Domingo, 13 Octubre 2019 00:00

Macri sin campaña unificada, como Scioli en 2015 - Por Ignacio Zuleta

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Por la libre. La campaña del Gobierno no está unificada como en 2015 y 2017. Más reproches en el interior del oficialismo. Fernández navega en aguas donde no tiene poder propio y en medio de contradicciones. Trío ochentoso.

 

Con los candidatos en gira interminable, afloran las grietas en los comandos de campaña. La autoridad sobre sus formaciones no es el activo más integro ni de Mauricio Macri ni de Alberto Fernández. El presidente sobrenada a una novedad de esta campaña: se quebró la unificación de la planificación estratégica y táctica de Nación, CABA y Buenos Aires que había sido la clave de victorias como las del 2015 y 2017.

En esos años la mano de hierro de Marcos Peña, la validación presidencial —hoy en crisis— expresaba un rumbo único que compartían los comandos de esas tres jurisdicciones. Este año esa ventaja se ha perdido, como consecuencia de los ajustes de cuentas que suelen brotar cuando las cosas no van bien. Macri lo sostiene a Marcos, pese a que Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal pidieron su cabeza hace un mes.

El jefe de Gabinete ha dejado de mandar por sobre los demás. No hay acuerdo si la disidencia entre Peña, Vidal y Larreta es por lo que pasó o por lo que pasará. Los reproches, como en los matrimonios que discuten su destino, se recrean todos los días. Cuando parecía todo en orden, alguno recuerda aquella noche olvidada y despierta los reproches. O 1) porque no separaron las fechas, o 2) porque no se llamó a los peronistas a tiempo, o 3) porque alguno no se bajó de donde debía bajarse, o 4) porque les pasaron a los amigos (Vidal y Larreta) el pago de los subsidios, para aliviarles la crisis a los gobernadores, que repagan con el alineamiento fernandista. Todo eso ocurrió.

Por eso Macri tiene una campaña, Mariu otra, Horacio otra. Y nos vemos al final. La pérdida de la autoridad y de la unificación de la campaña es uno de los escollos que tiene que superar Macri para lograr su objetivo el 27 de octubre: un resultado que le recorte 4 puntos a la fórmula de los Fernández y precipite un ballotage. Tanto difícil como fácil. La línea de largada se parece mucho a la de 2015, con la diferencia de que el peronismo está unido, y el cuartel propio está en debate permanente.

Contradicciones: Zaffaroni o Massa

Los campañólogos del peronismo en las elecciones de 2015 coinciden en que una de las causas de la derrota de Daniel Scioli fue el haber ido a la pelea con —por lo menos— dos campañas que corrían por cauces paralelos, en materia de objetivos, métodos y recursos. Una era la que forzaba el propio candidato, buscando acercarse a la agenda de los reclamos de sectores medios, que parecía satisfacer mejor Macri.

La otra campaña la hacía Olivos a través de Carlos Zannini. Scioli logró que entre la primera vuelta y el ballotage le admitieran un pliego de anuncios que respondía a esa agenda —baja de Ganancias, etc. Lo hizo el 29 de octubre de 2015, cuando fue con los aero-gobernadores a acompañar la asunción de Juan Manzur como gobernador. No dio resultados porque llegaba tarde y porque mostraba, además, que no había personería unificada en el peronismo. La actual campaña peronista absorbe esa lección y unifica la campaña. No por nada Juan Courel, coordinador de su campaña, actuó con el mismo rol junto a Scioli hace cuatro años. De paso, Courel es el autor de un dictamen que hay que retener, otra lección de 2015 aprendida en carne propia: “Las elecciones casi nunca se ganan o se pierden como resultado de las campañas. Las elecciones se ganan o se pierden por la estrategia que se elige y se sostiene”.

- Pero no se me vaya de tema.

Lo que Alberto no puede remediar es un hecho anterior: tiene mando formal, pero carece de autoridad política, porque es un candidato vicario de un esquema de poder que no generó. Así como lo pusieron pueden sacarlo. En eso es Cámpora. No es responsable de esa disminución. Sólo lo es de haberla aceptado.

