Lunes, 05 Agosto 2019 00:00

Todos se cuidan en Córdoba, el enigma del voto de Sergio Massa y los agitadores del fraude - Por Ignacio Zuleta

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Las estrategias del macrismo y el kirchnerismo en la recta final hacia las PASO, en un escenario de resultado incierto.

 

Juntos pero separados, la estrategia Macri-Pichetto para Córdoba

Mauricio Macri y Miguel Pichetto diseñaron a solas el último tramo de la campaña del oficialismo. Fue en la noche del miércoles en la soledad de Olivos, una sede que no tiene para ellos los mejores recuerdos. La usan a reglamento. Pregúntenles por qué prefieren estar en otros lugares, como Los Abrojos o algún otro cotorro. La fórmula se reunió en torno a un café para evaluar decisiones y movimientos dirigidos a descontar la diferencia - a favor en algunas comarcas, en contra en otras - con la oposición.

Una de ellas fue concentrarse en acciones para retener el voto en la plaza decisiva de Córdoba. Allí Macri comparte el mismo padrón con el cordobesismo de Juan Schiaretti, que apoyó a la candidatura de Olivos manteniendo las fechas separadas y la lista corta. Lo mejor para no resentir esta ventaja es no menear mucho al peronismo de Córdoba, mostrando la fórmula junta en el acto de cierre del miércoles en la Plaza de la Música (aforo 8.000 almas, ya está lleno). Pichetto estará en Córdoba el martes todo el día y después se irá a Misiones, antes de que llegue Macri.

Inquietudes regionales y una posible cumbre en Misiones

En esos conciliábulos secretos, se confiesan mutuamente en el clima que habilita una luna de miel, para terminar de conocerse el uno al otro. Por ejemplo, cuitas laterales que están fuera de los titulares. Una es la que le sacó el sueño a Macri por la suerte de Mario Abdo, presidente del Paraguay, un socio estratégico de la Argentina en el Mercosur.

Zafó de un juicio político, que pudo destituirlo por firmas en un contrato resbaladizo con el Brasil. Eso llevaba a Paraguay a elegir nuevo presidente en 90 días, con el golpe que significaba la caída de un gobierno amigo de la era pos chavista en la región, y en plena campaña argentina. Por eso se interesa Macri en una fecha: 23 de agosto. Ese día espera estar en Puerto Iguazú para recibir un vuelo simbólico de la línea Air Europa, que unirá Madrid con esa ciudad misionera.

Preparan la asistencia de Abdo y también de Jair Bolsonaro. Produce Ramón Puerta, embajador en España que está en la lista corta de Olivos, para reemplazar a Carlos Magariños en la embajada en Brasilia, en caso de que Macri reelija. Magariños ya dejó esa legación, para embarcarse en un proyecto de la industria energética. Presidirá una supercámara que reunirá a todas las cámaras de empresas petroleras y de energía, una especie AEA de la energía y el petróleo, que unificará las políticas del sector. Lo ubicaron allí las grandes empresas, YPF una de ellas, a través de un head hunter.

Dará que hablar si reelige Macri, porque es parte del nuevo formato de la política oficial en un país en el que se afirma que en 5 años la energía superará en exportaciones al campo.

Alberto y Cristina tampoco quieren exasperar a los cordobeses

Con el mismo propósito de no exasperar los dobleces del peronismo cordobés, Alberto Fernández hará una aparición el jueves en esa provincia, sin el factor que puede dividir a esa fuerza, que es Cristina Kirchner. Se pasó 12 años confrontando con el peronismo cordobés y eludió aparecer por allá todo lo que pudo. El dictamen del Instituto Patria es que no es el mejor momento para mostrarse junto a Alberto, elegido cabeza de fórmula, porque recorta menos en el peronismo.

La ventaja de la fórmula F&F es que reconoce el techo de la ex presidenta, pero también es su debilidad, porque instala una contradicción en donde no debería existir. Asumir el cisma que contiene la propuesta del peronismo, es una carga en el electorado de las grandes ciudades, el mejor informado, que lee entrelíneas y analiza la conducta de los candidatos como si fueran personajes de ficción.

