Lunes, 28 Octubre 2019 00:00

La victoria de Alberto Fernández y Cristina Kirchner no es un cheque en blanco - Por Eduardo van der Kooy

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Alberto Fernández y Cristina Kirchner no pudieron repetir el vendaval de las PASO. Y en la derrota pudo haberse visto una de las mejores versiones de Macri en cuatro años.

 

La victoria de Alberto Fernández y Cristina Kirchner​, que encabezarán el próximo gobierno a partir del 10 de diciembre, se produjo en circunstancias distintas a las esperadas. Ha sido indiscutible y por una ventaja apreciable. Obviando el riesgo de un balotaje. Pero no resultó el vendaval de las PASO. De nuevo, como en aquella oportunidad, se ha registrado un fenómeno indetectable: el deslizamiento silencioso del voto. El ejercicio soberano de cada ciudadano. Aquella vez catapultó al Frente de Todos. Ahora dejó a Mauricio Macri y a Cambiemos en una posición imaginada para consolidar un frente opositor. El kirchnerismo y el peronismo no tendrán ninguna vía liberada pese al consistente respaldo popular.

A esta altura, tanto el Presidente como Alberto F. debieran empezar a interpelarse acerca de cuáles podrían haber sido las razones del fuerte acortamiento de la distancia entre ellos en la batalla electoral. Macri no podría nunca reparar en la realidad económica. Que, pese a las medidas de apuro adoptadas desde las PASO, sin dudas, empeoró. Sólo el dólar pasó de $ 45 a $ 65. Con el lógico impacto inflacionario.

Parte de la explicación podría encontrarse en el giro de campaña que lo convirtió, con sus caravanas, en un dirigente visible. No únicamente mediático. Ni aferrado a la tecnología política. Ese impacto electoral pudo apreciarse de nuevo en la franja central del país. También en el interior de Buenos Aires donde en grandes ciudades, como Mar del Plata, repuntó mucho. La vuelta a su origen. Al territorio que terminó por hacerlo presidente en el 2015 frente a Daniel Scioli. El Presidente mejoró notablemente además la votación en Santa Fe (ganó), Córdoba (arrasó), Mendoza y la Ciudad.

Otros argumentos, tal vez, podrían hurgarse en la estrategia de Alberto F. una vez que se coronó en las PASO. Hubo una sobrevaluación del éxito. Quizás, sin necesidad, el presidente electo fue virando su autonomía política inicial hacia un acercamiento pernicioso a Cristina. “Ella y yo somos lo mismo”, llegó a exagerar. La ex presidente, en simultáneo, adquirió sobre el final de la campaña un protagonismo que no había tenido antes. Conclusión: su figura sigue despertando pasiones e incondicionalidad entre los fieles. Constituye todavía el liderazgo más potente dentro del espacio del Frente de Todos. Pero en idéntica proporción, seguiría generando espanto fuera de tales fronteras. Quizás el binomio de los Fernández, cuando acceda al poder, debiera resetear ese funcionamiento político.

Una radiografía, a propósito, podría estar registrada en Buenos Aires. Axel Kicillof se consagró nuevo gobernador. Pero María Eugenia Vidal también achicó a casi la mitad la diferencia con la cual había sido derrotada en las PASO. Ese acortamiento provino, en especial, del interior bonaerense. En el conurbano sopló una intensa ráfaga kirchnerista. Aunque algunos intendentes de Cambiemos, como Néstor Grindetti de Lanús, lograron salvar el sillón.

En el debe de Macri –amén de la durísima crisis económico-social-- podría anotarse alguna impericia en la articulación de alianzas políticas. Que podrían haberle abierto, a lo mejor, otras expectativas. Las candidaturas de Juan José Gómez Centurión y José Luis Espert, aún con los cómputos generales provisorios, agruparon cerca del 4% de los sufragios. Pudo haberse realizado un esfuerzo para la posible unión que por vanidades, quizás, se abandonó. Mucho menos afín, en cambio, debe haber sido el electorado que optó ayer por Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey. Al ex ministro de Economía Alberto F. le dispensó un agradecimiento especial. Se verá por qué.

La elección ha dejado aspectos neurales, tanto en el Frente de Todos como en Cambiemos, que se irán definiendo en el futuro. Uno de ellos es el de los liderazgos que terminarán por asentarse. Macri recobró vida política. Pero el abrumador triunfo de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad lo deja en una posición perfecta para la competencia. El jefe porteño hizo una votación histórica, con 20 puntos de diferencia sobre Matías Lammens.