Esa falta de autoridad es lo que resquebraja el discurso de campaña, algo que afecta el debate en sectores pensantes, que leen plataformas y deciden el voto y sus apoyos juzgando la consistencia de las propuestas. Es una minoría, pero muchos de ellos influencian sobre mercados y pueden estabilizar y desestabilizar situaciones. En ese espacio hay inconsistencias gruesas, que se describen solas.

Por ejemplo, en materia de seguridad, ¿a quién hay que escuchar entre los Fernández? ¿Al garantista Zaffaroni — amigo del papa Francisco— o al neopunitivista Sergio Massa—a quien dijo Francisco que nunca recibirá? Para algunos es una trivialidad académica, pero la seguridad está al tope de las demandas del electorado, y es lo que explota Miguel Pichetto en su campaña derechona. Sabe a quién le habla. Es delicado el tema: Zaffaroni es abogado de Cristina — o lo fue—; Alberto está en donde está no porque sea un estadista. La razón de su candidatura es que también dirige la defensa judicial de Cristina, es un penalista de nota, profesor de la materia, vigiló designaciones de jueces cuando gobernaba. Es el médico en casa. El resto es literatura.

Ochéntame otra vez

Aunque disminuido en su poder sobre los equipos de campaña, Peña sigue hablando en reuniones de estrategia. Cuando le preguntan cuál es, dice que hay que limitarse a escuchar a que los peronistas hablen, porque se entierran solos. Ellos nos hacen la campaña. Replica el dictamen de la oposición, que alardea de que la campaña se la hace Macri a ellos gobernando tan mal la economía. Es cierto, es la campaña del gol en contra, una competencia entre débiles que buscan explotar la contradicción ajena más que la virtud propia. El Gobierno cree haberse sacado la lotería con el documento “Aportes de equipos técnicos de la unidad” coordinado por Ginés González García en la mesa de los técnicos del PJ. Tiene 118 páginas y recoge las inquietudes de todas las tribus del partido.

¿Era necesario exponerse tanto? Como todo documento político del peronismo, promete vigilancias, controles y nuevos impuestos, que hubiera sido mejor agazapar para algún momento de necesidad. No tiene ninguna novedad para el peronismo. Repite en economía los mismos términos del documento de la CGT para las elecciones de 2017, que sigue siendo la Constitución de Atenas de la oposición de bloqueo a cualquier macrismo. El que enoja, finge o estaba viendo otra película. Ginés defiende el trabajo de haber unificado un debate que parecía imposible y en eso está el mérito porque le puso sordina a un debate que pudo terminar a las piñas. Pero en esta campaña no había que hablar tanto.

Lo perciben Macri y Alberto, que están tratando de eludir la asistencia esta semana al coloquio de Idea. Figuran en el programa, pero los dos tienen compromisos de campaña y negocian este fin de semana alguna presencia distante por streaming o un video pulcramente enlatado desde La Pampa — Alberto— o Corrientes —Mauricio. ¿Para qué más?

La changa no disminuye el rol de Ginés, hombre fuerte del peronismo que viene, como diría su maestro Cafiero, el Viejo, que se reencarna en el tridente de expertos en los que se referencia Alberto: Ginés, Felipe Solá y León Arslanián. ¿Queréis una prueba? Nadie podrá demostrar nunca que Sebastián Piñera no despidió a su embajador de Chile en Buenos Aires, cuando se enteró de que no lo invitó a Ginés, exembajador en ese país, al cóctel con pisco por la fecha patria del 18 de setiembre. “Ochéntame otra vez”, se titula el programa de nostalgia de la TV española, que recrea los hits de la década de los 80, la época en que gravitó este trío que es lo más fuerte que puede ofrecer el albertismo. ¿Jarrones chinos? Una fábrica de porcelana, son.