Les aplica herramientas de psicología de urgencia, y eso pone en evidencia resbalones que les hacen perder casillas. Alberto dijo a una radio este fin de semana: "Estoy revisando lo ocurrido, lo que pasó, me doy cuenta de que algunas cosas molestaron a algunos y esas cosas no pueden volver a repetirse". ¿Lo eligieron candidato para que la revisase a Cristina? Del mismo modo, cabe preguntarse quién es el cliente de la frase de Axel Kicillof, de que piensa distinto a Alberto en materia económica.

Horizontales vs. Verticales

Lo que para algunos puede verse como una contradicción, es consecuencia de la necesidad de la oposición de hacer una campaña segmentada, en un electorado inabordable por las herramientas convencionales del sondeo de opinión. A una semana de las PASO se produce un fenómeno nuevo en el universo de las encuestas: nadie apuesta a un resultado cierto, y dicen en público que no descartan ningún escenario posible.

Se empastó la máquina y esto tiene un motivo fácil de entender. En un país de voto obligatorio y con elecciones en fechas superpuestas, en las que no se sabe quién arrastra a quién en las boletas, el electorado se fragmenta a la hora de responder a una encuesta. El oficialismo ha demostrado ser más ducho en el manejo de las mancias de la informática electoral, y en aprovechar las herramientas de lectura fina de los big data, según un formato de estudio que les saca ventaja a los métodos de la sociología electoral convencional.

Va de la mano de la construcción de Cambiemos, que nació de escuchar demandas de la burguesía de las grandes ciudades. El liderazgo de la fuerza se traduce de manera directa en la candidatura de Macri. Es el jefe, y por eso es el candidato: no contradice lo que escuchan sus gurúes en el planeta de los big data. La oposición, mientras, está anclada en formas tradicionales de sondear la opinión pública. Aborda el tratamiento de electorados cautivos y busca traducir sus contradicciones en las fórmulas invertidas y contraintuitivas: manda Cristina, pero el candidato es Alberto; Magario pone los kilos pero el candidato es Axel.

Es, por donde se lo mire, una martingala que busca aprovechar contradicciones y que no puede resolver el liderazgo. Es la diferencia entre una fuerza horizontal como Cambiemos, con otra vertical, como el peronismo. Tampoco se entiende bien quién es el cliente de ese producto híbrido.

Para no perder el sueño, mejor ir a los números básicos

La contradicción entre un método y el otro alimenta la confusión del público. Los explicadores apabullan con señales de humo, que intoxican o que distraen, porque son cautivos de los intereses del oficialismo y de la oposición, según de quién se trate. Estos modos de entender al público transmiten la impresión de que los observadores no pueden analizar, con el mismo método, las diferencias entre un oficialismo que juega al tenis y una oposición que juega al hockey.

La grilla que se le aplica a uno no es útil para entender al otro. Si cada método necesita una hermenéutica distinta, nadie está en condiciones de resolver las contradicciones de la superficie, que adelantan las PASO. El análisis se convierte en un comentario casuístico sin utilidad predictiva. Para dormir tranquilos, algo que no pueden hacer los encuestadores que pierden el sueño para conservar su empleo, lo más útil es ir a los básicos. Por ejemplo, repasar los resultados de las PASO 2017 en Buenos Aires.

En la categoría senador nacional, Cristina le ganó a Esteban Bullrich por 35,58% a 35,35%, pero perdió en la elección final, la que vale, por 41,35 a 37,31%. Massa había sacado 15,51% y bajó en la general a 11,31%. Nadie puede decir que Cristina no era mejor candidata que Bullrich, pero perdió en una elección en la que no jugaron ni Macri, ni Eugenia Vidal.

​ La pregunta es quién se llevó los votos de Massa; dicho de otra manera: cuántos que lo apoyaban a Massa, porque estaba contra Cristina, lo siguen ahora que capituló en el Instituto Patria. Esto sólo lo resuelve la urna del 11 de agosto, que echará claridad sobre tanto prejuicio y tanta militancia informativa.

