Lunes, 11 Noviembre 2019 00:00

El futuro gobierno de Alberto se va tiñendo de cristinismo - Por Sergio Crivelli

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En una entrevista con Rafael Correa el presidente electo recitó el evangelio K: no se puede pagar al FMI, Milagro Sala es una presa "ilegal" y los medios son "lobbistas" del poder económico

 

En el último tramo de la campaña Alberto Fernández aseguró públicamente que Cristina Kirchner y él eran "lo mismo". Fue la primera promesa de campaña que decidió cumplir.

Faltan definiciones clave sobre el rumbo económico y la composición del gabinete, pero su alineamiento político con la ex presidenta es cada vez más ostensible. Para resumirlo basta la frase que pronunció hace 48 horas ante la CGT: "Cristina Kirchner es la esencia de este triunfo".

Ese reconocimiento no parece demasiado lejano de la realidad porque él llegó a la presidencia por decisión de Cristina Kirchner. A lo que hay que añadir que se frustró el triunfo que esperaba por más del 50% de los votos, lo que lo hubiera investido con un liderazgo personal indiscutible. Si a esto se añade que lo espera un cuadro económico muy complejo, se entiende sin mayor dificultad por qué intenta sumar todo el apoyo político disponible.

La crisis adquirió una dinámica riesgosa después de las PASO y el margen de maniobra de Alberto Fernández es estrecho. Ganó con muchos votos prestados por la ex presidenta. A lo que hay que agregar que las expectativas sembradas en la campaña sobre reactivación de la producción y el consumo interno deberán esperar. En palabras del propio Fernández: "El 10 de diciembre no es una fecha mágica". Fue su manera oblicua de confirmar el cepo seguirá después de su asunción y que puede haber otras medidas poco agradables.

También admitió que la deuda no se puede pagar. Diagnosticó un problema de insolvencia, donde el gobierno de Macri ve sólo uno de iliquidez. Las acusaciones cruzadas entre los que se van y los que entran respecto de la "herencia" están a la orden del día, pero eso no cambia la gravedad de los problemas a resolver. El dólar "blue" y el riesgo país reaccionaron en forma negativa al anticipo de default.

Fernández paseó por México en medio de la emergencia que ingresó en un compás de espera como consecuencia del cepo y de la expectativa del cambio de guardia en la Casa Rosada. Pero esa espera no será prolongada. Las señales de las últimas horas generan incertidumbre en el poder económico, ámbito en el que se detecta una inadecuación entre el posicionamiento internacional de Fernández y sus necesidades financieras.

Entre 2020 y 2022 los vencimientos suman 4 puntos del PBI. El gobierno debería pagar al FMI 22 mil millones de dólares en 2022 y otros 22 mil millones en 2023. Esa agenda sugiere mejorar las relaciones con Washington de manera urgente, pero Fernández sólo habló telefónicamente con Donald Trump.

Entretanto el mensaje del FMI sigue siendo invariable: para abrir una renegociación de la deuda el gobierno entrante debe presentar un plan económico. Ese plan se ignora tanto como quienes serán los encargados de aplicarlo.

A lo que hay que añadir que en materia de nombramientos las versiones que circulan tampoco parecen tranquilizadoras. Trascendió el "veto" de la ex presidenta respecto de algunos ministeriables que circulaban por los medios: Martín Redrado, Diego Bossio y Gustavo Béliz.

De allí que el primer consenso que busca Fernández sea con Cristina Kirchner. Tanta es la magnitud de la crisis.

Bajo esta luz también hay que considerar las novedades surgidas del Congreso en los últimos días. Después de una larga parálisis a causa de la campaña electoral, el kirchnerismo informó que quiere que el Poder Legislativo funcione en diciembre y enero.

Sesionar en enero constituiría una rareza. Un presidente que debuta tiene mayor margen de maniobra con un Congreso en receso. Se puede manejar frente a los problemas más acuciantes por decreto. Pero si el Congreso estuviese cerrado hasta marzo, la presidenta del Senado, Cristina Kirchner, desaparecería del escenario. Allí hay que buscar el afán legislativo del kirchnerismo.

Se espera que la ex presidenta monopolice el poder de la Cámara alta y tenga influencia decisiva en la baja. Esto resultará clave para la relación de fuerzas dentro del peronismo. Aún se ignora si habrá un interbloque con senadores cristinistas por un lado y peronistas vinculados a los gobernadores por otro. La ex presidenta controla al grupo más numeroso y habrá que ver quién presidirá el interbloque o el bloque unificado. La práctica establecida es que el presidente de los bloques oficialistas de ambas Cámaras del Congreso sea definido por el presidente de la Nación. Si en este caso hubiese una excepción, podrá hablarse de cogobierno.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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