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Domingo, 21 Julio 2019 00:00

Hasta el presupuesto se negociará entre las PASO y la primera vuelta - Por Ignacio Zuleta

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Pichetto conversa con varios dirigentes peronistas, como Reutemann, Rodríguez Saá y Alperovich. Y con los gobernadores ya se está analizando la distribución de los recursos públicos del 2020.

 

“El morral puede ser infinito”, admite uno de los inquilinos de la cúpula del poder sobre la apertura de un turno de negociaciones con fuerzas de la oposición, para mejorar las chances de un triunfo en la primera vuelta electoral. La frase expresa la necesidad de poner todo el capital en una mesa de conversaciones, con dirigentes que tengan tracción de votos para mejorar los números de la fórmula Macri-Pichetto. Nada queda afuera del mesón de ofertas, que manejan con sigilo agentes discretos en pasillos y sedes que están fuera de los faroles, que se concentran en citas de la fórmula, como las que se conocieron en la semana con Adolfo Rodríguez Saá o Alberto Weretilnek.

Tanto o más gravitantes son los encuentros de Pichetto con Carlos Reutemann, un socio objetivo del macrismo, que ha estado fuera de los lemas oficialistas por la presencia de los socios radicales, que demonizaron al “Lole” después de su última gobernación. Quisieron judicializarle la vida para sacarlo de la competencia provincial. Ahora Reutemann le renovó a Pichetto los votos de adhesión, que suma a la pelea la identificación que arrastra el senador santafesino en un sector importante de la provincia, que lo hizo senador por la minoría.

Otra cita que quedó fuera de los faroles fue la que tuvo el candidato a vicepresidente con el matrimonio Alperovich, José y Beatriz Rojkés. Antiguos militantes cristinistas, pasaron al partido de los indignados cuando Cristina apoyó a su adversario Juan Manzur, para que éste reeligiese como gobernador de Tucumán, la séptima provincia en cantidad de votos y donde el peronismo puede cosechar victorias sin sombras de oposición. El exgobernador tiene dos años más de banca en el Senado, y el Gobierno confía en el recorte que puede hacer en el voto de su partido hacia la fórmula F&F.

Estos encuentros de ambulancia, recogiendo heridos, del senador por Río Negro transcurren en santuarios nuevos del oficialismo, como la actual Puerta de Hierro que es su residencia del partido de Vicente López, más que cerca de la residencia de Olivos. Allí ha consagrado una nueva milla dorada para la política criolla. Con total discreción y con francas demostraciones de amistad, parlamentaron el dueño de casa, Adolfo, el embajador Ramón Puerta y alguno más que acompañó en la cena. R. Saá y Puerta fueron protagonistas de la crisis de finales de los años 90 desde el Frente Federal de gobernadores peronistas, y los dos terminaron siendo presidentes fugaces de la Argentina.

En esa cita prepararon el escenario para la presentación junto a Macri del jueves, pocos minutos después de que Puerta estuviera a solas con el presidente para describirle el fichaje del puntano. Ante el presidente, Adolfo recordó que tiene 4 años más de mandato, los que le quedan a Mauricio como presidente en caso de reelegir. También debió aclarar que su pelea con el hermano Alberto es sincera y no una simulación, como entienden algunos descreídos.

Ajustar, pero repartiendo el capital

Estos preparativos para las negociaciones tienen en la mira a los gobernadores peronistas, que testimonian la reticencia al juego nacional con el festival de la lista corta. Hay un botín dorado en el morral, que es la inminente discusión del presupuesto 2020. Nicolás Dujovne presentó en la semana el informe de avance de esa norma, y explicó en el último gabinete que será un presupuesto de ajuste, porque prevé un superávit de 1,1% del PBI y, a la vez, una baja de los impuestos, según los compromisos fiscales de parte las provincias.

El informe destaca que el gasto público nacional no previsional bajó un 37% desde 2015, volviendo a los niveles previos a los gobiernos del ciclo Kirchner. Esto anuncia una discusión sobre el presupuesto con los gobernadores, como ha ocurrido en los años anteriores, y donde han alcanzado ventajas que les aseguraron el superávit. Por eso forma parte del morral, aunque nadie cree que se pueda avanzar mucho en medio del cronograma electoral. Dependerá, como todo, del resultado de las PASO. Pero igual se exhibe desde el Gobierno como una invitación a la negociación, gane quien gane.

