Domingo, 02 Febrero 2020 00:00

De Yabrán a Cristina - Por Eduardo van der Kooy

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La vicepresidenta casi no se muestra en público. Pero cuando lo hace, parece marcar diferencias o insinuar desafíos a Alberto Fernández.

 

A medida que el gobierno kirchnerista progresa, se empiezan a advertir los matices diferentes de la cohabitación en el poder. No se trata de ningún desmedro para la condición presidencial de Alberto Fernández​. Tampoco, una sobrevaloración de la vicepresidenta. Simplemente se plasma en la escena una construcción política que en su origen resultó anómala. La líder natural resolvió ceder su lugar protagónico. ¿Podía ser, en efecto, de ese modo?

La formalidad se conserva. Aunque a costa de ciertas concesiones entre los integrantes del binomio. Cristina​ no interfiere para nada en dos campos clave donde Alberto juega su destino: la renegociación de la deuda y el diseño de la política exterior. No podría existir una cosa sin la otra. El Presidente convalida cantidad de designaciones que, en general, poseen dos características: ocurren siempre en ámbitos del Poder Judicial, Inteligencia o entidades en las cuales se administran fondos suculentos; son indubitablemente cristinistas.

No valdría la pena enumerar nombres, pero, repasando la historia, podría descubrirse la baja ponderación que Alberto tenía sobre muchos de ellos. Le asiste el derecho al cambio de opinión. El Presidente y su vice, sin embargo, han convergido en un asunto crucial para la reforma de la Justicia en ciernes. En una acción mancomunada consiguieron que el Senado tumbe el centenar de pliegos de designación de jueces que había enviado Mauricio Macri, algunos con dictamen de comisión. En esa maniobra intervino además el segundo del Ministerio de Justicia, el camporista y ex miembro de la Agencia Federal de Inteligencia, Juan Martín Mena. Las vacantes se desparraman en todo el país.

La determinación podría interferir en la postulación de Daniel Rafecas​ como procurador general de la Nación. Es el preferido de Alberto. Pero el retiro de pliegos en el Senado tornaría más pedregoso su camino. Los radicales protestaron por la jugada de los Fernández. Suponían que, al menos parte de esos pliegos, formarían parte de una negociación para convalidar al titular de los fiscales. Tal carta dejó de existir. Cambiemos no tiene todavía una postura definitiva. El Gobierno requiere de los dos tercios para cumplir el objetivo.

La posible coronación de Rafecas es una cuestión aún lejana para las urgencias presidenciales. Alberto está ahora detrás de la plata. Así de literal. Mientras, relojea el flirteo de Axel Kicillof con el default en Buenos Aires. Las obligaciones para renegociar la deuda lo indujeron a diseñar un mapa de relaciones internacionales que se asemeja antes a una continuidad del macrismo que al progresismo aislacionista que signó el tiempo de Cristina. El paso por el Vaticano, donde conversó con Francisco, fue tal vez, en ese terreno, simbólico. Hizo más ruido el planteo sobre la Ley de Aborto que, sutilmente, el Papa dejó en manos de otros. Fue el secretario de Estado, Pietro Parolin, quien lo habló con el Presidente. Esta misma semana el Sumo Pontífice organizará un seminario en el cual coincidirán Martín Guzmán, el ministro de Economía, y Kristalina Georgieva​, la jefa del Fondo Monetario Internacional (FMI).

La recorrida presidencial muestra escalas de importancia. España e Italia, más allá del apremio por la deuda, no podían faltar. Sobresalen las entrevistas con Angela Merkel, premier de Alemania y Emmanuel Macron, de Francia. Esos países significan mucho músculo en la influencia que ejercen en el FMI las naciones de la Unión Europea. La organización ha tenido desde su fundación siempre directores europeos. Se trata de una regla no escrita. Igual que la del manejo de EE.UU. del Banco Mundial. Reparto de intereses. No será, a simple vista, tarea fácil persuadirlos sobre una renegociación laxa de la deuda argentina. Porque están acostumbrados a reparar mucho en las cuentas fiscales y los programas económicos. Guzmán escuchó demandas similares de los bonistas. Los países de la UE en el FMI tampoco observaron con buenos ojos el rápido endeudamiento del ciclo de Macri. Alemania, Francia y Holanda fueron los que pusieron mayores reparos. Terminaron acompañando por el envión político de Donald Trump. Estados Unidos es el mayor accionista de la entidad financiera.

A Alberto le cuesta el vínculo con Washington. También con Brasil de Jair Bolsonaro. Amén de sus puntos de vista, debe conciliar las heterogéneas miradas en el Frente de Todos. Pero sin la venia de Trump, se le hará complicado al Gobierno salir de la actual encrucijada. El Presidente lo sabe. De allí que eligió a Israel para su debut internacional. Participó de un evento de repercusión gigantesca –la Conmemoración del 75 aniversario del fin del Holocausto- y se cruzó con el premier israelí Benjamin Netanyahu. La mano derecha de Trump. No vaciló en hacerle saber que necesitará de la ayuda de EE.UU. para reencauzar la deuda e intentar reordenar la economía interna.

