Viernes, 04 Octubre 2019 00:00

Y Macri salió a la calle - Por Carlos Fara

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Es muy difícil cambiar el estado de ánimo cuando el “inconsciente consciente” parte del supuesto de que el resultado de la elección ya está definido.

 

La semana pasada al salir de un canal de televisión me encuentro en la calle con el conductor de un programa importante en horario central y me dice: “Qué aburrimiento esta campaña!”. Lógico: iba a ser así después del mazazo del 11 de agosto. El desafío de modificar el clima es solo para súper optimistas.

Entre esos optimistas está Mauricio Macri. No es una crítica, ni una ironía. Nadie que crea que puede cambiar la realidad se puede dar el lujo de ser pesimista. Los líderes –sensatos o no- entre otras cosas están para eso: van a morir con la ilusión en el fondo de su alma. Por suerte: para pesimistas está el resto de los mortales.

El presidente empezó el sábado con sus marchas del #SíSePuede. El inicio fue auspicioso, ya que logró movilizar bastante a un acto en un día soleado, para un proyecto político que aborreció de juntar gente en los espacios públicos para escuchar a sus líderes. Ya va por la tercera marcha sobre 30. Las va acompañando de promesas para ejecutar si llega a ser reelecto. En esto debería ser muy cuidadoso.

En primer lugar, las promesas nunca fueron su fuerte. En 2015 hizo 3 de los cuales a uno en particular estos días se lo achaca: pobreza 0. Además de incumplible hasta para el mejor presidente del mundo, siempre se debe ameritar qué pasará si un objetivo tan ambicioso no se cumple. Muy simple: todo el mundo se la pasará hablando de lo que prometió y no cumplió. En ese mismo instante le cabrán las generales de la ley para un político tradicional.

En segundo lugar, el presidente debe tener cuidado también con que él es… el presidente. Es decir, el que está al mando del país por 2 meses más en los que se supone que está habilitado legítimamente para tomar todas las decisiones que considere correctas para “la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación”. Si está a cargo y no las toma generará el interrogante habitual en estos casos: ¿no puede o no quiere? Si no puede, ¿para qué las hizo? ¿no será otro político más en campaña que promete cosas que después no puede cumplir? Este cuestionamiento se ve claramente agravado por la alta desaprobación de gestión con la que llega a esta instancia.

En tercer término, el presidente ya ejercitó algo de esto cuando en su campaña para jefe de gobierno de 2007 realizó una maratón de 24 horas de propuestas. Ese fue el último escalón previo al comicio del 3 de junio. ¿Cuál es la diferencia? El rol de opositor que tenía en ese momento. Cuando uno está fuera del poder tiene otros márgenes de acción que no posee el oficialismo de turno.

Por último, cuando el presidente planteó sus 3 promesas / objetivos en 2015 lo hizo en un determinando marco competitivo, en el cual Massa era visto como el más concreto en materia de propuestas, analizado por Chequeado.com. Más de uno dirá: Massa podía decir cualquier cosa porque total no iba a ganar. Es verdad. Pero en todo caso no debe olvidarse que entre el tigrense y Macri se disputaban el voto no K, y la cuestión propositiva terminó siendo una clave del escenario (vale decir que Scioli fue el menos concreto de los tres).

Moraleja: cuando se está en el poder y se está mal aprobado, se debe ser ultra cuidadoso con las cuerdas que se tocan. Se corre el riesgo de sonar desafinado.

Carlos Fara

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