Miércoles, 25 Septiembre 2019 00:00

Carta de los piqueteros para Alberto F. – Por Eduardo van der Kooy

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Al menos cinco grupos ratificaron este martes que, con él o con Mauricio Macri, su lugar político es la calle.

 

La Ciudad estuvo este martes otra vez atravesada por marchas y piquetes. El mismo ejercicio se replicó en 20 provincias. Aquí resultaron bloqueados los accesos principales. Entre Horacio Rodríguez Larreta, el jefe porteño, y Patricia Bullrich, la ministro de Seguridad se repartieron la responsabilidad de resguardar el orden.

El desorden callejero que suelen causar los movimientos sociales no constituiría ninguna novedad. Lo podría ser, en cambio, la composición de las movilizaciones que estarían anticipando uno de los infinitos conflictos que afrontará el próximo presidente. No será una novedad, quizá, para Mauricio Macri que en sus cuatro años, pese a la inversión millonaria de fondos que realizó en aquellas, fue jaqueado por la totalidad de las organizaciones piqueteras. Podría representarlo para Alberto Fernández, el candidato del Frente de Todos, que se ofrece en la campaña como el redentor de la deuda social argentina.

El Presidente puede estar corroborando una cosa. La política de contención que ejecutó la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, contó con limitaciones objetivas. Que impidieron cualquier transformación. Nunca pudo pensar en un salto cualitativo respecto de la estrategia del reparto. Porque el contexto general no lo permitió. Tampoco contó con la asistencia política para intentar capitalizar la tarea del asistencialismo.

Algunos sectores de los movimientos piqueteros (el Movimiento Evita o la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular) intercalaron la protesta con la predisposición al diálogo mientras Cambiemos conservó la expectativa de permanencia en el poder. Los resultados de las PASO debilitaron esa expectativa hasta la médula. De allí se explicó la masiva protesta y el acampe en la 9 de Julio aquel caótico 11 de septiembre.

El temor a un desborde antes de octubre –de proseguir esa lógica- indujo al candidato kirchnerista a solicitar que cesaran las protestas y los cortes. Este martes recibió una notificación. Los grupos afines al kirchnerismo acataron la tregua. Pero al menos cinco agrupaciones, con el Polo Obrero, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y Barrios de Pie a la cabeza, advirtieron a Alberto F. que su lugar en la política continuará siendo la calle.

También sobrevuela en las proximidades del candidato otra duda. Cómo será el comportamiento de Juan Grabois, ante la chance de que en el inicio de su hipotético gobierno deba apelar a ciertas medidas económicas drásticas. El dirigente social, amigo de Francisco, el Papa, tiene diálogo formal con Alberto F. Pero supo cultivar también muchos recelos con sectores de La Cámpora.

El desafío de los sectores más duros del piqueterismo podría inducir a Alberto, si fuera mandatario, a repensar el diagrama existente en ese sector del poder. ¿Valdría mantener el sistema de gerenciamiento de los movimientos sociales? ¿O haría falta una cuña política para que no se repita la historia de Macri? ¿Podrá pensarse en alguna concertación? ¿O modelar desde el comienzo un esquema de ruptura con los intransigentes?

Los interrogantes no responden a un juego. Podrían estar sugiriendo al candidato kirchnerista un nuevo sistema en Desarrollo Social. Con una conducción de fuerte sesgo político. O un doble comando, con otra pata administrativa. La conjetura podría ligarse con la conformación del futuro gabinete. Daniel Arroyo, que alguna vez trabajó con Alicia Kirchner y en otras militó junto a Sergio Massa, es uno de los especialistas en materia de política social. Conoce como pocos el entramado de las organizaciones piqueteras. Sobre eso también está convencido Alberto F. La duda sería descubrir su versatilidad política para enfrentar una realidad que ha quedado en evidencia: la figura del candidato K no será el imán esperado para atraer y aplacar, al menos por un tiempo, las demandas de los núcleos duros.

La imposibilidad de la amalgama estaría en la esencia del discurso que exhibe el candidato. Habla de una renegociación de la deuda, de fijar nuevos plazos de pago para posibilitar algún alivio de la economía. Pero no parece para nada dispuesto a sacar los pies del plato. Eso lo ha dejado claro en cada una de sus salidas al exterior. La antítesis del planteo callejero que realizaron las organizaciones piqueteras: romper sin miramientos con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Otro punto de diferencia, que divide a los halcones y las palomas piqueteras, tiene relación con el camino hasta las elecciones. Los movimientos sociales de izquierda plantean la realización de una huelga nacional de 36 horas. Alberto convino con Héctor Daer, su dirigente cegetista dilecto, evitar cualquier confrontación. Massa hizo lo propio con el clan de Hugo y Pablo Moyano. Los piqueteros K están dispuestos a acatar tal estrategia.

Los cegetistas y sus aliados tendrían una buena argumentación para justificar la conducta. Están preocupados, antes que por una huelga, en ver de qué modo podrá canalizarse el bono de $ 5 mil que dispuso el Gobierno como anticipo de las paritarias. Hay sectores de las pymes que tienen dificultades objetivas para abonarlo.

Alberto realizó en las últimas horas otra constatación. La agitación callejera de las organizaciones piqueteras se extendió al interior. Incluso en territorios administrados por mandatarios peronistas. Que el candidato K cuenta para el equilibrio de fuerzas internas en el Frente de Todos. Sucede que después de las PASO, también en las provincias se generaron desajustes. Sobre todo, en aquellas cuya actividad depende, sustancialmente, de las plantillas del Estado.

La alarma más estridente se escucha desde Chubut. Allí la situación orilla el caos, con el centro de gravedad en el conflicto docente. Los maestros bloquean desde ayer una planta petrolera. También hay protestas por el atraso de pago de los sueldos estatales.

La prolongación del conflicto preocupa al Gobierno. Pero no es indiferente tampoco para Alberto. Arcioni figura en el esquema de gobernadores con los cuales piensa contar el candidato en caso de triunfar en octubre. Es, por otra parte, discípulo de otro socio: Massa. Ambos, uno en directo y otro por televisión, participaron en los festejos del 10 de junio. Esa fecha el gobernador resultó reelecto por un margen generoso. Hace exactamente 106 días. Todavía no inició su segundo mandato.

La descripción realza la precariedad política. También la desaprensión dirigencial cuando está sumida en campaña. Arcioni convalidó una paritaria docente antes de la votación, que ahora no parece en condiciones de cumplir.

El gobernador debió ser asistido políticamente por Massa y el kirchnerismo. Aunque en este sector algunos desertaron. Lograron la unidad del peronismo y frenaron, por ahora, la posibilidad de un juicio político. El conflicto, según se vea, podría originarse en la resaca que dejó la pelea de Massa y el kirchnerismo, en su momento, para imponer el candidato. El tigrense por entonces no había transado con Cristina Fernández. Los K preferían a Carlos Linares. Se ensayó la unidad que fracasó. En la interna se terminó imponiendo Arcioni.

El gobernador culpa por la crisis al Gobierno. Rogelio Frigerio, el ministro del Interior, exhibe los suculentos envíos de fondos a Chubut. Y exhibe algo más: el aumento del gasto público en la provincia del sur que en un solo trimestre se habría duplicado.

Eduardo van der Kooy
Dibujo de Hermenegildo Sábat

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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