Aquí asomarían matices entre Alberto y Cristina. La vicepresidenta casi no realiza apariciones públicas. Cuando ocurren suelen ser provocativas. Propaladoras de dudas. Llamó la atención, por ejemplo, la filmación que se hizo en el Instituto Patria tomando posesión del Poder Ejecutivo interino cuando al Presidente voló a Israel. El martes último apareció por sorpresa en su provincia, Santa Cruz, para respaldar las obras de las controvertidas represas hidroeléctricas Cóndor-Cliff y La Barrancosa. Volverán a llamarse, según lo anticipó, Néstor Kirchner y Jorge Cepernic.

La construcción de las represas estuvo paralizada hasta 2018. Macri renegoció algunos términos del convenio original suscripto durante la época kirchnerista. El emprendimiento está a cargo de la megaempresa Gezhouba Group Corporation, de China. Cuando fue lanzada, allá por 2012, mereció objeciones de Washington.

La reaparición de Cristina en aquel teatro mientras Alberto pretende tender puentes con Trump no pareció casual. Si lo fue, habría pecado de una debida falta de oportunidad. El acto contó con otras aristas llamativas. La vicepresidenta estuvo acompañada por la gobernadora, su nuera Alicia Kirchner. También por Gerardo Ferreyra, encargado de Electroingeniería. Socio menor de Gezhouba en las represas. Ferreyra, amigo del alma de Carlos Zannini, el nuevo procurador del Tesoro, está procesado por el escándalo de los cuadernos de las coimas. Fue beneficiado con la libertad cuando quedó en la nada el criterio de las prisiones preventivas sin sentencia. La causa ha sido elevada a juicio oral. También está implicada Cristina.

El acto de ostentación no concluyó allí. La vicepresidenta reclamó a viva voz la construcción de la ruta provincial 9. Es una de las obras por las que se pagaron $ 525 millones a Austral Construcciones, de Lázaro Báez. Nunca la terminó. Hizo una simulación de asfalto vergonzosa. Forma parte de la causa judicial que investiga la obra pública en Santa Cruz. La vicepresidenta debe volver a participar este mes en el juicio oral y público en marcha.

Tampoco aquel reclamo podría atribuirse a un olvido. O una confusión. La intención de Cristina sería un desafío a las investigaciones o juicios en curso. A la invalidación de todo. Así piensa. Intentará conseguirlo en los años de la presidencia de Alberto. No se trataría de una interpretación capciosa. Basta para entenderlo con otros sucesos que se van encadenando. Demuestran que la vicepresidenta volvió para ser reivindicada. Sin reparar, tal vez, en ningún límite.

Otros casos saltan a la vista. Se conoció la semana anterior que Ricardo Nissen fue designado titular de la Inspección General de Justicia. Se trata del apoderado de Máximo y Florencia Kirchner en las causas Los Sauces y Hotesur. Con presunción de lavado de dinero. Está por desembarcar allí como asesora la ex procuradora Alejandra Gils Carbó. Hay más: tampoco Nissen es un abogado de pergaminos intachables. La Cámara de Apelaciones en lo Comercial lo sancionó en 2019 por haber aportado en un expediente pruebas falsas para obtener una sentencia a su favor. Haría recordar, en algún aspecto, a la resurrección de Daniel Reposo, conchabado ahora en la AFIP. Fue propuesto por Cristina en 2012 para la Procuración. El Senado descubrió que había adulterado su currículum.

El festival incluye además el retorno de kirchneristas defenestrados por propios en su tiempo. Aníbal Fernández recaló en Yacimiento Carboníferos de Río Turbio. Fue un ofrecimiento de Alicia Kirchner que bendijo Alberto. Cuento de hadas. El Presidente abrió otras compuertas cuando derogó el decreto de Macri que prohibía designar a familiares en cargos públicos. La familia se agranda cada día. Sin pausas.

Alberto había cuestionado con razón al ex presidente en 2016. Fue cuando por decreto modificó una ley del Congreso de sinceramiento fiscal para habilitar el ingreso de familiares de funcionarios al blanqueo. Palabras textuales: “Este es un decreto que tiene nombre y apellido que se llama Franco Macri”, disparó el ahora mandatario. Es el padre ya muerto del ingeniero.

La descripción resulta breve y austera en comparación con la realidad. La incorporación de familiares de funcionarios o de hombres de discutible idoneidad para la función pública parece haberse convertido en moneda común. Remitiría, sin exagerar, a una desgraciada memoria. En marzo de 1997 un periodista de Clarín interrogó al empresario Alfredo Yabrán. Apuntado entonces como instigador del crimen del fotógrafo José Luis Cabezas.

“¿Para usted que es el poder?”, preguntó el periodista. “Tener impunidad”, respondió fríamente el empresario, que se terminó suicidando.

Eduardo van der Kooy

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