Jueves, 07 Noviembre 2019 00:00

Mecha corta - Por Sergio Crivelli

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La sociedad está partida electoralmente en dos, la economía semiparalizada y las presiones sectoriales comenzaron a aparecer en los diarios. Todos miran a Alberto Fernández a la espera de una señal sobre su plan de gobierno, pero por el momento siguen recibiendo imágenes de campaña, fotos con una gorra con la visera en la nuca.

 

La crisis de la que tanto habló el peronismo a la hora de juntar votos parece haber entrado en estado de hibernación, lo que no impide que los precios sigan aumentando todos los días, la actividad cayendo y los salarios y las jubilaciones deteriorándose. El presidente electo está a más de un mes de instalarse en la Casa de Gobierno, pero sufrirá un desgaste anticipado si no empieza a dar definiciones claras y precisas de cómo enfrentará un trance tan complicado. Nada se sabe oficialmente de quiénes serán sus ministros, ni hay anticipos de cuáles serán sus políticas de fondo.

Una de los problemas más acuciantes es el de la falta de dólares y su impacto sobre la inflación. Como se ignora aún quién quedará al frente del Banco Central o cuál será la política monetaria los medios recurren a lo que dicen posibles candidatos como Mercedes Marcó del Pont que en un informe de su fundación dio algunas opiniones al respecto.

La ex funcionaria `K' reconoce que hay una `severa insuficiencia' de dólares, afirma que el cepo `introduce racionalidad' en las actuales circunstancias, pero que su aplicación a la larga genera problemas. Nada que no se sepa: hay corrupción con los mecanismos para eludirlo (¿es necesario hacer nombres?) y la dificultad de acceso a la moneda norteamericana genera complicaciones en los mercados muy dolarizados como el inmobiliario.

¿Qué propone a cambio? Un sistema de retenciones y reintegros, que es peligrosamente arbitrario. Peligrosamente, porque los que reparten premios y castigos (es decir dólares) son políticos. Además, ya se usó sin éxito.

Los problemas de dólares se resuelven con dólares, pero todavía ningún vocero albertista dijo de dónde piensa extraerlos el nuevo gobierno. He ahí la cuestión. El pacto social de precios y salarios del que sí habla el albertismo no resuelve los problemas urgentes que son la deuda y la situación fiscal, causas de fondo del descontrol del hundimiento del peso.

En medio de tanta duda apareció el piquetero Grabois insistiendo en la `redistribución de la riqueza', fantasía que está en la base del aumento constante de la pobreza. Quiere aumentar las retenciones a la producción agropecuaria, que es la única proveedora genuina de dólares junto con los hidrocarburos y la minería, y aumentar el impuesto a los bienes personales de recaudación insignificante. Nada de eso sirve, pero el objetivo es menos aportar ideas que presionar al futuro presidente. Dijo que la situación tiene `mecha corta', es decir, que la sociedad tendrá poca paciencia.

Fernández sufre además presiones de los Estados Unidos y de Brasil por su política exterior. En este caso también demora las definiciones de fondo para evitar problemas en su frente interno. El viernes habló con Donald Trump y emitió un comunicado según el cual el mandatario norteamericano le habría asegurado que ``instruyó al FMI para que trabaje con él''. El comunicado de la Casa Blanca no mencionaba FMI. La prensa nativa difundió la versión del albertismo, pero la prestidigitación mediática no sirve para posponer la hora de las definiciones.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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