Martes, 16 Julio 2019 00:00

El juez que denuncia y no denuncia nada - Por Ricardo Roa

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Eduardo de Lázzari hizo una denuncia incendiaria, le reclamaron nombres y metió la marcha atrás.

 

No hace falta ser ni siquiera estudiante de abogacía para saber que si un juez dice tener información sobre delitos y cosas graves debe denunciarlas. Y ni qué hablar si se trata del presidente de la Suprema Corte de Buenos Aires.

Eduardo de Lázzari dijo: “Hay causas armadas artificialmente..., abusos de testigos de identidad reservada, de factores de presión que inducen, fomentados y fogoneados por ciertos medios de prensa, a dictar condenas mediáticas y que llevan a un panorama sinceramente deplorable”. Y con “espías, traficantes de escuchas telefónicas y ciertas complicidades de algunos jueces y fiscales”. Todo muy fuerte y encima, delante de jueces penales.

El párrafo entero parece sacado de un escrito de los abogados de Cristina. Y obvio, Cristina lo aprovechó. Tiene un récord impresionante: 13 procesamientos, 7 pedidos de prisión preventiva, un juicio oral en desarrollo y otros cuatro sin fecha y todos por corrupción.

Cristina tuiteó enseguida sobre De Lázzari: “Por favor escuchalo atentamente. El que habla no es un político. No es oficialista. Ni es opositor...”. El que habla fue nombrado por Duhalde y fue funcionario de Duhalde. Y la esposa del que habla, es fiscal nombrada por Cristina.

Otro que se prendió al elogio fue Aníbal Fernández, que retuiteó un tuit del camarista Víctor Violini: “No queremos que la justicia bonaerense se convierta en Comodoro Py”. Debe saber de qué habla. Ahora Comodoro Py es mala palabra para los kirchneristas, que la inventaron. Violini si no es un político la pasa raspando: por poco no fue candidato a intendente cristinista en La Plata para octubre.

Violini manejaba los temas judiciales con Casal, ministro de Scioli y amigo del juez Melazo, que se hizo rico haciendo de Oyarbide en La Plata y que está preso por integrar una banda de chorros, policías y jueces.

Otro amigo de Aníbal, Rodríguez Basalo, presidente de Colegio de Abogados de Quilmes, también tuiteó: “Celebro la valentía de De Lázzari denunciando aquello que todos los abogados sabemos y que algunos callan”. ¿Por qué si sabe tanto no denuncia?

En Buenos Aires los siete jueces de la Corte rotan cada año en la presidencia. Ninguno de ellos salió a respaldar a De Lázzari. E incluso uno, Héctor Negri, salió a cruzarlo públicamente. Como los fiscales federales que expresaron “su profundo malestar y rechazo” y le recordaron a De Lázzari que por su “calidad de funcionario público” debía denunciar los posibles delitos.

De Lázzari intentó escapar por la tangente y dijo que había hablado del suspendido fiscal de Mercedes Juan Bidone, acusado de entregar información a D’Alessio y del juez de Garantías Gabriel Vitale, de Lomas de Zamora, cuestionado por su actuación en la feria La Salada. Al lado de todo lo que dijo parece una tomadura de pelo.

Nada dijo de algo que lo desencajó: la la llegada a la Corte del ex Comodoro Py Sergio Torres, al que impugnó con el argumento de que no tenía el domicilio en regla. Fracasó: no lo acompañaron. De Lázzari fue juez y camarista y dos años jefe de los fiscales. Duhalde lo nombró en la Corte y era su secretario de Seguridad cuando asesinaron a Cabezas.

Hay esto y más que esto en la misma ensalada. Un juez amigo, Luis Carzoglio, que enfrenta un jury por una causa de Pablo Moyano y que tiene a Duhalde como abogado a pedido de Hugo Moyano. Y De Lázzari que, como juez electoral, habilitó al partido de Espert contra el deseo del Gobierno. Por favor, no leas esto atentamente, diría Cristina.


Ricardo Roa

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