Jueves, 05 Diciembre 2019 00:00

Una larga espera - Por Sergio Crivelli

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Un costo imprevisto de las elecciones presidenciales ha sido el de mantener la economía prácticamente paralizada durante los últimos cuatro meses a la espera del cambio de gobierno.

 

Inversores y consumidores suspendieron todas las decisiones que pudieron a partir del triunfo kirchnerista en las PASO. Para el momento en que asuman Fernández y Fernández de Kirchner habrá pasado un cuatrimestre desde aquel 11 de agosto que sembró dudas sobre el futuro económico o más bien la certidumbre de que volvían los protagonistas de la era K. Un tercio del año perdido.

El día después de la contundente victoria opositora hubo una devaluación inédita y una corrida hacia el dólar que forzó al gobierno a poner un cepo "light". Se logró la estabilidad cambiaria, pero al precio de una parálisis progresiva y una sangría de reservas. Cuando las generales ratificaron a los Fernández el cepo pasó a modo Kicillof.

Si bien el control cambiario ya probó entre 2011 y 2015 su naturaleza paralizante, la incertidumbre política le añade carga negativa. Los agentes económicos esperan definiciones del presidente electo que no aparecen. Hay además señales de que su control del poder es limitado y que la voz cantante la lleva la vicepresidenta cuya gestión es muy reciente como para ser olvidada.

A lo que se suma que los votantes de la dupla kirchnerista esperan que a partir del 10 de diciembre haya primordialmente una recuperación del consumo. Un consumo como el de los años del rebote que siguió a la crisis de 2001 y que fue financiado por una expansión fiscal sin precedentes, fuerte crecimiento de la presión impositiva, tarifas absurdas y empleo público masivo sin ninguna productividad. En ese marco se subsidió el consumo al costo de un deterioro fiscal que hoy es la madre y el padre de la crisis.

CONDICIONES DISTINTAS

Si la receta que está preparando Alberto Fernández para el primer tramo de su gestión es similar a la que aplicó CFK el rumbo de colisión está asegurado, porque las condiciones en las que asumirá son muy distintas a las de 2007. Mauricio Macri siguió gastando para ganar las elecciones de 2017, porque consiguió crédito. Sólo se resignó a ajustar cuando su ingeniería financiera voló por los aires en 2018 y debió recurrir a al FMI.

Fernández la tiene más difícil. Ya se quedó sin el préstamo del FMI y los recursos de los que dispondrá le permiten pagar vencimientos hasta febrero. Ahí se acaban. Si deja de pagar la deuda sin un acuerdo con los acreedores, la restricción externa impactará sobre los intentos de reactivación y la estabilidad de las principales variables macro. En resumen, el presidente entrante no tiene dólares, ni muchas chances de conseguirlos. Tiene un problema inminente de vencimientos y una situación política ambigua que lleva a pensar en un poder bicéfalo.

El "establishment" empresario, sindical, político y periodístico con un fuerte sentimiento antimacri evita hacer hincapié en este cuadro, pero no por eso es menos real. También es la razón de la demora en materia de definiciones económicas. A esta altura no pocos temen que cuando finalmente tiemblen los montes terminen pariendo un ratoncito.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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