Lunes, 02 Diciembre 2019 00:00

El jarrón chino de José Luis Gioja, los boletos de Sergio Massa y Miguel Pichetto más lobo solitario que nunca - Por Ignacio Zuleta

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En Diputados se cierran esta semana las negociaciones para elegir a sus autoridades. Sigue la pelea entre radicales y macristas por la AGN.

 

Ocho días que decidirán por cuatro años

En los días que restan hasta la asunción del nuevo gobierno, los protagonistas se enfrascan en una cadena de debates y negociaciones que decidirán las condiciones del primer tramo de la administración de los Fernández. Tendrán lugar en público y en privado, hacia adentro y hacia afuera de las formaciones de la nueva y la vieja oposición. Lo más estridente será entre este lunes y el miércoles, cuando quedarán abrochadas las cúpulas de las dos Cámaras del Congreso. De ese trajín depende la agenda mínima hasta fin de este año, que incluye la aprobación del nuevo presupuesto y la prórroga de, por lo menos, la emergencia social. Ésta fue decretada en tiempos de Eduardo Duhalde y renovada en diciembre de 2016 junto con la ley de economía popular.

La norma tenía un régimen trienal, que vence este mes, y autorizaba al poder Ejecutivo a oblar hasta $ 30.000 millones con destino al salario complementario para los pobres. Hoy lo reciben cerca de 500 mil pobres que, si no se prorroga esa emergencia, quedarán sin ese ingreso.

La ley de 2016 fue la primera del acuerdo tácito entre el oficialismo y la oposición, articulada en aquel momento por las organizaciones sociales, que tienen terminal en el papa Francisco​. Esa ley, como las que le siguieron, especialmente la de expropiación de tierras en villas de todo el país para dárselas a los ocupantes, fueron redactadas por el tridente “cayetano” que coordinaba Juan Grabois, negociadas con el gobierno de Macri, y sancionadas con una apabullante mayoría de votos de las dos Cámaras.

Ha sido el seguro de paz en las calles durante 4 años, según una consigna que acatan las organizaciones que le sacaron el control de la calle a las tribus de izquierda y, desde ya, al sindicalismo formal, que debió doblegarse ante el poder de convocatoria de las organizaciones sociales. La prórroga de la emergencia, que hereda el próximo gobierno de la cartera de Carolina Stanley, que ahora ocupará Daniel Arroyo, busca barajar y dar de nuevo ese acuerdo de base, según la nueva posición de los protagonistas.

Cambiemos ya fue, el massismo opositor es ahora oficialismo, y los cayetanos tienen una tensa relación con el nuevo gobierno, aunque se anotan en lo que llamó hace meses Grabois, “un cristinismo sin Cristina”. Se entiende, porque esas organizaciones nacieron peleando antes de 2015 contra los gobiernos Kirchner, se fortalecieron en la era Macri y ahora tienen un lugar lateral en el armado de los Fernández, que las van a necesitar como las necesitó Macri para gobernar.

La escala zoológica de la negociación

El maratón de conversaciones discretas que determinará lo que va a pasar en los próximos cuatro años, se dispara este lunes en Diputados. Primero, Mario Negri negociará formalidades con los jefes de bloque del arco neo opositor, Cristian Ritondo y Maxi Ferraro en una reunión de 3. Después se verá a solas - 1+1 dirían los diplomáticos - con Máximo Kirchner, con quien decidirá todo lo importante.

La tercera reunión será de 5, porque se les sumará Sergio Massa, que tiene todos los boletos para ser presidente de la Cámara. Le informarán del paquete con moño que habrán acordado antes, y que prevé detalles como la cantidad de aliados del Frente de Todos para que el tigrense sea elegido en ese cargo. En el armado tiene un puesto Alfredo Cornejo, o quien él designe, para una de las vicepresidencias de la Cámara. También en esa grilla de los vices puede haber un lugar para José Luis Gioja, que circuló en algún momento como competidor de Massa para la presidencia de la Cámara, y a quien hay que pagarle en su condición de jarrón chino: histórico, grande, caro y difícil de ubicar en un ambiente.

