Jueves, 22 Agosto 2019 00:00

Las prioridades políticas de Vidal para un horizonte que parece complicado - Por Mariano Pérez de Eulate

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La decisión del oficialismo provincial de liberar a los intendentes de Juntos por el Cambio para que municipalicen al extremo sus campañas de cara a octubre resalta una de las dos prioridades electorales que se ha fijado María Eugenia Vidal luego del sopapo de las Primarias: que el macrismo bonaerense, que hace rato se autobautizó “vidalismo”, procure conservar los distritos que gobierna desde 2015, en especial en el Conurbano.

 

La segunda prioridad es que las listas seccionales, las que postulan candidatos a diputados y senadores a nivel provincial, hagan el mejor papel posible para que en la conformación de la futura Legislatura el vidalismo tenga un cierto peso condicionante frente a lo que sería la gestión de Axel Kicillof, un recién llegado al peronismo bonaerense.

En efecto, y aunque el discurso oficial sigue siendo que Vidal peleará por alcanzar el milagro de revertir el resultado de las PASO, la gobernadora parece pensarse a sí misma, aún sin cargos futuros formales, como la eventual jefa de la oposición provincial. Una referencia a la que haya que acudir en momentos legislativos claves. O poner frenos, de ser necesario. En público, nada de esto ha salido por ahora de la boca de la mandataria. Sólo se ha hablado en despachos clave.

Ahora suena casi a obviedad, pero a fines de junio fue un comentario extendido en el mundillo político que, como nunca antes, la conformación de las listas seccionales tuvieron en ese momento el sello indisimulable y hegemónico de la gobernadora, que había priorizado gente propia en esas nóminas en desmedro de algunas pretensiones de la Nación, de sectores bonaerenses del PRO que pre-existían a la llegada de Vidal a la Provincia o incluso del radicalismo.

Esa actitud de jefatura política de Vidal no había sucedido en 2015, cuando era una “novedad” que apenas pudo colar un par de nombres leales, ni en 2017, cuando negoció con el resto del macrismo las candidaturas del distrito que ella gobernaba hacía ya dos años.

Caminadora del populoso y pobre Conurbano, acaso Vidal intuyera hace meses el resultado desfavorable al oficialismo del domingo de Primarias, ese voto castigo a los magros resultados económicos del gobierno de Macri que en la gobernación señalan por estos días como una de las causas por las que la reelección de la mandataria parece más lejana.

En todo caso, Vidal también terminó cayendo en la seducción de las encuestas que pintaban otro ánimo electoral: en las horas previas a las PASO, en su entorno se hablaba de un resultado “absolutamente remontable” en octubre. Nadie imaginaba los 17 puntos de diferencia con el PJ.

Son horas en las que vuelan muchas facturas desde La Plata a la Casa Rosada. La mayor: aquella que habla del “error” que cometió el búnker de campaña nacional macrista al no permitir, allá por febrero o marzo últimos, un adelantamiento de las elecciones para los cargos provinciales. Es verdad que era un chino, pero en ese momento el gobierno tenía la fortaleza política para sacarlo.

Vidal y su equipo siempre abonaron la tesis de que esa movida hubiera favorecido un triunfo de la gobernadora porque encapsulaba la campaña a los temas bonaerenses (o sea, a la discusión de la gestión vidalista y su oposición a los 28 años de peronismo) y porque el PJ no hubiera tenido tiempo suficiente para fabricar un postulante altamente competitivo. “Por ahí no existía Kicillof”, se lamentan en el oficialismo. En verdad, es contra fáctico.

Lo dicho: que los alcaldes avancen con campañas municipales, prácticamente escondiendo la figura presidencial, habla de la decisión de Vidal de cortar la dependencia absoluta con el comando nacional electoral macrista, capitaneado por el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Que es el hombre más cuestionado por la gente que rodea a la gobernadora. Siempre por lo bajo, claro.

Lanús, Tres de Febrero, Quilmes, La Plata, Pilar o Morón son distritos amarillos que fueron autorizados a jugar la batalla propia, aún si ello implica cortar a la propia gobernadora.

Suena extremo, porque para ella lo ideal sería que el intendente en cuestión milite el corte de boleta sólo en el ítem presidencial. Pero el llamado intramuros “caso San Miguel” les demostró a los alcaldes que es posible vecinalizar el mensaje, una alquimia que podría traducirse así: si gusta la gestión local, ésta no debe ser castigada por el descontento del votante con la economía del país, una responsabilidad nacional.

En San Miguel, el intendente amarillo Jaime Méndez sacó en las Primarias 46,36% de los votos. Vidal obtuvo 35,6% y Mauricio Macri 31,12. Inconmensurable trabajo de tijeras, un mojón raro en medio de la ola azul peronista-kirchnerista. Una jugada que reconoce el padrinazgo reservado del ministro de Gobierno, Joaquín de la Torre, mandamás del distrito.

Por cierto, dicen que por estas horas el hombre es el más buscado por los colegas de Méndez. Pretenden que comparta con ellos el “Know How” del tijeretazo, que puede llegar al extremo de repartir artesanalmente en los barrios la boleta del jefe comunal de Juntos por el Cambio con la papeleta presidencial de Alberto Fernández.

Mariano Pérez de Eulate
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