Jueves, 15 Agosto 2019 00:00

La política tiene que dejar a la gente en paz - Por Mauricio Maronna

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La histeria de la pos Paso genera angustia en la sociedad. Los increíbles errores no forzados de Macri y las frases poco felices de Fernández y Solá.

 

La histeria con que se desarrollan los primeros días pos Paso lo único que ha logrado es poner al país patas para arriba y generar angustia en la población. Mauricio Macri y Alberto Fernández deben sacarlo todo afuera para encarrilar el desastre. Está claro que el presidente y hacedor de este mal presente es uno. Que, además, perdió las elecciones, Pero también está clarísimo que, sin una colaboración esforzada del ganador de las Paso, todo será un aporte más a la confusión general.

Ayer, al fin, Macri se puso los pantalones largos y lo llamó a Fernández. El potencial presidente se puso a disposición y dijo que hay que preservar la tranquilidad. La Tranquilidad Después de la Paliza", título de un disco de Francisco Bochatón, que cae de perillas para describir el estado de las cosas.

Los candidatos deben entender que ya no se gana nada gritando uno más fuerte que el otro, o poniéndose en una posición más caprichosa. De ese modo, tiemblan los mercados para llevar agua a su propio molino. Y tiembla la sociedad que siempre pierde. Pero pierde también por la pavura de comprobar cómo se mueve la tierra a su alrededor.

Mala lectura

Macri, Fernández, el resto de los candidatos (al fin, la política) tienen que transitar el lejanísimo período hasta el 27 de octubre con la menor histeria posible, haciendo lo que se hace en los países normales. No sólo que no hay presidente electo, sino que existe un presidente que leyó pésimo los resultados, aun el día después.

Salvo por un milagro —que en política nunca se produce— Macri perderá las elecciones y deberá transitar hasta diciembre con un presidente electo de signo político diferente. Las transiciones en Argentina nunca estuvieron a la altura, salvo cuando se trató de traspasarse el poder entre compañeros.

La mala calidad institucional les hace creer a los que llegan al poder que sacarse una foto con el que se va es ruinoso para su imagen. Vaya uno a saber por qué raro concepto, sin justificación teórica. Y el que está en el poder evita al que viene para no perder imagen. En Santa Fe _y de esto no se habla_, pasaron casi dos meses de las elecciones y el gobernador actual (Miguel Lifschitz) y el electo (Omar Perotti) no se reunieron públicamente ni una sola vez. Un despropósito.

A propósito de Perotti. Ayer estuvo dos veces con Fernández, en las oficinas que el candidato peronista tiene en el barrio de San Telmo. Entre esas dos visitas del rafaelino, María Eugenia Bielsa pasó también por el lugar. ¿Será la ex candidata a gobernadora integrante del futuro gabinete de Fernández? Se sabrá con el tiempo.

Las dos cosas

Ayer, Macri cumplió con una de las dos cosas que le pide un sector del círculo rojo: salir del encierro y anunciar medidas populares. A la par, siempre está latente el reclamo para que desaloje del gobierno a Marcos Peña, a quienes culpan de la debacle. Nadie podría asegurar que el presidente no vaya a hacer saltar por los aires a algunos fusibles. Pero Peña es para Macri mucho más que un fusible.

Lo que Macri necesita es comprar tiempo. Si lo tuviese, las medidas anunciadas (¿populismo rubio y de ojos celestes?) cobrarían mayor sentido. Qué curioso: el incumplimiento presidencial de la promesa de modificar Ganancias fue el primer mordiscón a la manzana envenenada, la raíz de los encontronazos con la clase media.

Distinto hubiera sido en este caso el peso de la historia si el gobierno de Cambiemos gobernaba para la clase media. Ahora es tarde.

La razón de la debacle se la dijo a dos funcionarios el consultor Jaime Durán Barba, hoy de pésima reputación. Se cita en el libro "Durán Barba, el mago de la felicidad", de Andrés Fidanza (Editorial Planeta), que el ecuatoriano incriminó al ministro de Hacienda y al presidente del Banco Central porque "se metieron en la heladera de la gente".

Se escribió en esta columna más de dos veces que Macri iba a perder las elecciones por la economía, precisamente por el factor heladera. O el síndrome de los bolsillos vacíos. Recién ayer, con los mercados castigando al país con una lluvia endemoniada de mala vibra, Macri salió a admitir que castigó y cansó a la gente. "Les exigí mucho, fue como trepar el Aconcagua y hoy están cansados y enojados", dijo, como si se tratase de un preparador físico hablando de los jugadores y la pretemporada.

Desde el lado del peronismo triunfante también habría que apelar a la mesura. En una entrevista televisiva, Fernández no se mostró contrariado por la suba del dólar. Es más, dijo que la devaluación de las últimas horas es una corrección del valor. "Es un sinceramiento", sorprendió ante los periodistas del programa Corea del Centro. En un aporte más a la confusión general, Felipe Solá sugirió al gobierno que restrinja la venta de dólares. No todos los errores no forzados provienen del gobierno, aunque hoy tenga mala prensa.

Esa necesidad de dejar tranquila a la gente llegó en cuentagotas. Hasta que apareció la iracunda, y muchas veces irracional, Elisa Carrió, quien denunció fraude proveniente de los narcotraficantes. Había un gran disco de Crucis —extraordinaria banda de rock setentista— que se llamaba Los Delirios del Mariscal. No tenía que ver con Carrió. Fue grabado en 1977.

Si de letras de rock se trata, unos y otros, al fin la clase política nativa, deberán recordar aquel título en gerundio de Charly García: Buscando un Símbolo de Paz. Y llevarlo a la práctica de manera rápida, antes de que todo sea peor.

Gobernar bien es dejar a la gente en paz. Y no otra cosa.

Mauricio Maronna
Twitter: @MauricioMaronna
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