Dejame, que la lista te la corto yo

La división del peronismo favorece estos escenarios de negociación que pueden ocurrir entre las PASO y la primera vuelta, según los números que dé esa primaria del 11 de agosto. Las divisiones suman testimonios que le mejoran el terreno al oficialismo, que ya se quedó con la franja “republicana” del peronismo que afirma ser Pichetto. Lo más notable ocurre con las provincias en donde gobernadores de la lista corta quieren que los votantes encuentren ya separadas las categorías nacionales de las locales. Son provincias peronistas, que pueden llegar a cinco o siete, incluyendo a Córdoba.

El choque entre la formalidad de los reglamentos y la voluntad de los competidores disparó esta picaresca que no tendrá fin hasta que se expida esta semana la Cámara Nacional Electoral. Los apoderados del peronismo en Misiones y Córdoba, que quieren jugar con lista corta de candidatos a diputados nacionales, es decir sin apoyar a nadie a la presidencia, han reclamado que la Justicia autorice a los partidos a poner boletas a presidente ya cortadas de antemano. Una incursión del delivery en el cuarto oscuro. El propósito es dar testimonio de su prescindencia en el juego nacional, y promover un servicio al consumidor que le facilite al votante el corte, además de evitar ser arrastrado por la mala suerte de alguno de los presidenciables. Esto irrita al Gobierno y al peronismo nacional, porque confían en que sus votantes de lista completa no se tienten con la tijera.

Los promotores quieren cumplir con la promesa de la prescindencia, y darle una mano no sólo a la fórmula de Juntos por el Cambio, con el corte de sus militantes locales. También hacerles un favor a otras fórmulas terceristas como la de Roberto Lavagna-Juan Manuel Urtubey. Estos pedidos se han enredado en la justicia electoral de Posadas y Córdoba, y esta semana desembarcarán en la CNE, por la apelación de los apoderados del Gobierno, y de la fórmula F&F.

El argumento de quienes rechazan esta consagración legal del tijeretazo de cuarto oscuro es que, si bien la ley prevé el corte de boleta, no es la herramienta adecuada que el legislador pensó para que el votante expresase su voluntad electoral. El reproche afirma que, si se lo permite, será otro avance hacia un gobierno de los jueces. También, que les costará plata a los partidos si el corte de las boletas ya autorizadas se generaliza. Conmueve cómo la picaresca se judicializa y pone de nuevo en riesgo la firmeza reglamentaria de las elecciones: en la Argentina se hacen cada dos años, pero nunca con el mismo reglamento. En 2015 la novedad fue que se agregó la elección de 43 diputados para el Parlasur; en 2019, esa cláusula se derogó por decreto. Fue para mantener el récord ominoso de que cada elección se hace con un nuevo reglamento.

Los sindicalistas esperan cita con el amigo macrista

El cisma peronista también tiñó la reunión de Alberto Fernández con los sindicalistas de varias tribus en la sede de UPCN, que terminó en un empate dialéctico. Habrá apoyos individuales, pero no corporativos, a la fórmula del peronismo. El fondo es la desconfianza de los caciques sindicales, que es la misma de los gobernadores de su partido, en las posibilidades de un triunfo claro de la oposición. ¿Para qué arriesgarse? Ellos también cortan lista y se quejan —como ocurrió en el encuentro con el candidato— de que a ellos los cortaron de las listas hace años.

Uno de los anfitriones recordó ante al candidato Fernández que en 1983 el sindicalismo había tenido un tercio de las candidaturas a diputados nacionales. En 2019 no tienen ninguno, salvo Omar Plaini o Facundo Moyano. El primero, ironizan en esas reuniones, es diputado más por su rol como dirigente del club Los Andes que por su extracción gremial. El hijo de Moyano no califica, porque en realidad pertenece a una etnia de la monarquía sindical. Le preguntaron, casi una ironía, a Alberto si “la señora” iba a gobernar o si él iba a tener la batuta. La respuesta estuvo a tono con la ligereza de la demanda. El gesto que siguió al encuentro lo dice todo: le pidieron una cita a Miguel Pichetto para la semana que se inicia.

El candidato a vice mide estos pasos, porque conoce la volatilidad de estos compañeros de ruta. Espera le sean fieles, porque él hundió en el Senado los proyectos de reforma laboral que los sindicalistas habían acordado con el poder Ejecutivo, cuando ellos le quitaron el respaldo en el Congreso. Sujetó los pasos de su bloque en esta materia a lo que dijera la CGT, y eso le costó en sus relaciones con el gobierno de Macri, que creyó que la palabra de Pichetto era la de la CGT. Los sindicalistas han aprendido que a los gobiernos se les sacan más cosas estando enfrente que al lado. Miran con envidia la suerte de intendentes opositores; en su relación con María Eugenia Vidal, resultan más beneficiados en muchos casos que los mansos oficialistas.


Ignacio Zuleta

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