A él le debe el cristinismo que no desapareciera el bloque K de Diputados antes de 2017. Antes, el sanjuanino se había comprometido a irse del grupo K con Pichetto, pero no cumplió. ¿Cómo no le van a pagar?

Urgencia para resolver cómo poner a Pichetto en la Auditoría

Son momentos clave, cuando cada paso deja huellas profundas hacia adelante. En 2015, cuando el peronismo ya había perdido las elecciones, Cristina Kirchner decidió, con el último resto de poder que le quedaba, la presidencia del bloque de Diputados, para Héctor Recalde, y de la Auditoría, para Ricardo Echegaray.

Contrarió de tal manera al peronismo de los gobernadores, que generó la división de los bloques del peronismo en el Senado y Diputados, dándole la herramienta política a Macri para moverse con éxito en el Congreso y en su relación con la oposición hasta el final de su mandato. Es decir, aquellas decisiones en las últimas horas, previas a la asunción del nuevo gobierno, decidieron mucho. Lo mismo puede ocurrir ahora y el botón de muestra es la elección del presidente de la Auditoría. Macri ha pedido ese cargo para Miguel Pichetto.

Los radicales insisten en que les corresponde a ellos dar el nombre, porque tienen la mayor sumatoria de bancas por la oposición. Macri argumentó en la reunión del miércoles con los gobernadores y jefes de Cambiemos, que no puede ser que el Pro no tenga ningún auditor en este período, cuando se va a revisar su propio gobierno. Estaban presentes Cornejo, presidente de la UCR, Ferraro, de la Coalición, y Humberto Schiavoni, del Pro. Nadie contradijo al presidente, pero reconocieron las dificultades.

Para nombrar al presidente de la Auditoría basta con una nota de Cornejo al Congreso, porque es un cargo de la oposición. No se vota. Si nominan a Pichetto, los radicales estarán cerrando un pacto de amor y amistad con Macri, reconociéndole una precedencia en el frente neo opositor, que algunos le niegan hoy. Creen que debe mostrar méritos después de una derrota electoral. Esta mirada encierra un juicio inconfesable por parte de quienes creen que Macri es un buen socio para ganar, pero para perder, ¿qué suma? Si le votan a Pichetto, la coalición que fue para ganar elecciones, pero no para gobernar, como se aclaró varias veces ante quejas de los socios, se extendería en el futuro como una coalición postelectoral. Un argentinismo, inédito como tantos. Barajaron la idea de designar a Jesús Rodríguez como presidente de la AGN y darle una silla en el colegio de auditores de Pichetto. Una encerrona, ya que para el nombramiento de un auditor, hace falta una votación de Diputados, porque la silla de Jesús es de esa Cámara. Lo que tiene que decirle hoy Máximo a Negri es si el peronismo de esa Cámara lo impugnará a Pichetto por la inquina que tienen contra él.

Los usos y costumbres dirían que lo tienen que aprobar, porque lo piden los radicales como propio, pero esos odios que dejó en el Senado el rionegrino pueden enredar el trámite. Los peronistas parecen juramentados a hacerle abortar la sobrevida política. El radicalismo quiere claridad en este punto, porque apoyarlo a Pichetto, y no a otro radical, les cuesta. La movida se tiene que resolver en la reunión del próximo lunes 9 de la mesa estrategia de Cambiemos, la última del mandato Macri. El 10 asume el nuevo gobierno y ya habrá cesado el actual residente de la AGN, el peronista Oscar Lamberto.

La misión es matar en la cuna al peronismo “republicano”

Estos espejismos explican la tarea que quiere contener el cristinismo en Diputados, en donde presumen que ya trabaja Massa para generar un bloque peronista no cristinista, que el Instituto Patria quiere matar en la cuna, como lo está haciendo en el Senado.

Allí impuso el bloque unificado y jibarizó al cordobés Carlos Caserio, con una promesa no cumplida de ser ministro. Ahora le han ofrecido la presidencia de la comisión de Presupuesto y Hacienda que deja Esteban Bullrich, candidato a una de las vicepresidencias de la Cámara alta por el Pro, debajo de la que ocupará Martín Lousteau por el radicalismo. La razón de dejar a Caserio en la Cámara es porque si renuncia, lo reemplazarían compañeros de la lista a senador de 2015, que tienen observancia schiarettista: Amelia de los Milagros López, hoy defensora de los Niños, Niñas y Adolescentes de Córdoba, o Juan Grosso, director de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba.

