Jueves, 08 Agosto 2019 00:00

Voto optimismo le gana a voto bronca - Por Marcos Novaro

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La campaña de los Fernández repitió hasta el cansancio que Macri era un desastre y que de su mano todo iba a ir cada vez peor. No calculó que mucha gente tiende a cansarse de su propio enojo. Y el oficialismo está aprovechando ese error.

 

Hay una insistencia con la campaña del miedo, de la que se espera sirva para movilizar votos “contra el otro”. Pero su eficacia es bastante discutible, y probablemente decreciente. La manifestación más reciente, y una de las más grotescas, de esta campaña fue un artículo de Mempo Giardinelli en el que se adelantaba que los oficialistas, con tal de quedarse en el poder, eran “capaces de todo”, de fraguar muertes en enfrentamientos, saqueos en supermercados y asaltos a locales partidarios. Giardinelli insistió también con algo que viene agitando el comando de campaña del Frente de Todos hace días, el miedo al fraude. Lamentablemente, no están solos: cuando los candidatos oficiales amenazan con “volver al pasado” y “terminar como Venezuela”, como hicieron en las últimas horas María Eugenia Vidal y Alfredo Cornejo, buscan sacar agua de la misma fuente, que tanta agua por suerte no tiene.

Incluso, los propios candidatos presidenciales se involucraron en este intercambio de barro en los últimos días, y ninguno salió muy bien parado que digamos. Mauricio Macri invitó en un tweet a que sus seguidores se manifestaran, dieran a conocer su apoyo a la continuidad de su gestión, porque “te aseguro que a nada le tienen más miedo (los kirchneristas, se entiende) que a personas como vos diciendo que me van a votar”. ¿En serio pensaron en el comando de campaña de Juntos por el Cambio que era una buena idea que el presidente, aunque esté haciendo de candidato, ande promoviendo causarle miedo a una parte de la sociedad, a la gente que se le opone? Es cierto que muchos kirchneristas fanatizados reaccionaron bastante mal a la de otro modo intrascendente declaración firmada por algunos personajes más o menos conocidos en el sentido que lo reclamaba el presidente, pero eso no justificaba que se les replicara con tal provocación, con una invitación a “ponerlos locos para que sigan mostrando la hilacha”, mucho menos que la enunciara el propio presidente.

Pero el episodio no terminó ahí. Lo más gracioso del asunto fue la reacción de Alberto Fernández. Tenía una oportunidad regalada para anotarse un poroto, poner en evidencia el error de Macri y mostrarse más serio y conciliador que su contrincante, tal como ha buscado hacer desde que arrancó la campaña, sin éxito. Y la dejó pasar del peor modo imaginable. Acusó al presidente de “manipular a la gente”, pero no por apelar y agitar el miedo, no por alentar manifestaciones ciudadanas confrontativas, sino por hacerlo con una finalidad espuria, esto es, tergiversar el hecho de que quienes tienen no miedo sino pánico a que él siga en el poder no son solo los kirchneristas sino todos los argentinos que se precien, porque se van a “quedar sin trabajo”, “tapados de deudas”, “aplastados por la inflación”, etc., etc.. La verborragia le ganó otra partida a la prudencia.

Fue curiosa la patinada de Macri porque, hay que reconocer, hasta aquí lo ha hecho mucho mejor que sus adversarios (¿será que maneja el twitter con la misma peligrosa espontaneidad de Trump?). Cometió pocos errores y dosificó bien sus intervenciones y mensajes. Y, sobre todo, porque en los últimos tiempos se enfocó cada vez más en mensajes positivos. A cada crítica de la oposición, él, sus candidatos y funcionarios han respondido con datos o medidas que más bien desarmaron la confrontación, en vez de insistir en ella. Y eso parece haber dado cada vez mejor resultado, en un contexto en que la opinión pública está girando hacia un módico optimismo y alejándose del enojo y el escepticismo que predominaron durante lo peor de la crisis. Hay por lo menos dos ejemplos de esta funcionalidad entre mensajes más positivos y tendencias imperantes en la opinión que vale la pena destacar.

Después de meses de silencio, el ministro de Hacienda finalmente se decidió a contestar con datos y argumentos las críticas que había lanzado Alberto Fernández sobre el déficit fiscal, el manejo de la deuda y otros asuntos de su incumbencia. Y explicó los avances en dirección al equilibrio fiscal, los usos que se han dado a los fondos provenientes del FMI y algunas otras cuestiones, desmintiendo que de una discusión sobre economía el gobierno no tuviera modo de salir bien parado. Fue una señal para que otras figuras oficiales se animaran también a hablar del tema, contra la pretensión algo absurda de que lo mejor era evitarlo. Y de este modo además se pudo advertir una diferencia importante: al oficialismo le va mejor en el terreno de la interpretación de la situación, donde su versión de las cosas tiene bastante crédito en la sociedad, que, en la confrontación con los datos duros y puros, que siguen siendo claramente negativos en muchos terrenos. Conclusión: mientras más hable, mejor, contra la versión más temerosa que inicialmente signó su campaña.

Segundo ejemplo, la mayor efectividad que alcanzó la palabra presidencial desde que empezó a hacer énfasis con un tono esperanzador y optimista en resultados concretos que desmienten o al menos relativizan los argumentos de la bronca y la decepción. Como todo gobernante en ejercicio, Macri tiene la ventaja de que puede mostrarse haciendo, en vez de solo hablando, y aun cuando a su gestión muchas cosas no le han salido muy bien que digamos, lo cierto es que la valoración de la opinión es muy desigual según rubros, y en algunos no es para nada mala. Así que la ventaja de hacer hincapié en logros en esos rubros, para que no pasaran “desapercibidos en un clima excesivamente negativo”, era doble y le iba a permitir combatir el clima de bronca. Así lo hizo, primero en la obra pública, luego también en seguridad, transparencia y relaciones internacionales, tocando pavimentos, al grito de “carajo”, gestos que en otro contexto hubieran sonado más que enfáticos, sobreactuados, pero que parecen estar teniendo un efecto general positivo y ofreciendo otras razones para acompañar al oficialismo. ¿Le alcanzará? Lo sabremos en pocos días.

De lo que no cabe duda es de que se llega finalmente a votar, en una primera instancia, en un contexto que ya cambió sensiblemente respecto al momento en que se diseñaron las campañas. Y eso tanto como la improvisación y el desorden parecen haber afectado la eficacia de los opositores más que la de los oficialistas.


Marcos Novaro

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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