Domingo, 25 Agosto 2019 00:00

Los planes de Alberto Fernández - Por Eduardo van der Kooy

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De a poco el candidato K imagina su equipo. Hizo un sondeo firme con la ex vice de Santa Fe, María Eugenia Bielsa.

 

Alberto Fernández se encarga todas las semanas de repasar el espinel de los gobernadores peronistas. Parece poseer conciencia de dos cosas. Allí reside el sistema de poder que le permitirá equilibrar la relación de fuerzas con los sectores del kirchnerismo duro en un conglomerado heterogéneo como el Frente de Todos. Ese mismo sistema pudo haber sido el que le habilitó trepar en las PASO, impensadamente, hasta el 47% de los votos. Una cifra que, solo con su clientela, Cristina Fernández nunca hubiera podido alcanzar.

Al fin, la ex presidenta lo puso donde lo puso para que el candidato K produjera tal disparada. Pero una vez producida, si se llega a confirmar la tendencia en octubre, podría ensayarse alguna disección. Cristina conserva el núcleo duro, donde el progresismo K se mixtura con sectores de la izquierda. Alberto tendría derecho a sentirse propietario de los votos peronistas y de sectores moderados que se corrieron hacia él por la crisis económica. Con la esperanza que conserve capacidad para establecer algún corsé sobre la ex presidenta.

No hay noticias que los gobernadores peronistas hayan reanudado diálogo con Cristina. Alberto dijo ya dos veces que gobernará con ellos. Los viejos y los nuevos, por mentas, saben lo mal que la pasaron durante los ocho años que la mujer ejerció el poder. Ni siquiera lo hace José Manzur, que estuvo un lapso como ministro. El gobernador de Tucumán es ahora un virtual coordinador de Alberto. Aunque existen tareas que el candidato de ninguna manera delega.

Los últimos días conversó varias veces con Omar Perotti. El gobernador electo de Santa Fe eludió a la ex presidenta en la campaña pero jugó muy fuerte por el candidato K el domingo de las PASO. Fernández tuvo que dirimir una pequeña diferencia con el ex intendente de Rafaela. Ambos pretendían contar en sus equipos –en el caso de Alberto todavía hipotético—con una misma persona: la ex vicegobernadora María Eugenia Bielsa. La arquitecta perdió la interna provincial con Perotti. Pero aportó a su victoria cerca de 14% de los sufragios. Tuvo una discreta presencia en la campaña nacional.

La balanza se inclinó, por lógica, a favor de Alberto. Bielsa será, si gana en octubre o en el balotaje, su ministro de Vivienda. Se trata del único casillero que el candidato K tiene abrochado. Aunque los rumores intensos movilizan infinidad de aspirantes. Alberto tomó sus precauciones antes de comunicarse con ella. Porque se trata de una dirigente con carácter drástico. Tuvo ocasión de conocerla en 2004 cuando asistió a una cena en Rosario, como epílogo de una disertación en épocas de Néstor Kirchner. Supo después de otras peripecias. La negativa de Bielsa frente a dos pedidos de Cristina para que se postulara como candidata a la gobernación. Una de esas veces mantuvo un acalorado intercambio en Olivos con la ex presidenta que concluyó con palabras destempladas. Otro antecedente: renunció a la banca provincial en desacuerdo con la estrategia global de Agustín Rossi, el jefe del bloque de diputados kirchneristas en el Congreso.

El año pasado durante una charla en Santa Fe organizada por Nuevo Encuentro, con plena asistencia de La Cámpora, la arquitecta deslizó durísimas palabras contra la corrupción de la década K. Aunque nunca deja de reivindicar como ciclo virtuoso el que compusieron después del 2001 Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina. Nadie está exento de las contradicciones en la política y en la vida.

Alberto le confesó a Bielsa que sabe de su carácter firme. Pero que la querría en el gabinete por su trayectoria y conocimientos sobre el desarrollo de la vivienda social. La mujer dio en principio la conformidad. Sería el primer paso del candidato K en su afán por recrear el tiempo “nestorista” del cual formó parte. Al que, simbólicamente, pretende retrotraer la historia si termina coronado presidente. Parece tener excesivamente idealizado aquel tiempo. Las condiciones del presente son diametralmente opuestas.

Todos los ojos, claro está, apuntan a lo que podría hacer con la economía en este trance crítico. Por ahora transita una ronda de consultas que asoma lejos del encierro que caracterizó al kirchnerismo. Mantuvo una larga conversación con Carlos Melconian. Ex funcionario de Mauricio Macri. Con una visión cruda sobre las recetas que habría que aplicar para salir del laberinto. Alguien le acercó comentarios del halcón Javier Milei. También dialoga con Martín Redrado, con quien mantiene una antigua relación. Cristina lo cesó como titular del Banco Central cuando resistió la orden de liberar las reservas para el financiamiento de su gobierno. Con seguridad, aquel economista estaría en su supuesto equipo. No parece claro en qué lugar. Deberían apagarse primero algunas chispas entre ellos.