El ex presidente de San Lorenzo fue una apuesta personal de Alberto F. en un distrito donde el peronismo nunca sale de perdedor. Lo hizo en desmedro del kirchnerista Mariano Recalde, que deseaba insistir como en 2015. Será una factura que deberá abonar en algún momento. Lammens fue en la Ciudad una suerte de contraparte cuando Cristina ungió con su dedo a Kicillof en Buenos Aires.

En la derrota, quizás, pudo haberse descubierto una de las mejores versiones de Macri de los cuatro años. Algo entre las PASO y las elecciones definitivas de ayer. Otro tramo en la admisión que su ciclo en el poder llegará en diciembre a su fin. Sin vueltas. Llamó para felicitar a Alberto F. por su victoria. Anunció que hoy mismo se encontrarán para desayunar en la Casa Rosada. Hay que hacerle frente a una transición de 40 días que será para cortar clavos. Por la fragilidad macroeconómica estructural que tiene la Argentina.

El desempeño del Gobierno sembró un poco de desconcierto en el Frente de Todos. Incluso por la prolijidad y difusión del escrutinio. Cuatro horas después del cierre estaba todo concluido. Distinto a lo acontecido en agosto. Y también en el 2015. El binomio Fernández aspiraba a repetir o aún profundizar el éxito de las PASO. Los números previos de sus bocas de urna le daban a las seis de la tarde de ayer 18 puntos de diferencia.

La reacción, pese a ese estado de cierta perplejidad, fue adecuada a las circunstancias. Enfocada, como lo hizo Macri, hacia la transición que está en marcha. Kicillof hizo, mas allá de describir una provincia arrasada (como Vidal había dicho sobre la herencia de Scioli), una invocación para que la grieta sea superada. Quizás sólo Cristina se apartó algo del libreto conciliador al reclamarle a Macri que ejerza su mandato y responsabilidad hasta el último día. Como ella misma no hizo en el 2015 (se debe haber olvidado), al negarse a entregarle el mando al Presidente, ungido también por el voto popular. Lo explicó con palabras fogosas y ofensivas en su libro, “Sinceramente”. Alberto F. estuvo en la hora de la victoria en una talla similar a la que mostró el Presidente cuando admitió la derrota. Reconocieron ambos que vienen tiempos difíciles. Que será imprescindible la colaboración de todos. Seguramente no habrá espacio para ciertos facilismos prometidos en campaña.

La lógica del presidente electo, por lo visto y escuchado, sería el de evitar a toda costa una tormenta antes de diciembre. Después llegarán otros desafíos: cómo se las ingeniará Alberto F. para convertir en una maquinaria de gestión eficiente un Frente de Todos que exhibe una llamativa heterogeneidad de pensamiento.

La elección ha dejado un mapa político nuevo en la Argentina. Era complicado predecirlo luego de las PASO. No habrá un próximo Gobierno con un cheque en blanco de la sociedad. Con menos de la mitad de los votos totales tampoco estará en aptitud de cavilar algún ensayo hegemónico. Como ocurrió en 2011 cuando Cristina triunfó con el 54%. Pero su seguidor cosechó apenas el 17%.

Sólo Cambiemos –habrá que ver los cómputos-- dispondrá en el Congreso de más de 115 diputados. Y cerca de una treintena de senadores. Tampoco podrán olvidarse otros bloques menores que podrían concederle equilibrio a la actividad parlamentaria. Con la búsqueda imperiosa de consensos. En Buenos Aires, con la actuación electoral de Vidal, el todavía oficialismo mantendrá la mayoría en el Senado. Detalles para no soslayar.

El último tramo de la campaña de Cambiemos dejó otra novedad. Las 30 caravanas de Macri mostraron la predisposición de miles de personas para defender, pese a los bolsillos flagelados, valores de ética y transparencia que no abundan en la política nacional.

Se trata de una advertencia para el Gobierno que vendrá. Se trata también de una señal que no debería pasar inadvertida para el Poder Judicial. Allí, desde las PASO, fue posible descubrir una inclinación por aflojar o enredar muchas de las causas de corrupción de la década K. Afloran, sobre todo, aquellas que afectan a la vicepresidenta electa y su familia.

En lo inmediato, la responsabilidad de Macri, sobre todo, y de Alberto F. radica en resguardar el orden de la gobernabilidad. En la Argentina siempre ha sido un Talón de Aquiles. Ahora podría serlo más observando el vecindario revuelto. Chile, Bolivia o Ecuador.

Eduardo van der Kooy

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