Miércoles, 27 Noviembre 2019 00:00

Partidas simultáneas - Por Sergio Crivelli

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Raúl Baglini tiene un talento poco frecuente: puede describir situaciones complejas con una imagen sencilla. Esta vez lo usó al comparar a Alberto Fernández con un jugador de partidas simultáneas de ajedrez.

 

El presidente electo está parado delante de varios tableros en los que debe batallar con adversarios de la talla de Cristina Kirchner, la CGT, los gobernadores, el FMI, los acreedores, etcétera. Y, aunque no lo diga Baglini, es evidente que se trata de rivales de los que debe cuidarse porque arranca en medio de una situación económica adversa y con un poder político recortado. Su candidatura fue producto del dedo de CFK y ya empezaron a recordárselo.

Esto último quedó a la vista después de su negociación con la ex presidenta que reclamó y obtuvo el control político de las dos cámaras del Congreso. Cada ley o nombramiento que pase a partir del 10 de diciembre por el Senado deberá contar inevitablemente con su aprobación. Por ejemplo, el presupuesto 2020 y cualquier legislación de emergencia: prohibición de despidos, doble indemnización, suba de impuestos, etcétera.

A pesar de que demora los movimientos en el resto de los tableros, la apertura que hizo en el de Cristina Kirchner dejó al presidente electo en una clara desventaja inicial. Podrá decirse que al ceder poder a su mentora la comprometió en mayor grado con su gestión, pero la jefatura del Poder Ejecutivo es unipersonal y la responsabilidad de las decisiones que tome, indivisible. Si algo sale mal, el costo político lo pagará exclusivamente él.

En el caso de los gobernadores la situación es similar. Los jefes distritales aceptaron sumarse en la Cámara alta a un bloque que liderará el cristinismo porque no tenían otras opciones, pero se mantendrán alineados mientras no los perjudiquen en materia económica.

Mauricio Macri suele afirmar que su gestión fue la más federal que se recuerde. “Malgré lui”, podría replicarle la mayoría peronista de la Corte. Como quiera que sea, los números le dan la razón. El flujo de fondos hacia las provincias aumentó con fuerza hasta el punto de que muchas de ellas tienen superávit fiscal, mientras la Nación sigue con déficit. En tiempos de vacas flacas se trata de una cuenta de suma cero: lo que gane la Nación será a costa de las provincias y viceversa. En síntesis, una ecuación difícil de resolver.

En este terreno Fernández debe además definir su relación con la de Buenos Aires, en manos de Axel Kicillof, “protege” de la señora. La ex presidenta privilegia ese distrito porque ahí tiene su cantera de votos. El 26 de enero la provincia tiene un vencimiento por 260 millones de dólares. ¿Qué hará al respecto Fernández? Esa jugada, si ya está en su estrategia, todavía se ignora.

En materia de deuda trascendieron contactos del disminuido Guillermo Nielsen con bancos, aseguradoras y fondos de inversión. Pero el tablero prioritario es el del FMI en el que Fernández sigue sin mover. Todo indica que demorará lo más posible. También que no espera que le den los desembolsos pendientes. Pero el reloj sigue corriendo en su contra y si no se decide se arriesga a perder por default.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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