Redrado hizo los últimos días una grave declaración. Dijo que el Gobierno había permitido la escapada del dólar el día después de la derrota en las PASO. Coincidió con aquella primera desafortunada aparición pública de Mauricio Macri. Culpó por la inestabilidad de los mercados al triunfo de la oposición. Luego se rectificó. Alberto indagó a Redrado sobre la seriedad de su manifestación. La consideró inconveniente en un momento en que la paridad cambiaria y las expectativas externas parecen equilibrarse. El economista dijo que tenía pruebas para fundamentar sus palabras. Hizo mención a altos funcionarios del BCRA –ajenos a su titular, Guillermo Sandleris-- que habrían recibido la orden de no intervenir emanada por la Casa Rosada. Alberto le demandó prudencia a Redrado.

El economista fue, por otra parte, un puente adecuado para la conversación que el candidato K tuvo con Hernán Lacunza. Curiosidades de la política: el nuevo ministro de Hacienda y Finanzas de Macri formó parte del elenco de Redrado en el Banco Central cuando en el verano del 2010 se desató la crisis con Cristina. Lacunza se reunió con los economistas enviados por Alberto y los demás candidatos de la oposición y coincidieron en la necesidad de preservar la estabilidad como valor supremo del camino hasta octubre. Pero surge entre ellos una diferencia por ahora insalvable: cómo hacer para lograrlo.

El candidato K sufre por las reservas. No querría padecer, si llega al poder, los mismos sufrimientos de Macri. Pero Lacunza fue explícito. El dinero del Central, según lo acordado con el Fondo Monetario Internacional, debe ser utilizado para prevenir cualquier escalada. Lo cierto es que en la última semana se evaporaron detrás del objetivo U$S7 mil millones. Tampoco las reservas son ilimitadas. Restan 63 días para arribar al último domingo de octubre.

La encrucijada no sería exclusivamente económica. También la falta de confianza política mete la cola. Es la consecuencia del sistema que inventó la dirigencia en una nación frágil e imprevisible. Las PASO dejaron a un Gobierno derrotado que está obligado a remontar una cuesta demasiado empinada. Consagraron, al mismo tiempo, a un candidato que sólo conserva la condición de tal. Galimatías con sello argentino.

Macri y Alberto volvieron a conversar y dieron vuelta alrededor del mismo asunto. El Presidente insinuó la posibilidad de alguna cooperación osada que el candidato K consideró inviable. Le solicitó que cese la campaña oficial que atiza el temor de Venezuela o de un retorno al pasado. El Gobierno bajó los decibeles, pero tampoco está en condiciones de cederlo todo. Porque debe continuar en la batalla electoral. En la búsqueda del milagro (revertir el resultado) o, al menos, de mejorar sustancialmente el resultado pensando en la futura fortaleza de los bloques en Diputados y el Senado.

Al Presidente no le sirve para eso la moderación que se esfuerza en exhibir Alberto. Por esa razón, quizás, ha comenzado a reclamar la presencia pública de Cristina. Con ella podría intentar de nuevo la polarización que se diluyó en las PASO. Nada hace prever, sin embargo, que la ex presidenta cambie de estrategia. Le ha dado excelentes resultados. Puro silencio. Ahora estará diez días fuera del país. Viajó a La Habana para visitar de nuevo a su hija Florencia. En tratamiento médico por una imprecisa enfermedad. Existe entre ellas un conflicto afectivo.

Cristina partió a Cuba con ciertas señales alentadoras. Que demostrarían algo: el Gobierno hizo algún maquillaje en el Poder Judicial pero no alcanzó para modificar su génesis. Los jueces siguen comportándose al ritmo de los tiempos políticos. Esos tiempos comenzaron a variar con las PASO. Hubo fallos que favorecieron a ex funcionarios kirchneristas. Otro cantado, cajoneado hasta el domingo 11, que apunta a la causa del Correo Argentino en la cual está imputado Macri. El juez Claudio Bonadío, que puso a Cristina contra las cuerdas, pidió ahora que se investigue la licitación del Paseo del Bajo, que concretó Horacio Rodríguez Larreta. La Ciudad es el único distrito que con holgura ganó y administra el macrismo. Podría ser, además, el territorio desde el cual intente una futura recuperación si en octubre el oficialismo muta en oposición.

El candidato K, más allá de la conveniencia objetiva, cuestionó en privado esos fallos. Por su oportunismo político. El mismo argumento que esgrime para explicar que Cristina habría sido en estos años víctima de una persecución. Alberto ha encargado a un grupo de entendidos un estudio para ver la factibilidad de una depuración en el Poder Judicial. Sin que resulte traumática ni sospechada por la opinión pública. Con esas carpetas bajo el brazo hará un viaje a Madrid. Inminente.


Eduardo van der Kooy

Dibujo de Hermenegildo Sábat

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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