Viernes, 02 Agosto 2019 00:00

El espectro del atraso del dólar y sus efectos políticos - Por Fernando Laborda

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Es claro que, con sus declaraciones de los últimos días, Alberto Fernández ha intentado reinstalar el tema de la economía en la arena electoral. De ese modo, buscó encarrilar una campaña desordenada y deslucida de la principal fuerza opositora, que ha venido reflejando la falta de una conducción unificada.

 

Superada la confusión inicial que el propio candidato presidencial del Frente de Todos generó al advertir que dejaría de pagar los intereses de las Letras de Liquidez (Leliq) que emite el Banco Central, cuando en realidad quiso decir que buscaría bajar sensiblemente las elevadas tasas que esta entidad les paga a los bancos, el único beneficio para Fernández fue que abrió un debate sobre una debilidad del gobierno de Mauricio Macri : el pago de tasas insostenibles para evitar una nueva disparada del dólar. Sin embargo, también con sus críticas apreciaciones sobre una presunta subvaluación del billete norteamericano, dio a entender que, si el kirchnerismo llegara al poder, habría una devaluación del peso aún mayor.

La estabilidad de la cotización del dólar de los últimos meses le ha permitido al Gobierno mejorar las expectativas de la ciudadanía. Si bien en julio la moneda norteamericana creció algo más del 3%, su valor actual (45,40 pesos) es hoy prácticamente igual al que tenía hacia fines de abril. Fernández puso sobre el tapete el fantasma del atraso cambiario.

En el Gobierno se señala que no puede existir atraso cambiario en un mercado libre, en el que los valores están en equilibrio. Se trata de una apreciación que no es compartida por economistas cercanos a posiciones liberales y, por lo visto, tampoco por el postulante presidencial kirchnerista. El consultor Agustín Monteverde, docente de la Universidad del CEMA y consejero de la Fundación Libertad y Progreso, sostiene que el actual régimen cambiario tiene muy poco de libre, por cuanto la política monetaria y financiera están orientadas a controlar el tipo de cambio, como lo demuestran las altas tasas de interés del orden del 60% que se están pagando por las Leliq y el aproximadamente 50% que están abonando los bancos por plazos fijos a 30 días.

Desde el Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano, que dirige el extitular del Indec Víctor Beker, se dio a conocer en estas horas un informe que da cuenta de que el tipo de cambio real llegó a fines de junio al mismo nivel de diciembre de 2015, tras el levantamiento del cepo cambiario por el gobierno de Macri.

De acuerdo con este estudio, tomando un valor equivalente a 100 para el dólar en el primer mes de Macri, la moneda estadounidense llegó a estar en 129,46 en septiembre de 2018 y descendió hasta 100,37 a fines de junio, tras caer un 7% con respecto al mes anterior. El tipo de cambio real se calcula tomando como base el valor del dólar en diciembre de 2015 y se estima su evolución comparándolo con el aumento del índice de precios al consumidor para el rubro servicios.

Más allá de la probable intención del candidato presidencial de Cristina Kirchner de acelerar la incertidumbre económica para complicar la situación del oficialismo y obtener un rédito electoral, no pocos economistas admiten que, así como las Leliq le han servido al Gobierno de ancla cambiaria, también su nivel de tasas de interés resulta insostenible. El problema que plantea Fernández es real, independientemente de que la gestión nacional kirchnerista haya contribuido mucho a los actuales problemas de financiamiento.

La masa de Leliq supera los 1,2 billones de pesos. Medidas en dólares, representan alrededor de 26.000 millones de dólares y arrojan un ratio superior a las reservas disponibles del Banco Central. Puede tratarse de una bomba de tiempo semejante a otros instrumentos del pasado, como las Lebac.

Sin embargo, puestos a elegir entre Macri y Fernández, los operadores del mercado financiero confían mucho más en el primero. Fundamentalmente, porque el actual gobierno ha demostrado un apoyo internacional que ha sido decisivo para apagar el incendio que se le declaró hacia abril del año pasado, cuando quedó de manifiesto la crisis de financiamiento.

Hay una creencia generalizada en el mundo financiero en que un triunfo electoral de los Fernández acentuaría la probabilidad de una más fuerte devaluación del peso y de un nuevo estallido inflacionario y en que, si Macri es reelegido, habrá un escenario internacional de mayor confianza en el país que permitirá seguir haciendo el ajuste fiscal sin una devaluación tan traumática.

Pero independientemente de quiénes resulten ganadores en las elecciones, al próximo gobierno lo espera una difícil realidad, basada en que ni el crédito internacional puede ser infinito ni las bicicletas financieras pueden funcionar eternamente, por cuanto los fondos especulativos que hoy buscan rendimientos extraordinarios en dólares gracias a tasas exorbitantes en pesos, en determinado momento, volverán a presionar sobre el mercado cambiario.

Fernando Laborda

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