Viernes, 16 Agosto 2019 00:00

Suena difícil, ¿no? - Por Carlos Fara

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Ya pasados de analizar qué pasó y por qué no se pudo medir la profundidad de la victoria de los FF, pasemos a ayudar a responder la pregunta del millón: ¿esto se puede revertir?

 

Consideremos 3 factores en que se cifraban las esperanzas del gobierno:

  1. que hubiese más participación que en la primaria de 2015,
  2. que respondiese bien el cordón centro (Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y Mendoza) para equiparar la pérdida en la provincia de Buenos Aires, y
  3. que el miedo al regreso de Cristina sea más fuerte que el miedo al ajuste económico.

Ninguno de los 3 factores se verificó y entonces a barajar y dar de vuelta.

¿En qué parece confiar el gobierno ahora?

  1. El natural aumento de participación entre las PASO y la general, como ya sucedió en 2015 y 2017;
  2. Una mayor polarización vía dilución del voto anti K que se fragmentó en la primaria (electores de Lavagna, Espert y Gómez Centurión);
  3. Recuperar votos de clase media vía anuncios de gobierno;
  4. Recuperar votos de gente que habría dado un aviso al gobierno, pero que no lo va a despedir del cargo necesariamente.

Hagamos cuentas, bajo el supuesto de que los FF tocaron su techo y ya no podrían recibir más votos (obviamente esta hipótesis favorece los cálculos del gobierno):

  • En la primera vuelta de 2015 fueron a votar 2 millones que no asistieron a las PASO, y eso produjo que la foto de la primaria cambiara;
  • En ese primer turno los 3 principales candidatos incrementaron sus votos, sobre todo Macri (1.810.000), y luego Massa (750.000);
  • Siendo el actual un escenario de polarización mayor, vamos a suponer que se suman nuevamente 2 millones y se los asignamos a Macri, y una eventual baja de votos en blanco + impugnados también se lo concedemos (200.000 votos);
  • Eso daría una participación de 26.720.000, con unos 25.800.000 de votos afirmativos (que son los que interesan ahora);
  • En ese marco, los FF obtendrían el 45 % y Macri – Pichetto el 39 %;
  • Luego se deberían licuar otros votos opositores en favor del presidente, y restaría ver si tienen efecto los anuncios del gobierno, y una reedición de la apelación al miedo por un regreso de CFK;
  • Con todo eso se llega a la bendita segunda vuelta.

Un oficialista optimista diría: “sí se puede!”. Matemáticamente el cálculo es precioso, pero… obvia al menos dos cuestiones:

 

  1. Que no habrá turbulencia económica tan fuerte que la gente pida otro piloto de tormentas; y
  2. Que la mayoría no crea que la elección ya se terminó (siendo Alberto el seguro futuro presidente), de modo de tener un incentivo a asistir a votar esta vez (si no fue en las PASO), o a cambiar el voto hacia Macri.

Suena difícil, ¿verdad?

La frase que mejor le cabe a estos cálculos es la de Ian Fleming cuando describía a las novelas de James Bond: “están más allá de lo probable, pero no de lo imposible”.

Carlos Fara

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