Lunes, 25 Noviembre 2019 00:00

El balance de poder se inclina en favor de Cristina Kirchner - Por Sergio Crivelli

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Controlará los dos bloques oficialistas del Congreso, mientras Alberto Fernández le pone la cara a la crisis económica. El albertismo murió antes de nacer. Novedoso ensayo institucional.

 

A su regreso de Cuba la vicepresidenta electa comenzó a definir su cuota de poder en el seno del próximo gobierno: será grande. Parece haber acertado al elegir a Alberto Fernández a la cabeza de su fórmula presidencial. Su ex jefe de gabinete le ha cedido el control del Congreso, entregándole, por ejemplo, la conducción de los bloques oficialistas de las dos cámaras.

No hay antecedentes de un caso similar, ya que es el jefe político del gobierno el que suele designar sus operadores parlamentarios. Deben ser hombres de extrema confianza. Fernando de la Rúa, por ejemplo, no acertó con el presidente de su bloque de senadores, Carlos Maestro, quien terminó pidiéndole la renuncia en plena crisis de 2001.

Resultó didáctica la unificación de los bloques peronistas del Senado. El presidente del que respondía a los gobernadores, Carlos Caserio, desconoció públicamente el liderazgo de Cristina Kirchner. Era considerado el hombre más cercano a Alberto Fernández en la Cámara alta; la cara visible del albertismo. A las 24 horas recibió el pedido de Alberto F. para que dejara la banca y pasase a ocupar un lugar en el futuro gabinete.

Su reemplazante es un senador alineado con el gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, y con CFK. En reserva le había recomendado a Caserio que tuviera la grandeza de reconocer el triunfo de Cristina Kirchner. Haber desoído ese consejo resultó fatal para el cordobés, que tiene sus votantes en un distrito en el que el nombre de Cristina no suma, sino que más bien todo lo contrario.

Pero el defenestramiento de Caserio fue sólo la punta del iceberg cristinista. Los gobernadores que se negaron a dar batalla contra ella en la interna después de la derrota de 2015 y que también se negaron a embarcarse en una renovación del peronismo serán los próximos objetos del ajuste "K". Miguel Pichetto la vio venir y se retiró antes de que le pasara lo que a Caserio. Sergio Massa, también la vio venir, pero optó por la estrategia contraria: someterse. Massa y Fernández comparten la experiencia de haber sido jefes de gabinete de Cristina Kirchner; saben con quién tratan. Saben también que maneja el poder sin contemplaciones.

Trascendió que entre los planes de la vicepresidenta electa está el control de la Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado. Desde allí el kirchnerismo controlara la creación de impuesto y el reparto de fondos. Su preocupación es que la provincia de Buenos Aires no sufra una sequía de recursos que complique la gestión de Axel Kicillof. Se trata del distrito en el que está el principal capital electoral de CFK y que puede heredar Máximo Kirchner, presidente del bloque peronista unificado en Diputados. El mapa del poder nunca se armó con mayor nitidez ante los ojos de los observadores.

No sólo los gobernadores se verán en problemas por el avance de la vicepresidenta. También los sindicalistas que nunca se llevaron bien con ella. En esta corporación el albertismo también caducó nonato.

Entretanto Alberto Fernández sigue postergando definiciones económicas clave, a pesar de que el tiempo ha comenzado a jugarle en contra. Los nombres de funcionarios no han sido confirmados y lo único que trascendió con cierto grado de verosimilitud es que analiza un aumento de emergencia para asalariados, jubilados y planeros. La idea es estimular el consumo.

Los empresarios no se pronunciaron orgánicamente sobre el caso, pero ya advirtieron por distintos medios que no todos están en condiciones de pagar los aumentos por decreto y que, de hacerlo, esos incrementos pueden ir a parar a los precios. Por ese camino puede generarse una dinámica negativa sobre la inflación, si además se inyecta emisión para cerrar la brecha fiscal.

Fernández se encuentra con una actividad semiparalizada, dólar quieto y superávit de la balanza comercial. Macri frizó la economía para la transición; por eso hay estabilidad. Pero Fernández debe hacerla arrancar a riesgo el riesgo de detonar una corrida. Si aumenta la emisión un 10% y pretende que los salarios aumenten un 30, la ecuación no va a cerrar. Su margen de maniobra es estrecho, en especial porque no comienza por resolver los problemas fundamentales que son la deuda y el agujero fiscal.

A ese panorama poco propicio acaba de añadir un factor de consecuencias impredecibles: el del fraccionamiento de su poder político. Una novedad cuyo futuro es un misterio.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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