Miércoles, 12 Febrero 2020 00:00

Lijan al Presidente - Por Sergio Crivelli

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Estela de Carlotto: “Alberto (Fernández) nos pidió que no digamos que su gobierno tiene presos políticos. Hay voces más sabias que dicen que sí hay presos políticos”

 

La fracción del gobierno que responde a Cristina Kirchner instaló en los medios un insólito debate sobre la presunta existencia de `presos políticos'. Alberto Fernández la niega y habla de un problema `semántico', pero el primer efecto de ese desacuerdo público es un deterioro de su autoridad, ya que entre quienes lo contradicen hay miembros del gabinete que, al menos en teoría, son sus subordinados. Él dice que le `molesta' que le digan que tiene presos políticos. Habrá que ver si se callan.

La oposición, entretanto, se mantiene a prudente distancia de la puja que parece menos un sano ejercicio de la libertad de opinión que una crisis política apenas larvada. Desde el principio detectó que se trata de un conflicto de poder. Prueba de ello es que los ministros denuncian, pero no renuncian. ¿Se aferran a sus posiciones de poder en un gobierno que no respeta el estado de derecho?

La jugada de CFK genera mucho ruido político mientras el presidente lucha con problemas económicos cruciales. También por haber dividido al gabinete en dos bandos: los que quieren que su líder deje de ir a Tribunales y los `negacionistas'. En los hechos la controversia no tiene sustento. Los presos `políticos' son personas privadas de su libertad discrecionalmente y sin pasar por los tribunales. Carecen de proceso judicial y la causa de su prisión hay que buscarla en sus ideas o en su militancia. La figura más utilizada durante el último régimen militar (y por otros no militares) que gobernaron en estado de excepción para referirse a ellos era la de `detenidos a disposición del Poder Ejecutivo'. Eso no ocurre hoy. A partir de 1983 ocurrió fugazmente con algún periodista apresado por el alfonsinismo durante los disturbios previos a la elección de 1985. En las últimas décadas no hubo presos políticos y cuando Fernando de la Rúa quiso establecer el estado de sitio se tuvo que ir.

El conflicto actual obedece, en realidad, al hecho de que quien llevó a Fernández al gobierno tiene varios procesos por corrupción y quiere aprovechar el envión del triunfo electoral antes de que se diluya. La justicia nativa es sensible al poder político y un pronunciamiento del jefe de Estado tendría un peso importante en la cuestión.

En resumen, el presidente está bajo fuego y no debería descartarse que el reclamo evolucione hacia la exigencia de un indulto o perdón. El indulto es una facultad presidencial y si bien carece de sentido mientras no haya sentencia, hay doctrina de la Corte al respecto. Carlos Menem indultó a militares y terroristas procesados. La urgencia del cristinismo también podría obedecer a que no ve el futuro del gobierno tan claro como sería deseable. Intentaría, por lo tanto, que aprovechar la oportunidad antes de que pase de largo. Más allá, sin embargo, de las especulaciones es un hecho que el cristinismo está lijando a Fernández a apenas dos meses de su ingreso a la Casa Rosada. El problema de fondo es la situación penal de CFK; no la de Milagro Sala, tampoco la de Boudou.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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