Viernes, 30 Agosto 2019 00:00

El Gobierno y la oposición, ante el dilema de la responsabilidad compartida - Por Mariano Spezzapria

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El Gobierno finalmente reconoció que la deuda externa vuelve a ser un problema acuciante para la Argentina. La situación estaba a la vista de todos, pero recién ayer el nuevo ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, terminó de blanquearla. Y lo hizo en medio de una fuerte presión sobre el mercado cambiario que hace subir la cotización del dólar y empuja al país hacia un oscuro callejón de inestabilidad macroeconómica y creciente nerviosismo político.

 

En términos técnicos, Lacunza anunció una reprogramación de los vencimientos de la deuda, de tal modo que la administración del presidente Mauricio Macri pueda despejar la exigencia a la que se ven sometidas diariamente las reservas del Banco Central para sostener el tipo de cambio y evitar que la inflación desemboque en una hiperinflación. El formato que eligió el ministro de Hacienda impide que el mercado considere que se trata de un default.

En el plano político, Lacunza buscó -en concordancia con el presidente Macri- implicar a la oposición. Por eso propició la participación del Congreso en el debate, como una forma de darle institucionalidad a la transición. Pudo haber sido una recomendación del Fondo Monetario, que a esta altura de las circunstancias necesita de una “decisión nacional”. Esto es, que tenga el aval del Gobierno, pero también de la oposición que está en vías de alcanzar el poder.

Al aceptar que se necesita reprogramar los pagos al FMI, para que no se condicione al próximo presidente, Lacunza hizo un gesto concreto a Alberto Fernández. El candidato presidencial más votado en las PASO se verá obligado ahora a pronunciarse, porque sus economistas le habían pedido al ministro de Hacienda que fuera el propio Gobierno el que renegociara el acuerdo con el Fondo. Pero anoche, en el búnker del Frente de Todos había un silencio absoluto.

“No vamos a decir nada. Cero. No comment”, afirmaron fuentes del entorno de Alberto Fernández ante una consulta de EL DIA. En las oficinas de la calle México, en el barrio porteño de San Telmo, rechazaron la acusación del Gobierno sobre la “actitud incendiaria” del candidato del Frente de Todos expresada en el comunicado que emitió tras la reunión con los técnicos del FMI. En cambio, atribuyeron esa misma actitud a Macri y a su compañero de fórmula Miguel Pichetto.

Alberto y sus colaboradores más cercanos creen que el Gobierno busca transferirles una cuota parte de la responsabilidad por la agudización de la crisis económica. Hasta el momento, la reacción del Frente de Todos fue esquivar esa intención que atribuye al presidente Macri. Pero ahora mismo corre el riesgo de que la sociedad confunda esa actitud defensiva con una acusación histórica que se le hace al peronismo, que es empujar a los gobiernos no peronistas.

El propio Macri bajó ayer a los senadores de Cambiemos un mensaje de advertencia en esa dirección, durante un almuerzo en la quinta de Olivos. Pichetto viene afirmando, en la misma sintonía, que Alberto está siendo una suerte de rehén de la consigna “cuanto peor, mejor”, que a su criterio impone Cristina Kirchner. La continuidad de los juicios contra la ex presidenta en los tribunales federales es vista como una razón de peso para que fogonee el colapso.

Pero también es cierto que la ex presidenta mantiene un silencio que puede resultar positivo, porque su visión sobre el acuerdo con el FMI es absolutamente negativa. El propio Alberto entiende que llegó a ser el candidato presidencial más votado de las PASO porque representa a un electorado que piensa como Cristina. Por eso se resiste a avalar el próximo desembolso del Fondo, que todavía no fue confirmado. Y la semana próxima, saldrá de escena por un viaje a España.

El manual económico del peronismo hubiera esperado que el Gobierno anunciara medidas destinadas al control del mercado cambiario. Pero eso no sucedió. En cambio, Lacunza jugó la carta del Congreso –lo cual forzará al Frente de Todos a unificar una postura- y en un discurso de tono político, reclamó “prudencia” como una de las virtudes que debe tener un buen gobernante, como aconsejó el padre de la Ciencia Política moderna, Nicolás Maquiavelo.

La diferencia de talla profesional entre Lacunza y su antecesor, Nicolás Dujovne, quedó a la vista. Aunque al nuevo ministro le tocó hacerse cargo en el peor momento. En este contexto, el Gobierno busca salir de la parálisis que lo tomó desde la derrota en las PASO. Pero en la oposición prima, hasta ahora, la idea de sacarle el cuerpo a cualquier responsabilidad compartida.


Mariano Spezzapria
Twitter: @mnspezzapria

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