senador, patrocina a su hermano, y el diputado Juan Fernando Brügge a los cordobeses de Schiaretti.

Última oferta: o PASO contra Cristina o la candidatura a la gobernación

Los maximalistas del massismo afirman que desafiará a F&F a una PASO presidencial, en respuesta al llamado de Alberto. ¿Qué puedo perder? Es lo mismo que le corre a Urtubey, que se conforma con perder bien, pero seguir en carrera para otro momento, cuando venga el ocaso de los dinosaurios del peronismo. Además, ensaya, festejando la suerte de su equipo: si quiero salir campeón, tengo que ganar una semifinal. Si F&F admiten esa PASO, será un golpe a Cristina, que no querrá prestarse a esa competencia. Se la dejará a Alberto, con lo cual agrava el tamaño del paso atrás que dio al proponerse como vice. Pero el “Patria” está dispuesto a pagar cualquier precio por tenerlo adentro.

Están convencidos de la leyenda que difunde el propio Massa, que él desempata.

Lo hacen con la misma fuerza como en Olivos se convencen de que Macri reelegirá. Este convencimiento de que lo necesitan a Massa puede quebrar algún armado. Si le niegan la PASO, Massa sólo puede aceptar una cosa como repago para quedarse ahí: la candidatura a gobernador, que la prometieron a la sigla Kicillof-Magario. Difícil, muy difícil.

Ignacio Zuleta

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