Lunes, 12 Agosto 2019 00:00

Ganó Alberto Fernández y ahora Macri debe ocuparse de la transición - Por Marcos Novaro

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Las urnas expresaron el malhumor social y todo quedó definido antes de tiempo por un resultado que, incluso, sorprendió a la propia Cristina.

 

Las PASO que no iban a resolver nada, finalmente lo decidieron todo y cerraron la discusión. Le ofrecieron a la sociedad el canal que estaba buscando para expresar su malhumor con la situación económica y los errores cometidos por el gobierno de Macri, y lo usó. Y lo hizo con tal contundencia que ya no importa octubre, ni va a haber, claro, segunda vuelta (salvo, tal vez, para la ciudad de Buenos Aires, y vaya a saber con qué resultado).

Macri quedó así, desde anoche, frente a su hora más delicada: tiene que elegir un curso de acción para terminar medianamente en orden su mandato, y más todavía, asegurar que se cumpla efectivamente su objetivo primario cuando asumió, terminarlo en término, y entregar el poder el 10 de diciembre. Algo que no logra un presidente no peronista desde 1928. ¿Puede hacer al mismo tiempo las dos cosas, competir como candidato a la reelección, y hacer el trabajo de presidente en los meses que vienen, asegurando una mínima gobernabilidad? Va a tener que intentarlo, pero sin duda al hacerlo tendrá que tomar decisiones difíciles, y privilegiar uno de los dos roles: es muy probable que si se ocupa solo o mayormente de competir, la gobernabilidad tienda bien pronto a evaporarse.

Para empezar, tendrá que decidir si prioriza el escenario que le convendría para ser más competitivo: polarizar y hacer como Lilita Carrió anoche, recordarle a la sociedad que el peronismo en el pasado ha cometido todo tipo de atropellos contra la república. Si en cambio pone por delante de su trabajo de candidato, su rol de presidente, la prioridad será asegurar una transición mínimamente ordenada, y para eso el primer paso es lograr una vía de diálogo y negociación con Alberto Fernández. Claro que, aún eligiendo esta segunda vía, puede fracasar: tal vez no logre convencerlo de que le conviene jugar a la estabilidad, y no al estallido.

Porque del lado de los vencedores también las cosas están complicadas. Alberto logró un fuerte espaldarazo en las urnas que podrían darle más autonomía frente a su heterogéneo entorno. E incluso frente a Cristina. Que por algo ayer lucía descolocada, también ella sorprendida y hasta más preocupada que alegre con el resultado. Pero habrá que ver si el ahora candidato confirmado puede y quiere usar esa autonomía para negociar con Macri. Tal vez la use para lo mismo que Menem en 1989, aumentarla aún más, librándose de todos los bloqueos y vetos que lo rodean. Y, ¿qué mejor que un buen estallido para lograrlo?

Semanas atrás el exjefe de gabinete de Néstor sugirió que el dólar estaba atrasado, pero sólo logró que se moviera unos centavos. Hoy si repitiera su intento seguro lograría dispararlo bastante más lejos. Y tal vez ni siquiera le haga falta: el dólar va a trepar solo, y con que Fernández avise que no piensa negociar con Macri, bastaría para adelantarle a los operadores económicos que el despelote tiene todas las chances de empeorar.

Ojalá el Alberto recuerde, si lo tentara ese camino, que a Menem le tomó dos años enderezar el barco que él mismo había hecho tanto por escorar, y que en el medio varias veces estuvo a punto de naufragar y arrastrarlo consigo. Si lo hace podría concluir que le conviene demostrar, desde ya, que va en serio cuando se presenta como un moderado y un componedor, que no va a repetir las fórmulas ya ensayadas en el pasado, que terminan pagándolas sobre todo los más débiles.

La cuestión es que, aún si Macri apostara por la gobernabilidad por encima de la competencia, y Fernández lo hiciera por la moderación y no por el estallido, todavía aquél debería poder contener en lo inmediato la fuga hacia el dólar, y éste convencer a al menos parte de sus seguidores de apoyarlo en un camino concertado. Tal vez sea más o menos fácil que avance con los gobernadores, pero no lo va a ser tanto con los demás protagonistas de la victoria, en particular con Cristina, Kicillof y La Cámpora. Y como los tenedores de pesos y bonos lo saben, al menos algo de corrida detrás del dólar va a haber. La clave estará en si los protagonistas de esta transición iniciada tan de improviso, pero que ya no tiene vuelta atrás, son capaces de ponerse de acuerdo y de hacerlo rápido, para evitar que, aun cuando finalmente intenten hacer lo correcto, tampoco funcione.

 

 

Marcos Novaro

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