Jueves, 10 Octubre 2019 00:00

Empecemos a hablar de plata - Por Carlos Fara

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La Argentina ha entrado en una de sus recurrentes crisis de estrangulamiento externo: no produce todos los dólares que necesita para sostener su nivel de vida. Varios de sus sectores productivos no son suficientemente competitivos, su industria es muy dependiente de importaciones y su población posee altas expectativas de consumo que no puede satisfacer. Las causas se las dejo a los economistas.

 

El punto es: necesitamos más dólares, medio urgentes para afrontar los compromisos de deuda. Pueden venir por inversiones, por mayores exportaciones o por mayor endeudamiento. Dada la situación actual, esta tercera vía está vedada. Entonces, ¿quién la pone? Acá entra la política.

Mucho se empezó a hablar en estos días de reforma tributaria, laboral y previsional. Las tres son incómodas. La primera es la única sobre la que hay consenso que debe hacerse, y que no se le puede caer tan pesado sobre los que producen. A partir de ahí es todo polémica.

La tercera es la más difícil de todas por las sensibilidades que implica. La última ley de reforma terminó en trifulca callejera (diciembre de 2017), de modo que va a ser más difícil que un eventual gobierno de Alberto se ocupe en el corto plazo.

La laboral tiene matices. El mensaje de Kulfas fue contundente: una ley de reforma como quieren los empresarios no. Pero dejó la puerta abierta para revisiones específicas por sector. Suena a convergencia con lo que impulsó Macri en Vaca Muerta. Sabe que una ley caerá horrible en su propia coalición, ergo “de eso no se habla”. Pero perfectamente puede haber una suerte de “flexibilización disfrazada”.

¿Qué se puede esperar entonces de la tributaria? Esta es la que más probablemente entre en debate porque es la gran pregunta sobre quién paga los platos ratos. Habrá que ver con qué indicadores se encuentra Alberto al momento de asumir, y si Macri facilitará la transición tomando decisiones de “pato rengo” en aras de que “los ciudadanos ya tomaron una decisión” (asumiendo que los FF ganen en primera vuelta).

La primera definición es: si la economía no arranca, no hay manera de hacer tolerable el ajuste restante, buscando el objetivo del equilibrio fiscal.

La segunda definición: en el corto plazo eso implica reactivar el mercado interno. Está claro que esperar la “lluvia de inversiones” –como imaginó Macri- no parece un camino posible. Ese mercado interno necesitará quizá menos apertura económica para sectores sensibles como calzado y textil.

La tercera definición: la Argentina ya no se puede endeudar más. Por lo tanto, financiar un arranque tomando deuda es vía muerta. Pedirle dinero a los chinos, a los rusos o a quién sea tampoco suena probable (al menos de corto plazo).

La cuarta definición: con la devaluación, lo más probable es que se incrementen las retenciones a algunas exportaciones agropecuarias, ya que es la fuente tributaria más inmediata para acudir en pos del equilibrio fiscal, y que además le cae como anillo al dedo ideológico del amplio espectro del Frente de Todos.

La quinta definición: en las últimas semanas hay dos enclaves extractivos que tienen especial atención porque son un juego a 4 bandas. Traen inversiones millonarias, pueden generar divisas con sus exportaciones, reducen la necesidad de dólares por importaciones y crean empleo. Esos enclaves con Vaca Muerta y la minería. Por eso todo lo que ande dando vuelta alrededor será prioritario para los FF.

Más de un/a lector/a pensará que varios de estos supuestos son erróneos. Puede ser. Pero en todo caso son los que traslucen de los gestos y dichos de Alberto y su entorno económico para volver a los superávits gemelos. Veremos cuánto de la habilidad política de él (y ella) podrán disciplinar a los actores empresariales, sindicales y sociales al servicio del proyecto político y la angustia ciudadana.

El tendal de decepción que deja Macri en el mundo empresarial local es tan grande que la mayoría –hasta acá- volvió a confiar en la confederación peronista para que sea una vez el articulador entre capital y trabajo, ante el fracaso de una alternativa no peronista. Como termina eso en el largo plazo, veremos, veremos y después lo sabremos. Pero al menos hay consenso de las partes para rogar que Alberto lo arregle.

Carlos Fara

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