Jueves, 13 Junio 2019 00:00

La política, en tiempo de definición - Por Mauricio Maronna

Escrito por 
Valora este artículo
(1 Voto)

La incorporación de Pichetto marca un antes y un después en la estrategia macrista. Santa Fe, a pocos días de las elecciones más trascendentes en años.

 

La cooptación de Miguel Pichetto en la fórmula presidencial macrista termina, definitivamente, con el voceado intento de Cambiemos de intentar llevar adelante un "cambio cultural" en la política. Además de todos los estrépitos de la política nacional, el domingo hay elecciones en la provincia de Santa Fe.

Pichetto representa, en cuerpo y acción, el ejemplo más claro de la rosca política. Es, sin dudas, lo más viejo de la vieja política. Esto no es ni bueno ni malo, per se. Simplemente, es.

La novedad sobre la composición de la fórmula de Cambiemos —que ya no se llamará Cambiemos— confirma lo que se escribió aquí el domingo pasado: la política ya no representa no sólo a los partidos, sino tampoco a los enclaves, a las tribus. Hay políticos que sólo se representan a sí mismos. El peronista camaleónico Pichetto es un ejemplo empírico.

Mauricio Macri sabe que, aunque ganando la reelección, su principal problema comenzará el día después, con minoría en las Cámaras y con el peronismo tirando del mantel. Con mayoría de gobernadores peronistas, un eventual gobierno macrista necesitará del peronismo. O de algunos peronistas.

Pichetto podría ser uno de ellos. Así como existe un remanido y previsible Teorema de Baglini (cuanto más lejos se está del poder, más impracticables son las promesas), está instalado en la política que, cuanto más dificultosa sea la tarea de ganar elecciones, más se aconseja tener peronistas a mano. Macri lo hizo.

Lejos quedó esa teoría elucubrada por Marcos Peña & Jaime Durán Barba de ir hacia un purismo político que deje atrás lo viejo, lo clásico, lo que subyuga al círculo rojo. Pues bien, no hay dirigente que esté más cerca que Pichetto del círculo rojo. Cambiemos. Vaya, si cambiaron. Hasta el punto de que, parece, no se llamará de tal forma.

Este concurso de sapos y escuerzos se ofrece de manera casi impúdica, salteando a la gente común, al votante que mira la fastuosidad de la clase política. El show es casi pornográfico. Con Alberto Fernández, con Sergio Massa, con Pichetto. Y con los que van a venir. Se hablará mucho de ahora en más de la palabra gobernabilidad. ¿Puede ganar la dupla Fernández-Cristina? Puede. ¿Puede ganar el dueto Macri-Pichetto? Puede. No hay más.

Si Roberto Lavagna consigue candidato a vice podrá representar otro espacio, pero mínimo. Todo mal hicieron el ex ministro de Economía y demás fantasmales adherentes a una tercera vía que se terminó estrellando el helado en la frente. Un binomio con Juan Urtubey resultaría expulsivo para el progresismo. Y si no hay, un cambio de nombre (hasta ayer por la mañana se hablaba del médico Facundo Manes), la centroizquierda podría quedarse sin candidato a presidente. Otro delirio de la política argentina.

Santa Fe define el futuro

Mientras la escena nacional reproduce escenas poco ejemplares, la policía santafesina entra en los últimos días de campaña. Y poco ha cambiado. Los peronistas dicen que gana Omar Perotti, los progresistas afirman que gana Antonio Bonfatti. Hay encuestas que dicen lo uno y lo otro.

En las últimas horas, desde el Frente Progresista salieron a buscar el voto que en primarias fue a José Corral. "Son votantes históricos del Frente, saben que tienen que votarnos", pidió el gobernador Miguel Lifschitz, mientras Bonfatti descargaba una especie de best of contrafáctico, describiendo las malas acciones del peronismo mientras estuvo 24 años en el poder.

Perotti no responde, lleva adelante la gestualidad y la táctica del que está seguro de ganar. Recepciona los ataques, pero no contesta. El análisis del subtexto de la realidad política santafesina dejará interesantísimo material para el análisis.

Y depende de cómo sean los resultados. Puede que el peronismo gane la Gobernación y que, además, el radicalismo pierda el territorio propio de la ciudad de Santa Fe. Además, el socialismo, ya no podrá gobernar Rosario con un candidato de su pelambre. O puede que suceda todo lo contrario. A nadie se les deben cerrar los ojitos antes de tiempo. La política está en un momento de incertidumbre.

Perotti está convencido de que la ola peronista en alza le hará cantar victoria en Santa Fe. Bonfatti, por su parte, no considera una casualidad la victoria de todos los oficialismos provinciales en las provinciales y está seguro de que el domingo ese ejemplo se repetirá en la bota. Todos saben, dirigentes y ciudadanos informados, que entre esos dos apellidos estará el gobernador.

En Rosario, el zoom se posa sobre las humanidades de Pablo Javkin y Roberto Sukerman. Los sondeos los enmarcan en zona de equilibrios. Será clave para uno u otro cómo resistirán Cambiemos y Ciudad Futura la tentación hacia la polarización que siempre representa el voto útil. Por lo pronto, Jorge Boasso saltó desde Cambiemos a Javkin, proclamando el voto hacia el candidato del Frente Progresista. Habrá que ver cuánto traccionará de los más de 30 mil sufragios que obtuvo, enfrentando a Roy López Molina.

En Cambiemos, más específicamente en el PRO, hay rumores de tormenta. Se verá después del acto electoral si es eso o, apenas, una ventisca.

La Nación, la provincia. Las roscas nacionales y el cierre de alianzas. La cuenta regresiva en Santa Fe. La política está vibrando. Se vienen tiempos hermosos para los que gustan de este juego.

Mauricio Maronna
Twitter: @MauricioMaronna
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Visto 162 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…