Miércoles, 10 Julio 2019 00:00

Vidal y Kicillof también buscan la hiperpolarización en la pelea por la gobernación bonaerense - Por Mariano Pérez de Eulate

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Las horas iniciales de campaña electoral plena por los cargos bonaerenses arrojan una lectura inequívoca: la búsqueda de una hiperpolarización, tan o más profunda que la que se observa en la pelea presidencial, de parte de los dos principales candidatos a la gobernación.

 

La primera en mostrar las cartas fue María Eugenia Vidal, en un reportaje del último domingo. Como anticipó en su momento este diario, la gobernadora empezó a machacar con la idea de que su rival del Frente de Todos, Axel Kicillof, es una suerte de “front man” de la agrupación juvenil kirchnerista La Cámpora. Y que si el ex ministro de Economía llegara al gobierno bonaerense, serían estos dirigentes -que en verdad no son tan jóvenes- los que manejarían la Provincia.

En esa lógica, admiten en el oficialismo, el vidalismo buscará convertir a Axel en un “cuco” político, una mecánica que le sirvió al macrismo hace cuatro años cuando Aníbal Fernández era el rival. La diferencia es que en 2015 hubo otro candidato de perfil justicialista que se llevó un puñado de votos e hizo más ajustada la pelea: el entonces massista Felipe Solá, hoy nuevamente kirchnerista.

Vidal introdujo, además, el concepto de que aquella movida de Axel y La Cámpora sería una especie de “preparación del terreno político” para un objetivo mayor: el proyecto de poder de Máximo Kirchner en 2023. Esto descolocó un poco a Kicillof y obligó a su equipo a reformular respuestas posibles.

Desde el kirchnerismo denominan a esa jugada del oficialismo como una campaña del miedo. Pero, en rigor, Vidal se basaría para elaborarla en el hecho objetivo de que en este proceso electoral el hijo de Cristina se ha convertido en el mayor armador político del peronismo bonaerense, ante quien incluso se han inclinado los intendentes del PJ del Conurbano que se jactaban de conducir el partido.

Fue quien tuvo la última palabra en materia de candidaturas seccionales, a veces incluso para desagrado de algunos alcaldes que debieron sacrificar gente propia en las negociaciones.

En cierto modo y salvando las distancias, Máximo -actual diputado nacional por Santa Cruz, pero ahora candidato por Buenos Aires- parece querer replicar los pasos de su fallecido padre cuando, allá por 2005, se decidió a realizar una conquista del peronismo bonaerense que hegemonizaba el duhaldismo, y convirtió al PJ y al distrito en general en una suerte de nuevo “pago chico” político.

Mostrar a Máximo detrás de Kicillof le sirve a Vidal tanto como al ex ministro le es útil mostrar a la gobernadora cerca de Mauricio Macri, cuya imagen en la Provincia, y en especial en el Conurbano, resulta poco competitiva.

Por eso, desde lo discursivo, la campaña de Axel tendrá como uno de los ejes centrales la idea de que “Vidal es Macri”. O, lo que es igual, que la gobernadora también es parte del desaguisado económico, que tiene especial repercusión en las zonas empobrecidas del Conurbano.

Una de las cosas que se desprenden de los primeros reportajes que concedió, ratificada además por gente de su entorno, es que Kicillof responsabilizará a Vidal por determinadas falencias de gestión. Como las necesidades no resueltas en establecimientos escolares y hospitalarios, con data que acercan dos de los gremios más enfrentados a la gobernadora en estos casi cuatro años de mandato: los docentes y los médicos. “No hizo nada”, sería el latiguillo.

Pero no puede ser la única herramienta política que use el candidato. Y eso intuyeron los intendentes del PJ, que siempre sintieron que Axel es un extranjero en sus territorios y vienen pidiendo que el equipo de campaña K trabaje para conseguir que Kicillof se muestre más como un político que transmite misticismo y épica, que como un economista de la academia. Fue lo que se vio en La Plata la semana pasada.

Para los ataques de Kicillof sobre la gestión, Vidal tiene una carta de respuesta que, bien utilizada, es al menos incómoda de rebatir para el candidato rival: el peronismo gobernó 28 años seguidos la Provincia y solucionó bastante poco los problemas estructurales; y Kicillof es precisamente el candidato de ese PJ, más allá de que su formación política no provenga de allí. “¿Se animará Axel a defender la gestión de Scioli, por ejemplo?”, se preguntan en Juntos por el Cambio.

Allí están los spots que mostrarán cómo era un barrio, una ruta o un arroyo antes de ella (imagen en blanco y negro) y cómo quedaron durante su gobierno (imagen en color). Por eso Vidal habla de que Kicillof representa “un sistema”, el del pasado, y no una individualidad novedosa.

Vidal, por cierto, no es la misma que en el 2015. Por empezar, conoce mucho más la Provincia porque la gestionó y porque la recorrió bastante. También, porque en la dinámica interna del macrismo exhibe un liderazgo que no tenía hace cuatro años.

Según fuentes del entorno, tiene “actitud de jefa” lo que sirve para inyectar una dosis de motivación en la tropa provincial, que mira los números de las encuestas y sabe que enfrenta una pelea difícil.

Mariano Pérez de Eulate  
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