Martes, 29 Octubre 2019 00:00

El péndulo social y la lapicera de Alberto Fernández - Por Hugo E. Grimaldi

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El péndulo ciudadano le acaba de ganar una vez más en las urnas a la tranquilidad y a la coherencia que exhiben otras sociedades a la hora de seguir hacia adelante con meras correcciones de estilo.

 

Coherencia que no es uniformidad, sino matices de una misma partitura, bien alejados de los drásticos volantazos argentinos que impiden hacer sintonía fina cuando hay que reacomodar el vehículo otra vez sobre la ruta.

Más allá de esos vaivenes que ya son históricos y que permiten de modo recurrente tropezar varias veces en la vida con una misma piedra, el punto de partida de Alberto Fernández (o de Mauricio Macri si hubiese sido el caso) es hoy tan angustiante como el del año 2001, aunque de momento está bastante más maquillado que por entonces, ya que el nuevo presidente recibirá una economía atada con alambres, con todas las variables domésticas desmadradas (recesión, inflación, pobreza, desempleo, endeudamiento, valor del dólar, etc.), a lo que hay que agregarle un mundo convulsionado por la pelea comercial entre EE.UU. y China, escenario en el que la Argentina ha vuelto a defeccionar.

En materia económica, los votantes le han dado al pero-kirchnerismo ganador vía libre para encarar la reconstrucción de acuerdo a su postulado madre, cliché que perfectamente va a conseguir adhesiones en la famosa mesa tripartita de diálogo que seguramente bendecirá la Iglesia: “vivir con lo nuestro”, un eufemismo para definir una economía cerrada, dirigista y mercado internista, con preeminencia de la industria por sobre el campo y apalancada en cepos, sustitución de importaciones y subsidios de todo tipo. Ya se verá si las restricciones objetivas con las que se va a encontrar Fernández le van a permitir abordar de inicio ese tipo de recetas.

Él y su equipo van a necesitar tener mucha cabeza fría para mostrarle a la sociedad y al mundo un plan económico coherente, a partir de la necesidad de patear para adelante y de modo amigable la cuestión de la deuda. Tampoco esta vez habrá tanto margen para meterle dinero en los bolsillos a la gente para estimular el consumo, otro postulado peronista que privilegia la emisión de dinero por delante del endeudamiento, lo que augura desde diciembre un camino más que traumático en materia inflacionaria. Paradojas de la política, a la inversa, el nuevo gobierno va a estar en mejor situación que el macrismo para empujar reformas estructurales.

Para Fernández, la situación luce más que clara, ya que la culpa de todos los males económicos que se avecinan la tendrá por siempre el inexistente “neoliberalismo” de Cambiemos o el “gobierno de los CEO’s”, conceptos prejuiciosos que la militancia ha comprado. Nunca la responsabilidad será siquiera compartida con la herencia-bomba que dejó el kirchnerismo en 2015, tema que el actual presidente no quiso o no supo resolver como mandan los manuales, en los primeros 100 días de mandato cuando se enredó con la pérdida de tiempo del gradualismo.

El primer enemigo que deberá sortear el mandatario electo son los mercados, eufemismo que encierra un colectivo local e internacional. Y aunque muchos de sus integrantes se han alejado desde hace bastante tiempo del riesgo argentino o se atrincheraron con los dólares que pudieron comprar hasta aquí o retirado de apuro de los bancos es un factor diario de desestabilización de expectativas que habrá que atender, tarea a la que se ha aplicado el actual Banco Central.

Es que la incertidumbre, que comenzó el día después de las elecciones PASO, fruto del triunfo holgado y sorpresivo por gran diferencia de parte de Fernández, para esos mismos mercados parece que ha cesado y ahora será el carácter de la transición el que podría darle mayor sosiego a los operadores si los que llegan y los que se van trabajan de modo coordinado. También suma algo de tranquilidad que la diferencia no haya sido abismal y que se van a poder armar bloques en el Congreso bastante parejos.

Hay un punto crítico sobre el que hay que detenerse necesariamente y es la interna con la que deberá lidiar el nuevo presidente si intenta desmarcarse. Son tres las cuestiones, al menos, en las que Fernández y la ahora vicepresidenta electa, su mentora, Cristina Kirchner, no tocan con la misma intensidad la misma tecla: la llamada en los tiempos K “democratización” de la Justicia y una eventual reforma constitucional; en materia internacional, la justificación a libro cerrado de la dictadura venezolana y cómo convivir con el Brasil de Jair Bolsonaro y en lo local, la tradicional pelea con los “medios concentrados” o con los periodistas que no se alinean al relato oficial.

Aquí, hay que hacer una salvedad de personalidades, un tema que dentro del peronismo es clave: ¿quién es hoy el macho alfa que dirige la manada? ¿Y quién el beta que le presentará batalla? Podrán convivir y complementarse hasta que algunos de esos temas tan críticos se pongan sobre la mesa y se verifique bien el calibre de cada fuerza. A Alberto F. lo definen quienes lo conocen como una persona muy ambiciosa, que ha transitado por múltiples caminos de la política, desde sus lecturas juveniles de Mao Tsé Tung hasta haber estado cerca, entre otros, de Domingo Cavallo o haber sido el armador ideal que necesitaba Néstor Kirchner. Ha llegado y no querrá perder la oportunidad de dejar su huella que no podrá ser, para sus estándares, como el simple ladero de una ex presidenta.

En materia de causas judiciales asociadas a la corrupción, el nuevo presidente tendrá la lapicera de la amnistía y cuando gaste esa tinta probablemente se las deberá ver con los seguidores más fanáticos de la ex presidenta, muchos de ellos capaces de dejar que se cristalicen todos los males heredados para venderle a la sociedad un nuevo relato: que se puede salir del pozo, si se avanza hacia nuevas formas institucionales.

Hugo E. Grimaldi

Visto 132 veces Modificado por última vez en Martes, 29 Octubre 2019 15:31

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