Miércoles, 18 Septiembre 2019 00:00

El radicalismo y el desafío de las redefiniciones internas para la etapa que podría venir - Por Mariano Pérez de Eulate

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Entre las muchas derivaciones políticas que brotarán en la Provincia si la elección de octubre confirma el resultado de las Primarias de agosto pasado, el mundo político da como un hecho un profundo y acalorado debate partidario en la Unión Cívica Radical bonaerense, uno de los socios del por ahora oficialista Juntos por el Cambio.

 

En la hipótesis -cercana- de una derrota de María Eugenia Vidal, es probable que se escuchen voces internas que propongan que el radicalismo abandone la alianza que, en rigor, durante cuatro años hegemonizó el PRO. Son los disconformes con el rol más bien de acompañamiento que ha tenido la UCR junto a la gobernadora. “Nunca fuimos socios reales”, se escucha por estas horas, a modo de balance o de epílogo, en algunas mesas radicales.

Sin embargo, la sensación interna preponderante entre los correligionarios bonaerenses no sería esa idea abandónica sino la de redefinir el rol radical en la eventual etapa opositora de Juntos por el Cambio. Y le dan a esa faena el estatus de imprescindible. No obstante, en cierto punto el desarrollo de esos acontecimientos en la Provincia estará ligado a la salud que muestre la alianza gobernante a nivel nacional si le toca dejar el gobierno.

Siempre, desde 2015, los radicales se han quejado por el poco peso político que les asignó Vidal en la dinámica del poder (Un ejemplo: sólo les concedió un ministerio) y fue el vicegobernador Daniel Salvador quien ofició de dique de contención de esos reclamos.

Salvador es el presidente del partido a nivel provincial. Ejerce un segundo mandato que vence en la segunda mitad del 2020. Deberá administrar las tensiones internas que vienen, pero ya no con la chapa extra que le da manejar la Cámara de Senadores.

Los radicales barruntan que Vidal, aún sin cargos formales, aspiraría a liderar la oposición a Axel Kicillof, si este finalmente es elegido para reemplazarla en el palacio de calle 6. La dama contará con legisladores leales, amarillos, muchos de los cuales entrarán en este turno electoral.

Para la UCR se trataría, pues, de hacer valer la tropa propia a la hora de “caranchear” posiciones internas: una decena de diputados que más o menos seguirá igual luego de diciembre, siete senadores y, claro, una tropa de intendentes de casi 40 representantes, la mayoría del interior.

La reelección de los intendentes radicales, o la conservación de los territorios con candidatos nuevos, parece ser la prioridad a corto plazo del centenario partido. Si, como es vox populi, los jefes comunales de PRO municipalizarán sus campañas hasta octubre, los radicales directamente “amurallarán” sus distritos para que no entre nada que huela a macrismo.

Será un milagro ver al presidente Mauricio Macri haciendo campaña en alguna ciudad bonaerense manejada por un radical. Vidal ya les dijo que no les pedirá sacrificios en pos de mejorar las chances del jefe de Estado o las de ella misma. Con el diario del lunes, el análisis común que se escucha entre dirigentes radicales del interior es que ellos siempre supieron que las obras de infraestructura tan propagandeadas por el vidalismo no eran la llave para ganar la elección. La clave siempre fue la economía, analizan.

Aún manteniendo la alianza Juntos por el Cambio, el debate interno que se anuncia en la UCR incluiría la necesidad de recuperar una identidad partidaria que muchos consideran diluida. “Algo así como volver a la boina blanca”, grafica un dirigente con cargo.

Es en esta línea que algunas fuentes partidarias aseguran que se apostarían a que, luego del 10 de diciembre, el radicalismo se escinda de los bloques Cambiemos en la Legislatura para conformar sendos bloques UCR puros, que convivan en interbloques con los macristas de PRO. Obviamente serían interbloques opositores -de Diputados y Senadores- si finalmente Kicillof, triunfador de las PASO por amplio margen, fuera el gobernador.

Vidal, creen esos voceros oficiosos, podría acceder a esto como una forma de contener a los socios bajo el paraguas único de su liderazgo. También deben saber que la gobernadora intentará que tengan un peso propio lo suficientemente limitado como para que la próxima gestión deba negociar gobernabilidad con ella sola y no con partes separadas de una eventual alianza opositora.

Si queda en el llano, la gobernadora muy probablemente intente encabezar la propuesta electoral opositora en 2021, año en el que se vuelven a elegir, por ejemplo, diputados nacionales.

En esa lógica antes mencionada de redefinición de roles, los radicales se envalentonan con la idea de que, ahora sí, Vidal debería negociar con ellos el armado de las listas en un plano de mayor igualdad del que ejerció cuando ostentaba la jefatura política indiscutida luego de su notable ascenso, hace casi cuatro años. “Para eso hay que hacer pesar nuestro desarrollo territorial”, se entusiasman hoy. Suena a reminiscencia.

Algo que también deberá rediscutirse en la lógica política provincial si Juntos por el Cambio pierde la elección, es la grilla de lugares que en los diferentes estamentos del organigrama de poder le corresponde a la oposición. Si hoy son peronistas, deberían pasar a ser para el actual oficialismo llegado el caso. Otra vez, las miradas radicales se posan en esos nichos. No son las únicas. También hay obvias intenciones amarillas que vaticinan tironeos.


Mariano Pérez de Eulate  
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