Viernes, 02 Agosto 2019 00:00

Campaña pobre y con rarezas - Por Mauricio Maronna

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Está en su tramo final la peor campaña presidencial que se recuerde. Sin ideas fuerza, casi sin promesas, todo se reduce a imponer el miedo al otro. Ya no al adversario, sino al enemigo.

 

Está en su tramo final la peor campaña presidencial que se recuerde. Sin ideas fuerza, casi sin promesas, todo se reduce a imponer el miedo al otro. Ya no al adversario, sino al enemigo.

El escenario parece sobre diagnosticado: si la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner no triunfa en primera vuelta, el ballottage podría generar una victoria del binomio Mauricio Macri-Miguel Pichetto.

La peor campaña de la historia produce episodios inéditos, como por ejemplo la ausencia en los primeros planos, durante días, del presidente que quiere ir por la reelección. Si el lector de la realidad pone la mirada en esta última semana advertirá que toda la carne al asador cambiemita estuvo en la parrilla de la gobernadora María Eugenia Vidal.

"Hay una decisión de evitar que Mauricio (por Macri) venga al conurbano. La tira para abajo a María Eugenia, justo cuando ella está remontando para ganarle a (Axel) Kicillof. Lo queremos mucho, pero que el presidente se quede en Caba", narró una fuente legislativa de Juntos por el Cambio, que pidió reserva total de su nombre y apellido.

Comparaciones odiosas

El peronismo ni siquiera logró en esta campaña darle entidad a una cita futbolera que se le atribuye a Amadeo Carrizo: "Un arquero siempre debe evitar meter adentro de su arco las pelotas que van afuera". La aparición de personajes icónicos de lo peor del kirchnerismo, en una campaña en la que nada tienen que hacer, fue un centro al corazón del área macrista. Aníbal Fernández, comparando a Vidal con Barreda, es un ejemplo claro. A falta de brotes verdes, bienvenida la aparición del otro Fernández, el lenguaraz, dicen en el comando de campaña macrista.

Se sabe: el macrismo es mejor haciendo campaña que gobernando. Y algo de eso se está viendo por estas horas. Hay en el oficialismo un discurso único, hasta en la decisión de ausentar a Macri de la campaña. Cuesta encontrar fisuras en esa estrategia electoral, tanto como hallar brotes verdes y cuestiones por el estilo en la gestión.

Todas las encuestas marcan una mejoría en la intención de voto del oficialismo, al tiempo que la polarización sube los porcentajes para los dos frentes más competitivos. El nuevo mensaje hacia afuera de Marcos Peña —que sus voceros hacen llegar a oídos ansiosos— es que la fórmula Macri-Pichetto no debería perder las Paso por más del 5 por ciento de los votos. Hasta cinco puntos, la dan vuelta en primera vuelta, dicen que dice.

El número soñado

Esta situación de acercamiento al 45 por ciento de los votos, torna aún más trascendente el peso de la provincia de Buenos Aires, además de la madre de todas las batallas el territorio en que se aloja el 38 por ciento de los votos del padrón nacional. No fue casual que, de pronto, todos los dardos mediáticos del macrismo hayan sido direccionados hacia Kicillof, al punto de tratarlo de "marxista".

Si el ex ministro de Economía le gana las elecciones a Vidal, el gobierno nacional no tendrá gobernadores macristas en los principales distritos del país, aunque Juan Schiaretti, en Córdoba, parece un gobernador de la Casa Rosada. Un segundo mandato para el jefe del Estado, si es que resulta reelecto, necesita de la provincia de Buenos Aires.

Macri y Fernández empiezan a rascar la olla para poder acercar masa crítica que, en principio, buscaba otros horizontes. Está más que claro que el futuro tiene sólo dos apellidos en pugna: Macri o Fernández. Eso hace que desde los dos extremos de "la grieta" se empiece a mensurar la importancia del "voto útil".

En Santa Fe, desde el peronismo empiezan a reclamar a militantes del socialismo el voto por la fórmula Fernández-Cristina, a partir de lo que dijo el diputado provincial Eduardo Di Pollina, respecto a la decisión de no votar a la fórmula Lavagna-Urtubey. El propio presidente del PJ, Ricardo Olivera, aseveró que "los compañeros militantes del Frente Progresista y el socialismo tienen muchas más coincidencias con Fernández que con Macri" y se mostró seguro de que "en su gran mayoría van a votar esa fórmula".

La cuestión santafesina

Para intentar borrar del mapa esa posibilidad, el gobernador Miguel Lifschitz se mostró como anfitrión de Lavagna, pero hizo algo más: se trasladó a la provincia de Buenos Aires para hacer campaña a favor del candidato a gobernador de Consenso Federal.

Lifschitz necesita que Enrique Estévez ingrese a la Cámara de Diputados, para evitar tormentas posteriores respecto de la estrategia que encabezó para las elecciones nacionales. De todos modos, la prioridad y la casi única preocupación deberá estar centrada en el manejo de la gobernabilidad durante la transición santafesina.

Volviendo al escenario nacional, esta campaña muestra también un condimento sorprendente: en cualquier otro país, con los actuales índices económicos —y, fundamentalmente, con la recesión extensísima que se produjo—, ningún presidente podría aspirar a ganar la reelección. Sin embargo, Macri tiene muchas chances de lograrlo.

Otra rareza que empalma con la primera: el empresario avícola de una de las empresas más castigadas por la política económica oficial termina de hacer un aporte de campaña a la fórmula Macri-Pichetto por casi un millón de pesos.

A 9 días del cierre de campaña, nada está definido.


Mauricio Maronna
Twitter: @MauricioMaronna
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