Miércoles, 11 Septiembre 2019 00:00

Especulaciones en el PJ sobre la convivencia de Kicillof con los diversos sectores internos - Por Mariano Pérez de Eulate

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Descartando un escenario de triunfo en octubre, aun cuando falta jugar la batalla decisiva, uno de los grandes interrogantes que se escuchan en el mundillo peronista bonaerense es cómo sería la convivencia política en la Provincia de los dos núcleos principales de poder dentro del PJ con el eventual próximo gobernador: Axel Kicillof, postulante del Frente de Todos.

 

Por un lado, el bloque de intendentes del Conurbano, casi todos probablemente reelectos si se mantienen los resultados de las Primarias. Del otro, la agrupación La Cámpora, que está ahí nomás de manejar algunas comunas importantes de la Provincia y conservará un respetable número de legisladores provinciales.

Por estos días, en plena campaña, entre esas tribus justicialistas se impone una “pax” obligada porque el objetivo unificante es destronar a Juntos por el Cambio de la gobernación. “Sacar a María Eugenia Vidal”, según las crudas palabras de una fuente que se referencia en Máximo Kirchner, el líder absoluto de los camporistas.

Por cierto, para Máximo la Provincia sería algo así como una suerte de “fetiche” político, un objeto del deseo que sería pensado como base de una expansión nacional de su agrupación pensando en 2023, año en el que se vuelven a elegir presidente y gobernador provincial.

El joven diputado nacional por Santa Cruz, que ahora se candidatea por Buenos Aires, fue decisivo en el cierre de listas de postulantes del PJ-kirchnerismo. Resignó lugares para los suyos en las nóminas distritales. Ganó otros en las de representantes bonaerenses al Congreso. Fue bendecido por su madre, Cristina Kirchner, como armador provincial del espacio, una condición que incluso aceptó sin chistar Alberto Fernández, el candidato presidencial con más chances para octubre.

Acaso intuyendo que un eventual gobierno nacional de Fernández privilegiaría una alianza de poder con los gobernadores peronistas, los camporistas miran a la Provincia como un destino político en el cual desembarcar. Saben que Kicillof, un recién llegado al PJ provincial, sin estructura propia, necesitará reclutar gente para completar los casilleros bonaerenses de gobierno. Y ellos son una organización política con muchos cuadros, que fue creciendo en influencia sobre todo después del fallecimiento de Néstor Kirchner.

Es en ese punto donde convergen esos intereses camporistas con los de la cofradía de intendentes del Conurbano, que en los hechos maneja el sello partidario. En las próximas horas habrá un encuentro formal entre Kicillof y un par de caciques peronistas. Sería el primero desde que se largó la campaña porque el candidato a gobernador privilegió un trabajo electoral artesanal por el interior provincial, en auto, austero, frente a las incursiones por el Gran Buenos Aires.

Sabe Axel que en esa zona su boleta cobra volumen político por la alta popularidad de Cristina. De hecho, el ex ministro es el candidato contra Vidal por una decisión estratégica de la ex presidenta que, en rigor, al principio no le cayó del todo bien a los intendentes y tampoco a la primera línea de La Cámpora. Se aclara: Kicillof nunca perteneció a la agrupación de Máximo, más allá de que el discurso inicial de Juntos por el Cambio, en lo que podría definirse como una táctica de campaña agresiva, intentó definirlo como la misma cosa.

Estos tironeos de intereses espantan a Kicillof en esta etapa de proselitismo. Por eso mandó a decir que, hasta octubre, luego del comicio, no piensa definir ningún puesto de su gabinete. Los intendentes, que con una mirada conceptual muy del siglo XX se autodefinen como los verdaderos dueños de los votos en cada distrito, tienen la esperanza de que Axel termine privilegiando una alianza con ellos por sobre los camporistas.

No se trata sólo de cargos, que por supuesto van a porotear llegado el momento. Es más, un debate en torno a la lógica de gobierno que escogería Kicillof si llega a ser gobernador: si volcarse al respaldo territorial tradicional con identidad bien bonaerense (Años de dirigencia porteña desembarcando en La Plata) o escoger una “orga” monolítica cuyo referente central, Máximo, tiene aspiraciones provinciales y acaso nacionales para un futuro no tan lejano.

En caso de ganarle a Vidal, Kicillof también deberá resolver la convivencia con otros dos espacios peronistas, acaso menos contundentes en términos de peso político. Uno es el grupo de intendentes del interior, que tendrá una bancada de algo así como una docena en la Cámara de Diputados, y que, en principio, está muy en sintonía con Verónica Magario, la eventual vicegobernadora.

Esa es, en rigor, una de las cartas de Magario para negociar con Kicillof un asiento en la mesa que tome las decisiones políticas importantes en un eventual próximo gobierno peronista. Magario no quiere ser una vice “pintada”, explican en su entorno. Su otra carta es el distrito del que proviene: La Matanza, el más populoso de la Provincia.

Y después está Sergio Massa, que conservará un número de legisladores que, en principio, le seguirían respondiendo. Incluyendo su propia esposa, Malena Galmarini. El de Tigre pretende ser una de las patas con la que deba negociar Kicillof la conformación de un posible gobierno bonaerense y el necesario respaldo parlamentario. En este caso, el candidato también avisó que pasará las definiciones para después de octubre.


Mariano Pérez de Eulate
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