Alberto promete prorrogar, si gana, el DNU del petróleo de Macri

El capítulo petrolero encendió las alertas rojas de quienes miran entre líneas. Este gobierno ordenó un congelamiento de los precios de los combustibles, y fijó por 90 días corridos un valor dólar de $46,69 y un precio del petróleo de US$59 por barril. Esa medida vence el 13 de noviembre. Fue objeto de demandas de empresas petroleras y de cuatro provincias para que les repongan el régimen anterior, porque viola los contratos.

El Gobierno reaccionó con una resolución que ofreció pagar esa compensación. También Macri dijo que esperaba que la Justicia paralizase esa medida y que, en todo caso, él no apelaría en tribunales. La Corte calla sobre este tema y las empresas querrían que algún juez declarase la inconstitucionalidad de esos DNU de pesificación y congelamiento, para que no le ocurra a nadie, en el futuro, tentarse con repetir la medida.

Pero hete aquí que, en capítulo de Energía, pág. 77, la plataforma anuncia un congelamiento por 100 días de las tarifas. Es decir que propone, para el caso de que F&F ganen las elecciones, prorrogar los DNU de Macri, que ni Macri quiere.

Uno de los querellantes contra esos DNU es Vista, la empresa de Miguel Galuccio. ¿Qué hará si les prorrogan el congelamiento? ¿Accionará contra el gobierno de Cristina, por quien se molestó en hacer un viaje a La Habana —pese a que viven una enfrente del otro en la calle Uruguay, bastaba con cruzar la calle— que lo acreditó como la persona de más confianza de ella en materia de energía? Algo debieron avisarle, si es que está llamado a ser el hombre fuerte del sector.

Los perdedores de las PASO, desmovilizados y a tiro de captura

Esas inconsistencias no se notan mucho en el Patria, porque el optimismo enmienda cualquier duda. En Olivos hay bandos enfrentados, los optimistas y los pesimistas. La confianza está hoy librada a minucias sectoriales. Por ejemplo, a lo que pueda hacer Pichetto en su cruzada de captura de la voluntad de los sectores del peronismo que votaron contra el kirchnerismo y el cristinismo desde 2009, y que hoy integran el 47 % de los Fernández en las PASO.

Estos sectores representan, según el cálculo del Gobierno, unos 750 mil votos en la provincia de Buenos Aires, y porcentajes similares en distritos como Santa Fe, Córdoba y Mendoza. La fórmula peronista tiene el desafío de convencerlos de que se queden donde votaron en las PASO. La desventaja es que las PASO castigan al perdedor y no le dejan ninguna posibilidad de juego en las generales.

Al cruce de esta situación sale Juntos por el Cambio con el morral y las promesas de un futuro mejor. El objetivo es desmovilizarlos y, en todo caso, hacerlos jugar con cortes de boleta en favor de los candidatos del macrismo. Esos votos disponibles están en distritos como Moreno, La Plata, Mar del Plata, para señalar algunos. La operación saca lección de las elecciones de Mendoza, distrito que aporta un elemento más importante que todos los mencionados. En el escrutinio definitivo de los votos para la elección a gobernador que ganó el radicalismo, hubo una masiva disminución de fiscales del peronismo.

La tarea quedó a cargo de la vigilancia mayoritaria de los radicales y los conservadores. La ausencia de fiscales peronistas en ese trámite, lo entiende el Gobierno como una prueba de que los perdedores de las PASO suelen quedarse en casa, porque ese sistema es una validación de candidaturas y una inhabilitación y castigo a traidores y perdedores. Y los perdedores se salen del juego. Esa ausencia es un síntoma de que los perdedores de las PASO en otros distritos se pueden desmovilizar para el 27 de octubre. Son los perdedores en las categorías a diputados nacionales que, durante 10 años, desde 2009, votaron a los candidatos disidentes como Massa. Es difícil que pasen a votar a los candidatos de Juntos por el Cambio, pero con que se queden en casa, ya bastaría para mejorarle al oficialismo los números de octubre.

Ignacio Zuleta

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