Las PASO a punto de quedar bajo amparo judicial

La inquietud por el recuento de los votos ocupa también la última semana antes de las PASO. La Cámara Nacional Electoral tiene para tratar dos pedidos de la oposición, pero ya avisó de manera informal que no resolverá nada en estos días, cuando falta poco para las elecciones.

Se adelanta la posibilidad de que en la fórmula F&F haya un pedido de amparo y que las urnas se abran bajo ese paraguas. Uno de los pedidos es una queja porque el gobierno no les dio el software a usar en la transmisión y recuento provisorio de los votos, en el plazo convenido, como para que sus expertos se lo aprendiesen y pudieran auditarlo.

El pedido de amparo que puede desembarcar en las próximas horas, reclamará que se suspenda la actuación de la empresa contratista para esas tareas. El otro pedido es para que, en la noche del 11 de agosto, no se den a conocer tendencias de datos consolidados a nivel nacional en la categoría de presidente, hasta que no se haya hecho el recuento del 10% de las mesas.

Este pedido implica esperar que se haga el recuento del 10% de la provincia de Buenos Aires. El peronismo cree que si se adelantan tendencias sin ese piso, se crea una sensación de victoria que no les conviene. Nadie explica nunca qué se busca con ganar las efímeras pantallas del domingo, si a la madrugada ya se conoce todo. Esta vez el Correo dice que a las 24 del lunes podrán darse datos totales.

En dos de las cenas que mantuvo Cristina en el último mes con gobernadores - visitas justificadas con la presentación de su libro - la candidata a vice expresó preocupación por el sistema de transmisión y recuento de votos. Un anuncio de que la oposición va a hablar de fraude. Como el peronismo fue oficialismo alguna vez, conoce la capacidad de daño que tienen estas denuncias, que casi nunca prosperan, pero que desprestigian.

Lo pagó caro en 2015 cuando hubo quema de urnas y tumultos en Tucumán, en una elección que precedió a las nacionales. Ahora reclaman seguridad que, por las dudas, el gobierno les concedió a los peronistas para que puedan registrar en cada punto del trámite del voto, imágenes de los resultados - mesas, escuelas, el correo, etcétera-. La Cámara Electoral, por sugerencia del Correo, que es responsable de la tarea, accedió a todos esos pedidos.

El fantasma del chavismo

Se cuida mucho el peronismo en estos reclamos, porque la tarea que cuestiona es la transmisión de datos, confiada bajo contrato a una compañía privada que nació en Venezuela, para la instauración por parte de Hugo Chávez del voto electrónico.

Después de unas discutidas elecciones al Congreso, esa firma migró hacia Gran Bretaña y comenzó una carrera, ya despojada de acento caribeño, que la llevó a ganarle la licitación a la histórica contratista de la transmisión y recuento provisorio, la española Indra. El peronismo logra que les accedan a los pedidos de controlar, pero no carga sobre la compañía para que el tema no entre en el debate venezolano, en donde lleva las de perder en el público moderado. Venezuela connota además la mano negra de los rusos en elecciones, etc.

Todo para perder, hasta cuando se repara en leyendas sobre quién representó a la firma en la Argentina, un miembro de la familia Born. El Gobierno justifica que ese contrato se ganó lícitamente porque ofrecieron el mejor precio, y es una señal de que quieren alguna vez tecnificar las elecciones para sacarlas del mundo del telegrama y el papel.

Peleas simbólicas que terminan haciendo sombra sobre la tierra, cuando una elección está tan empatada, y las fuerzas libran lo que Graciela Camaño llamó una guerra de pobres: nadie tiene mucho, no saben con qué pueden contar ni cómo les va a ir.

En esas neblinas se entiende que Cristina y los suyos alcen denuncias de fraude: quizás llegan al Patria pronósticos que sobredimensionan las chances de ella y Alberto. Si estos augurios después no se cumplen, la denuncia de fraude queda muy a la mano.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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