No es fácil imaginar la crueldad del peronismo en el trato con este senador, que le abrió Córdoba a Alberto Fernández en la campaña presidencial. No logró mucho, pero sin él y con su distanciamiento de Schiaretti, Alberto no hubiera podido ni entrar en esa provincia. Así me pagan, dirá él. Hay una razón objetiva: el peronismo triunfante el 27 de octubre quiere porfirizar cualquier resto de peronismo republicano que pueda haber sobrevivido a la foto de los alternativos - Schiaretti, Massa, Pichetto, Urtubey, Lavagna. Si ellos hubieran prosperado, se acababa el cristinismo. Le costó a la expresidenta el lugar en la fórmula, condición para que el peronismo se unificase, cerrándole la puerta a los federales.

Ahora se impone cauterizar las heridas, impidiendo que un Caserio construya desde un ministerio algo importante nada menos que en Córdoba, que pueda dividir de nuevo al peronismo. Es el segundo distrito en cantidad de votos, y ahí manda el peronismo con más poder, que es Schiaretti. A esto le llaman en el Senado el proceso de "despichettización", que se ejerce con crueldad: por ejemplo, en la salida de Mario Daniele de una prosecretaría de la Cámara, sólo porque Pichetto pidió por él - en realidad Macri- a través de sus hombres en el Senado.

De pactos, tuneleros y sotanas

Aunque en la superficie hay modos ríspidos y descalificantes, en las profundidades los tuneleros no dejan de actuar. Quienes miran debajo del agua, creen ver alguna conversación inconfesable -de transición- detrás del decreto que firmó Macri a finales de octubre, con una mega ampliación del presupuesto que, según algunos analistas, significa habilitar una emisión de hasta $ 400.000 millones, que le deja como legado a la nueva administración (es el número 740/2019, investigue usted, que es periodista).

Otros comprenden que tanto Macri como Alberto quieran generalizar esta convivencia de cantón suizo, que convierte a la Argentina en una isla de felicidad en un mundo turbulento y alzado contra cualquier poder. Acá ha actuado de nuevo Francisco, que ha dispuesto que se haga la misa del domingo próximo con la asistencia de los gabinetes saliente y entrante.

Desde los tiempos de Felipe II, que la Iglesia no apadrinaba con tanto incienso una transición de poder. Lindo homenaje al último presidente pío, aunque de facto. Hace justo 50 años que Juan Carlos Onganía consagró la Argentina a la Virgen de Luján (fue el 30 de noviembre de 1969).

Ahora los protagonistas serán dos presidentes, el actual y el electo, dos laicos que van cantando por la vida, casándose todas las veces que han creído necesario y habilitando debates abortistas. Estos dos goliardos de la política criolla estarán el domingo en la basílica de Luján, después de un bordado de monseñor Oscar Ojea. Primero lo llamó a Guillermo Oliveri, futuro secretario de Culto -repite después de 12 años en ese cargo con los Kirchner - y le encargó que buscase el sí de Alberto a esa celebración. Con la credencial en la mano, Ojea lo llamó a Marcos Peña, que logró la aceptación de Macri.

Habrá ya informado a Roma, de donde esperan muchos un mensaje de Francisco - ¿un rosario, un video, una cinta a lo Perón, un mail? que no sea en inglés, por favor - bautizando esta transición más que pacífica. Hay detalles inquietantes para esa misa en Luján, en donde la homilía estará a cargo del nuevo arzobispo, Jorge Scheinig, aunque celebrará Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal. La organización y la seguridad la pone el gobierno entrante, que promete no movilizar barras ni colectivos. La casa saliente pide seguridad extrema, y conocer detalles, como si asistirá Cristina Kirchner.

Pichetto - más lobo solitario que nunca - dijo que no irá, salvo que la Iglesia pida antes perdón por los abusos del Instituto Provolo. Pero no del obispo de Mendoza. Quiere que Francisco, u Ojea, hagan algo sobre eso. Entonces sí irá.


Ignacio Zuleta

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