Lunes, 04 Noviembre 2019 00:00

Fernández ganó con una primera minoría y tendrá que negociar - Por Sergio Crivelli

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El candidato opositor esperaba superar el 50%, pero retrocedió respecto de las PASO. Ahora debe ratificar su liderazgo, armar un gabinete, elaborar un plan de gobierno y encarar la crisis.

 

Las primarias habían ilusionado al peronismo con un triunfo en primera vuelta en el que superaba holgadamente el 50%, lo que teóricamente le iba a permitir gobernar en forma discrecional. Pero la remontada electoral de Mauricio Macri echó por tierra esa expectativa. El futuro presidente gobernará con una primera minoría y el saliente fue respaldado por una segunda minoría sin antecedentes: el 40%. Por eso el domingo pasado en el peronismo había caras largas y en Cambiemos, de optimismo, a pesar de la derrota.

Este mundo del revés fue posible, porque entre las PASO y las generales los Fernández retrocedieron un punto y medio, mientras Macri subió 7 y medio. Por cada voto extra conseguido por el peronismo, Macri consiguió diez. Esto último en pésimas condiciones económicas: altísima inflación, crisis cambiaria, recesión, pobreza y desempleo en alza, etcétera.

Las causas del giro fueron múltiples. Sin duda el temor de volver a un peronismo con poder absoluto hizo que miles que no habían ido a votar lo hicieran y que miles que habían castigado a Macri reconsideraran su decisión. La "grieta" se ahondó como nunca y el "horror vacui" de la clase media fortaleció al presidente. Si el voto está ligado a la economía como quieren los especialistas, el temor al desquicio populista fue el factor que terminó reequilibrando la balanza.

Pero las urnas y la campaña ya son agua pasada. La elección dejó un vencedor claro, a pesar de lo cual la evolución de la situación política resulta incierta. Y esto es así porque lo que obtuvo Alberto Fernández fue un triunfo condicionante en varios aspectos. El primero es el de la conformación del propio oficialismo.

El 90% de los votos quedó repartido entre dos frentes; una suerte de "bifrentismo". El primer problema que debe resolver Fernández, entonces, es el de dar cohesión a su espacio y demostrar que lo lidera, algo sobre lo que surgieron dudas el mismo domingo cuando el escenario de la victoria fue copado por Cristina Fernández y Axel Kicillof, este último, creación política de la ex presidenta. Los gobernadores aliados de Alberto Fernández vieron todo desde la platea. Se trató de un episodio con una repercusión mediática desproporcionada respecto de su importancia efectiva, pero elocuente sobre la divisoria de aguas en el Frente de Todos. También fue elocuente que Macri y Fernández anunciaran que se reunirían para acordar la transición mientras Fernández de Kirchner le exigía al primero que siguiera gobernando hasta el último día de mandato en un tono que contrastó con el clima de deshielo entre los protagonistas de la elección.

A lo que hay que añadir que la puja será menos simbólica y más concreta en el Congreso. Allí no se sabe si los bloques "cristinistas" y "albertistas" se fusionarán o si formarán un interbloque. Esto último sería una mala señal sobre la cohesión del peronismo. Y si se unen bajo la conducción de un cristinista, la señal será peor.

El segundo condicionamiento de Fernández está en la situación financiera, ligada a su vez a la política internacional. La corrida cambiaria entró en un compás de espera después del "supercepo" que le puso Macri al dólar, pero esa medida tiene un efecto transitorio. El próximo presidente debe tomar decisiones de fondo para enfrentar los dos problemas más acuciantes de la economía: la deuda y la situación fiscal.

La refinanciación estará condicionada por la política exterior que elija Fernández. 72 horas después de haber sido confirmado en las urnas recibió el mensaje público del secretario de Tesoro norteamericano, Steven Mnuchin: Donald Trump espera que cumpla lo comprometido con el FMI. Un "default" unilateral o un coqueteo con el régimen de Nicolás Maduro terminarían con cualquier posibilidad de financiamiento para la Argentina.

Jair Bolsonaro, el aliado más firme de Washington en la región amagó directamente con desarmar el Mercosur si Fernández se aparta de la política actual de la Argentina. El problema para Fernández reside en que cualquier entendimiento con los Estados Unidos o acuerdo con Bolsonaro equivaldrían al estallido de una bomba en el seno de su heterogénea alianza de gobierno.

Todo esto debe definir el presidente electo antes aún de armar su gabinete y redactar un plan para salir de la crisis. Le falta más de un mes para entrar a la Casa Rosada y ya empezó a sufrir presiones como si tuviera el poder en sus manos.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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