Jueves, 29 Agosto 2019 00:00

Lacunza, Pichetto y la batalla de la credibilidad - Por Fernando González

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El ministro y el candidato son los encargados de mostrar argumentos ante los mercados y una sociedad sensibles.

 

Aunque es un hombre tranquilo, Miguel Ángel Pichetto anduvo todo el martes al borde de la desesperación. El dólar subía. Subía el riesgo país y el Banco Central invertía más de trescientos millones de dólares para frenar la hecatombe. El diálogo entre Alberto Fernández y los delegados del Fondo Monetario Internacional de la noche del lunes, difundido venenosamente por el equipo del candidato del Frente de Todos, volvía a arrinconar al gobierno de Mauricio Macri. Evidentemente, la marcha oficialista del sábado había tocado un nervio político sensible. Y la Argentina repetía su tragedia preferida de las últimas décadas. Bailar sobre la cubierta del Titanic al compás del dólar y de la deuda soberana.

Lo que notaba Pichetto es que nadie del Gobierno salía a dar una respuesta que los ayudara a escapar de la telaraña nocturna que les había tendido el peronismo. En la medianoche del lunes, casi la madrugada del martes, un comunicado subrepticio del Fondo Monetario intentó aclarar que las dos frases tenebrosas (“hay un vacío de poder” y “la lógica sería un adelanto electoral”) no habían salido de la boca de sus funcionarios. Antes del mediodía del martes, los mercados ardían. Por eso, Pichetto aprovechó una entrevista con el periodista Alfredo Leuco en radio Mitre para tratar de equilibrar una batalla en la que todo tenía sabor a derrota.

Viejo lobo del peronismo, el compañero de fórmula de Macri no dudó en cargarle la mochila a Cristina. “La visión de ella es muy clara; ninguna colaboración ni ningún diálogo y, si todo se incendia, mucho mejor”, disparó. No era una frase inocente. Desde la victoria del 11 de agosto, la ex presidenta se llamó a silencio y le dejó a Alberto el centro de la escena. Pichetto no tiene ninguna duda al respecto. “Yo los conozco por dentro; ella comenzó a operar después de la marcha del sábado”, les avisó a sus nuevos amigos de Cambiemos. Al senador lo extrañaba esa soledad ante la opinión pública. Apenas Patricia Bullrich, Dante Sica y Alejandro Finocchiaro se animaban en esas horas a cruzar algunos dardos con la oposición.

Por eso es que Pichetto habló públicamente del Indec y le adjudicó al Presidente el mérito del regreso de la transparencia en las estadísticas oficiales. Algo debe haber escuchado el titular del organismo, Jorge Todesca, porque minutos después emitió un comunicado elogioso para el Gobierno y en el que se despegó de cualquier posibilidad de seguir al frente del cargo en una eventual sucesión de Fernández. La susceptibilidad tenía explicación. Su hija, la economista Cecilia Todesca, es una de las candidatas más serias a convertirse en ministra de Hacienda si el peronismo concreta su retorno al poder. Cuando hay tormenta, mejor aclarar antes de que oscurezca.

En la tarde del martes y cuando los mercados ya habían terminado otra faena depredadora sobre las reservas del Banco Central, Macri se reunió en la Casa Rosada con Horacio Rodríguez Larreta; María Eugenia Vidal, Marcos Peña y los dos referentes económicos: el ministro Hernán Lacunza y el titular de la entidad monetaria, Guido Sandleris. Los jefes de gobierno de la Ciudad y la Provincia habían ido para terminar de pulir las medidas de alivio económicas en sus territorios. Pero tuvieron que postergar todo para los próximos días porque la urgencia era el dólar. Con el tipo de cambio subiendo como un barrilete cualquier iniciativa de reactivación tiene destino de burbuja.

La decisión estaba tomada. Entre anunciar un cepo al dólar o alguna otra forma de control de cambio, el Gobierno se inclinó por refinanciar la deuda privada y el compromiso con el Fondo Monetario, dos ideas que ya habían planteado primero Roberto Lavagna y después Alberto Fernández. Lacunza hizo algunas consultas con economistas a los que conoce desde hace tiempo. Uno de ellos, Martín Redrado, fue quien le aconsejó intentar la recompra de deuda para sacarle presión al dólar. “Todos están mirando cuántas reservas netas te quedan Hernán”, lo alertó. Esa fue la herramienta que usó Redrado durante la corrida cambiaria que sufrió en 2009 como presidente del BCRA en tiempos de Cristina. Y es la que utilizó Ben Bernanke un año antes para suturar las heridas de la crisis de Lehman Brothers en EE.UU.

El problema que tiene Macri en este momento es la falta de comunicadores confiables. Después de aquella nerviosa conferencia de prensa post derrota del 12 de agosto y del pedido de disculpas que ensayó dos días después, el Presidente enfrentó varias entrevistas públicas en las que tuvo que dar respuestas sobre las hilachas de su gestión económica. Tampoco puede ponerse al frente de la resistencia el Jefe de Gabinete, Marcos Peña. Su última experiencia frente a la intemperancia de los mercados, un par de frases optimistas en abril del año pasado terminó con una estampida del dólar que lo disuadió de volver a repetir semejante experiencia.

Esa fue la razón que explicaba la soledad mediática de Pichetto en medio del vendaval económico y financiero. Lo más adecuado resultó que fuera Lacunza el que anunciara la decisión de extender los plazos de pagos de Letes y Lecaps y, sobre todo, la del inicio del diálogo con los burócratas del FMI para renegociar el préstamo que el macrismo presentaba hasta hace poco como una bandera de campaña.

El ministro flamante, que había dado entrevistas a varios diarios el último domingo, se mostró junto a Sandleris y a su colaborador más cercano (el economista Sebastián Katz) para explicar las cuatro iniciativas que ubican al gobierno de Macri en un escenario inevitable de transición. “Estamos conformando un perfil de deuda para los próximos cinco años”, precisó Lacunza, dado a entender que las medidas son un puente entre esta gestión y la que venga a continuación. Hizo una introducción con reflexiones políticas y se mostró bastante más convincente que su antecesor, Nicolás Dujovne. El termómetro sensible de los mercados dirá esta semana cuánto margen de credibilidad le concede.

No son tiempos fáciles para el oficialismo. La batalla discursiva se reduce a alguna aparición de Macri en Instagram, aunque sin aquella euforia por las redes sociales que el macrismo exhibía en los primeros años de su gestión. Un video flamígero que Elisa Carrió difundió por twitter vaticinando una incierta victoria “por paliza” el 27 de octubre. Y silencio, mucho silencio de Rodríguez Larreta y Vidal que, en estos días, prefieren lanzar sus medidas lejos del Presidente y del resto del Gobierno. Los años de transitar juntos el crecimiento del PRO y la construcción del Frente Cambiemos no apagan todavía los enojos por lo que creen ha sido una estrategia electoral equivocada. La que los llevó al desastre inesperado en apenas un solo domingo.

Fernando González

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