Jueves, 17 Octubre 2019 00:00

A 1.000 kilómetros - Por Sergio Crivelli

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El "debate" presidencial fue convocado bajo la excusa del "voto informado". Su objetivo teórico era que los electores supieran qué harían los candidatos en caso de llegar al poder. Pero como gran parte de la vida institucional argentina resultó una puesta en escena.

 

No hubo debate, ni información, sino una sucesión de "spots" de campaña como los que habitualmente reproducen los medios bajo obligación legal. La diferencia se limitó en este caso a que, como la trasmisión era en vivo, todos estaban atentos a si algún candidato transpiraba, elevaba el "dedito" o cometía algún furcio. El contenido era irrelevante.

El espectáculo nada tuvo que ver con la política y menos con el programa de una próxima administración. Frente a la grave crisis que se avecina fue una frivolidad que todos consintieron, en particular los medios que ocuparon el centro del escenario, aunque en los atriles hubieran admitido a seis políticos. Buena parte de la parodia consistió en que se les tomaba examen, pero sin un programa preciso, por lo que contestaban cualquier cosa sin que nadie se inmutara.

El salón universitario donde se montó la representación pareció estar a 1.000 kilómetros de la realidad de una economía paralizada, un país golpeado por una pobreza crónica y una dirigencia política que repite las mismas ideas decadentes con los mismos resultados desastrosos desde hace décadas. Los que vienen a reemplazar a los que fracasaron ya fracasaron antes. Simplemente vienen a cambiar las caras del fracaso. Pero nadie se inmuta. Nadie, por ejemplo, habló de la inflación en un país con más del 50% de inflación anual. Se tiran con la pobreza a la cara, mientras el número de pobres sigue aumentando.

Los indignados de hoy escondían ayer las estadísticas alegando que medir la cantidad de pobres equivalía a "estigmatizarlos". Son los mismos que acusan al actual presidente de mentir.

La distancia entre el "debate" y la realidad estuvo perfectamente representada por los candidatos. Los dos que reunieron el 85% de los votos, Fernández y Macri, no pasaron de las ficciones voluntaristas o de la corrección política. El peronista prometió activar el consumo interno y las exportaciones al mismo tiempo. La cuadratura del círculo. También acusó al gobierno de destruir la educación pública.

Paradójicamente es socio político del sindicalismo docente (Baradel) que más hizo porque hasta los pobres emigraran a la educación privada, porque sus hijos terminan el nivel primario sin saber leer ni escribir y el secundario, sin comprender lo que leyeron con dificultad.

El presidente representó un papel incomprensible. Eligió no confrontar y se aferró a una corrección política que sus votantes desprecian. No asumió la representación de quienes lo votan. Fue timorato por cálculo donde no tenía que serlo: en un escenario creado para el marketing, las promesas y la épica del suburbio de los que prometen asado para todos y todas y se burlan de los que construyen cloacas.

Definitivamente no entendió el juego o cree que con la fórmula con la que ganó en 2015 puede tener un desempeño digno cuatro años más tarde. Eso es también estar a 1.000 kilómetros de la realidad, pero, además, viajando en la dirección equivocada.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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