Miércoles, 09 Octubre 2019 00:00

El doble desafío de Vidal, pensando en la posibilidad de convertirse en opositora - Por Mariano Pérez de Eulate

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A la par de la campaña formal por su reelección, la gobernadora María Eugenia Vidal sigue moviéndose políticamente en dirección a un posible escenario que la encuentre en la vereda opositora luego del 10 de diciembre próximo, algo posible si se replica el contundente resultado de las Primarias de agosto en tierra bonaerense.

 

Es que el candidato del Frente de Todos, Axel Kicillof, le sacó una ventaja de casi 17 puntos a la mandataria y dejó así al peronismo-kirchnerismo muy cerca de la vuelta al poder en la Provincia.

Como ya se contó en este espacio, Vidal se estaría pensando a sí misma como la líder de la eventual oposición a Kicillof y, en sintonía con otros actores de Juntos por el Cambio, dueña de una silla importante en una reformulada conducción nacional del espacio que por ahora lidera el presidente Mauricio Macri.

A ella y a Horacio Rodríguez Larreta, el alcalde porteño que quedó muy cerca de obtener su reelección, esos movimientos intramuros les generan cierta tensión con la Casa Rosada. El motivo: Macri estaría enviando señales internas respecto a la posibilidad de pararse él mismo como gran jefe opositor, si le tocara perder frente al peronista Alberto Fernández el domingo 27.

Sobre esta cuestión, desde el fin de semana en el oficialismo corre la insistente versión de que Rodríguez Larreta ha tentado a Vidal con la posibilidad de convertirse en la presidenta nacional del PRO, el partido de genética exclusivamente macrista, en caso de perder la gobernación.

A Vidal, que no tendría ningún tipo de cargo electivo al menos por dos años, le serviría para posicionarse “en la diaria” como referente anti-PJ. Al menos eso dice la tesis que circula por la Capital Federal y la Provincia. Y que también incluye una suerte de reformulación del objeto de existencia del partido amarillo. Es que, en verdad, para Macri el PRO ha sido solamente el instrumento para poder presentarse a elecciones. Larreta, sin embargo, estaría pensando en inyectarle real volumen político.

El jefe de gobierno, por cierto, se imaginaría así mismo como el presidenciable del espacio en 2023, un sitial por el que viene trabajando desde hace años pero que también ambiciona el radicalismo, el otro socio mayoritario de Juntos por el Cambio. Esa tensión, por cierto, signará la supervivencia de la ahora alianza gobernante si le toca entregar el mando a fin de año.

Sobre la propuesta de Larreta a Vidal: los mandatos partidarios vigentes se vencen a mediados de noviembre por lo que, indefectiblemente, el PRO deberá renovar autoridades. Había trascendido que Macri quería que el cargo de titular del partido que él fundó lo ocupe Francisco Quintana, ex funcionario nacional de su estrecha confianza. Pero al hombre le dieron la misión de sumarse al Consejo de la Magistratura de la CABA, en representación del larretismo en la Legislatura. Es el organismo que selecciona o destituye a los jueces de la Ciudad.

Pero además del desafío de posicionarse como jefa del espacio propio, Vidal enfrenta la tarea de procurar que el radicalismo provincial la continúe reconociendo como referente política aún desde la derrota. En el centenario partido hay consenso respecto a las razones de una eventual caída frente a Kicillof: la mala situación económica nacional, responsabilidad de la Casa Rosada, asoma como la causa más fuerte del derrumbe electoral bonaerense. Traducido: no le cargan culpas mayoritas a la mandataria.

No obstante, las facturas pendientes contra la gobernadora son más fáciles de pasar si ésta aparece derrotada. Por ejemplo, la sensación de ninguneo que ha sentido buena parte de la dirigencia radical en estos cuatro años. En especial muchos intendentes del interior, que veían un trato tal vez más considerado de la mesa chica de Vidal hacia sus colegas amarillos e incluso con los justicialistas, en especial los del Conurbano. En este sentido, la UCR podría plantear la necesidad de que el posible liderazgo opositor al PJ no sea estrictamente personalizado en una dirigente que aún conserva buena imagen sino multidirigencial. A priori, suena a quimera.

Como también ha contado este diario, sobrevuela en la Legislatura provincial la posibilidad de que si Vidal pierde el radicalismo forme bloques con identidad propia que, eventualmente, actuarían con el PRO bajo la lógica de un interbloque. O sea: dos bancadas separadas, de perfil opositor al peronismo, que en algunas cuestiones votarían en sintonía.

Pero Vidal aspiraría, cuentan cerca suyo, a mantener la cohesión que los legisladores de Juntos por el Cambio todavía muestran. Para eso intentará una tarea de seducción con la dirigencia radical de la Provincia, que comanda -aún con fuertes críticas internas- el vicegobernador Daniel Salvador.

Una visita oficial de la mandataria a la sede del partido, agendada para hoy en La Plata, marcará el inicio de la movida, disfrazada de una actividad política de campaña. En rigor, se hablará más de política que de agenda electoral porque, como sucede en los distritos gobernados por referentes amarillos, los radicales también han optado por municipalizar la elección, despegándose sobre todo de la figura del presidente Macri.


Mariano Pérez de Eulate
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