Jueves, 15 Agosto 2019 00:00

Montaña rusa - Por Sergio Crivelli

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El 2 de agosto Alberto Fernández dijo que el dólar estaba atrasado y debía valer 57 pesos. El 11 sacó 11 millones y medio de votos. El 12 el dólar cerró a 57 pesos después de haberse disparado hasta los 62.

 

Bajarlo al nivel anticipado por Fernández le costó al Banco Central 100 millones de dólares de las reservas. Al final de la jornada del lunes los tenedores de pesos (es decir todos los ciudadanos) habían visto reducido su patrimonio en más del 20%.

A eso hay que sumarle el impacto de la devaluación sobre los precios. La inflación venía bajando desde marzo, pero ahora se espera un nuevo pico, producto del dólar Alberto. A lo que hay que sumarle también que después de que Alberto F. amenazó con no pagar su renta, las Leliqs comenzaron a no ser renovadas. El lunes eso significó la emisión de 158 mil millones de pesos que presionarán sobre el dólar.

Cuando el candidato kirchnerista pronunció su profecía calamitosa sobre el dólar no sabía que iba a derrotar al macrismo y que se convertiría en el virtual presidente. En ese momento intentaba zamarrear la precaria estabilidad que permitía a Mauricio Macri ser más competitivo. De haber vislumbrado su arrolladora victoria tal vez se hubiese ahorrado la parte de los números. La relación entre el triunfo peronista y la devaluación no podía ser más obvia.

La pérdida de toda chance de ganar en octubre irá convirtiendo paulatinamente a Mauricio Macri en un presidente fantasmal. La expectativa de poder está depositada en el kirchnerismo, por lo que la economía se irá adaptando a lo que los mercados crean que hará Fernández.

En los próximos meses quedan por lo tanto dos cuestiones centrales por resolver: la primera es quién hará el ajuste que falta. Fernández cree que debe hacerlo Macri y lo dijo con claridad: "Ese es el esfuerzo que él tiene que hacer y, en ese esfuerzo, todos los argentinos lo acompañaremos, pero es una tarea que tiene que hacer él".

Macri, por su parte, ya pagó suficiente costo político por emprolijar los índices macroeconómicos y difícilmente quiera pagar más, por lo que se esperan meses de tensión y conflicto hasta el 10 de diciembre. El lunes fue claro: la culpa de la devaluación es del kirchnerismo; que se haga cargo.

La segunda incógnita está vinculada con quién dictará la política económica del próximo gobierno. Si Alberto Fernández o Cristina Kirchner. Alberto mandó el mensaje a través del economista Matías Kulfas, considerado su vocero: "Tenemos absoluta voluntad de pago", repitió después del triunfo. Cabe aclarar que se trata de una voluntad de pago condicionada a una refinanciación que permita a la economía crecer. Es letra de campaña, expresión de deseos. Posibilidad de que ocurra: cero.

Falta, además, conocer la opinión sobre el tema de La Cámpora. Pocos días atrás en una aparición ante sindicalistas Máximo Kirchner dejó abierta la posibilidad de un nuevo default. Como se ve, las diferencias no son menores entre los vencedores. Si a eso se suma la debilidad de un gobierno en retirada, está todo dispuesto para un nuevo paseo en la montaña rusa.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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